viernes, 11 de agosto de 2017
Reflexión Domingo 19 Tiempo Ordinario. Ciclo A
Domingo 13 de agosto de 2017
Domingo XIX Tiempo Ordinario. Ciclo A
Evangelio: san Mateo (14,22-36)
Se puede considerar que la oscuridad es uno de los miedos más generalizados en los niños, razón por la cual es necesario enseñarles a manejar aquello que no conocen y que, quizás, los puede superar. De hecho, la vida se convierte en un camino en el cual poco a poco vamos venciendo nuestros temores.
En la Biblia, la noche, el mar y la oscuridad también encierran los miedos que sienten los seres humanos, tanto a lo que desconocen y no pueden controlar como al mal que acecha a la persona. En este contexto, los discípulos estaban en la barca, a la deriva y ésta era sacudida por las olas. Así es también la vida, pues en muchas ocasiones sentimos que vamos sin rumbo, sacudidos por las adversidades y, al igual que los discípulos, sin el Señor.
No obstante, aparte del miedo que les produjo a los discípulos la inestabilidad de la barca, también podemos identificar la falta de fe en el Señor, pues cuando Él se les presentó, ellos dudaron y Pedro, tomando la iniciativa, se dirige hacia Jesús, pero ¿por qué Pedro se hunde? Por su falta de fe. Cuando caminamos hacia el Señor, debemos tener la certeza que Él no nos va a soltar y que a su lado los miedos desaparecerán.
Cuando colocamos nuestra confianza en Dios, adquirimos una sensibilidad en el reconocimiento de la acción de Dios en la propia vida, a pesar de las tormentas, terremotos y demás adversidades que se pueden presentar; se puede ver al Señor en la brisa suave, esto es en los sencillos detalles de la vida cotidiana que nos hace salir a la entrada del corazón y cubrirnos con reverencia y agradecimiento, como lo hizo el profeta Elías en la Primera Lectura.
Por tanto, nos queda la tarea de reflexionar sobre la manera como expresamos nuestra confianza en Dios. Además, vale la pena que descubramos cómo reaccionamos en los momentos de dificultad y de tempestad en la vida: ¿caminamos hacia Jesús con seguridad o, por el contrario, nos dejamos hundir por las adversidades?
sábado, 5 de agosto de 2017
Reflexión Domingo de la Transfiguración del Señor. Ciclo A
Domingo
6 de agosto de 2017
Transfiguración
del SeñorEvangelio: San Mateo 17,1-9
En los deportes actuales, la noticia en
boga en nuestro país son los triunfos de los ciclistas en las grandes
competiciones. Por esta razón, ha aumentado la audiencia de las grandes vueltas
ciclísticas y ya varios medios de comunicación se han sumado a cubrir dichos
eventos deportivos. En este contexto, siempre se está a la expectativa de
cuándo el ciclista colombiano va a deslumbrar y demostrar todas sus
capacidades, con el fin de asegurar el triunfo en la carrera.
Este ejemplo puede ser aplicado en
diversas circunstancias humanas, cuando se espera que una persona o un grupo de
personas deslumbren por sus capacidades y demuestren todo su potencial ante una
tarea asignada, llámese proyecto, competencia o trabajo. Ciertamente, a lo
largo de su camino con Jesús, los discípulos estarían esperando el momento en
que su Maestro se revelara y vislumbrara al pueblo con sus dones como Mesías.
Sin embargo, el Señor decidió realizar un
anticipo de su Gloria sólo a unos cuantos de sus discípulos, a través de su
Transfiguración. Por tanto, podemos ver que Jesús no buscaba el reconocimiento o
el aplauso de las multitudes, sino que quería ofrecer un adelanto de la Vida
Nueva que Él mismo le va a regalar a la humanidad gracias a su Muerte y su
Resurrección y, con ello, también manifestarles a sus discípulos que Él era el
Mesías.
Así como ocurre con los deportistas, el
momento para mostrar sus capacidades no depende de los elogios del público,
sino del objetivo que el mismo deportista se ha trazado; por ejemplo, el
ciclista da todo de sí para ganar una competencia. Del mismo modo, Jesús se
transfigura ante sus discípulos para revelar su Gloria ante ellos y, con esto,
regalarles la paz, la fe y la esperanza, que eran necesarias para su
seguimiento como discípulos.
Ahora, a nosotros nos corresponde descubrir
cómo se nos revela Jesús en nuestra vida diaria y cómo manifiesta su Gloria,
regalándonos una infinidad de bienes en la familia, en el trabajo, en el
estudio. Ante esto, vale la pena que nos preguntemos: ¿Cómo le respondo al
Señor, quien revela su Gloria en mi vida?
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