viernes, 27 de julio de 2018

Reflexión Domingo 17 del Tiempo Ordinario. Ciclo B

DOMINGO 17 DEL TIEMPO ORDINARIO
San Juan 6, 1-15:


Una de las situaciones más conmovedoras que se presenta en nuestros barrios es ver a familias muy pobres, cuyos padres atraviesan mucha necesidad y a pesar de todo logran conseguir lo necesario para alimentar a los hijos. En estas familias se vive con frecuencia la multiplicación de los panes, tal como lo hace Jesús en el Evangelio.

Cuando leemos el relato de la multiplicación de los panes, con frecuencia nos quedamos solamente en el hecho extraordinario de dar de comer a una multitud, pero olvidamos la enseñanza que nos quiso transmitir Jesús, es decir, ser generosos y compartir nuestro pan con los demás, especialmente los más necesitados.

Esta manera de ser generosos que nos propone Jesús hoy, también la vemos en nuestras familias cuando el papá o la mamá dan lo mejor de sí por el bienestar de los hijos, como se dice coloquialmente: “se saca el pan de la boca”, de acuerdo con el ejemplo que se señaló anteriormente. La generosidad implica sacrificio y abnegación, siempre con el deseo de que la otra persona esté bien.
 
Para Jesús compartir lo que se tiene no es dar de lo que sobra para quedarse con lo mejor. La generosidad de Jesús es total, no se guarda nada para sí mismo y lo da todo a los demás. Esta situación se repite en aquellos padres que quieren profundamente a sus hijos y les dan lo mejor que tienen, así en ocasiones tengan que pasar hambre, como en el ejemplo que acabamos de presentar.

Dios nos llama a ser generosos por medio de la escena de la multiplicación de los panes, pero no es una generosidad fingida, calculada, ni obligada, la generosidad a la que nos invita el Señor brota del corazón y se desvive por las otras personas: por la familia, por los vecinos, por los compañeros de estudio y trabajo. Sólo así podremos construir una sociedad realmente solidaria.

No obstante, la multiplicación no consiste únicamente en saciar el hambre que puede sentir nuestro cuerpo, sino también aquella necesidad espiritual de Dios. Por esta razón Jesús sigue efectuando la multiplicación de los panes a través de la Eucaristía y nos invita a hacer lo mismo en nuestra relación con los demás. Por lo mismo vale la pena que nos preguntemos: ¿Qué tanto participamos en la Sagrada Eucaristía? ¿Compartimos nuestro pan con los demás?

sábado, 21 de julio de 2018

Reflexión Domingo 16 del Tiempo Ordinario. Ciclo B


DOMINGO 16 DEL TIEMPO ORDINARIO
San Marcos 6, 30-34.

En los Evangelios, es común ver que después de cada misión de los discípulos es necesario dedicar tiempo a los informes y a la evaluación, pero sobre todo, a estar cerca de Jesús para recuperar las fuerzas. En su papel como formador, Jesús acoge a sus discípulos, los escucha y los anima a seguir adelante.

Sin embargo, podemos ver que Jesús no descansa. Mientras recibe a sus discípulos, siente también compasión por la multitud que lo sigue. La compasión y misericordia no se queda en palabras, sino que busca alternativas, pues Jesús posee una actitud interior de apertura y disponibilidad que le permite estar atento a las necesidades de los demás y así brindarles su ayuda.

En este sentido la expresión «ovejas sin pastor» muestra no sólo el sentimiento de misericordia del Señor, sino la crítica de Jesús a los dirigentes religiosos y políticos de Israel que dispersan a su pueblo, ya que sus acciones son distantes de la Ley judía que proclaman

En cambio, la actitud de Jesús de acogida y enseñanza nos muestra su claridad frente a la misión que Él ha recibido de su Padre. Jesús sabía qué era lo que debía de hacer, pero no como un funcionario que cumple con sus funciones, sino como el Hijo de Dios que vino a ser misericordioso como lo es su Padre amado.

Por lo anterior, vale la pena que nos preguntemos acerca de nuestras actitudes de compasión y misericordia frente a los demás, empezando por nuestra propia casa: ¿miramos con misericordia a los demás?

domingo, 15 de julio de 2018

Reflexión Domingo 15 del Tiempo Ordinario. Ciclo B

DOMINGO 15 DEL TIEMPO ORDINARIO
San Marcos 6, 7-13:

Hace un tiempo se publicó un estudio que comparaba el rendimiento y la productividad entre los japoneses y los colombianos. Según dicho estudio, el colombiano presentaba un gran rendimiento en su trabajo a nivel individual, pero en grupo dicho rendimiento era muy inferior, mientras que en el caso japonés sucedía todo lo contrario. La conclusión de este estudio era que los colombianos no sabían trabajar en equipo.

En este orden de ideas, Jesús nos ofrece una gran enseñanza y es que el anuncio del Evangelio no se puede reducir exclusivamente a la labor de una sola persona, sino que, al contrario, llama a otros para que continúen su labor evangelizadora. Igualmente Jesús nos muestra que no debemos buscar protagonismos individuales y que el trabajo en equipo es eficaz cuando todos somos iguales.

En el Evangelio de hoy Jesús elige a los 12 apóstoles; ellos pasan a una nueva etapa en su formación misionera, por ello su Maestro los envía con poder para anunciar el Reino de Dios. Llama la atención en este pasaje que Jesús los envíe de dos en dos, lo cual es signo de igualdad y apoyo mutuo, de tal modo que no se sientan superiores a los demás y que deben llevar lo estrictamente necesario.

Todas estas indicaciones de Jesús a sus discípulos conforman las características del misionero: testimonio de pobreza y sencillez, estar conectados con la realidad y atención a las necesidades del pueblo.

Lo anterior debe generar solidaridad del pueblo hacia los discípulos, pero donde no se manifieste esta solidaridad, hay que sacudir el polvo de los pies, como hacían los judíos al salir de tierras paganas. Sin embargo, la meta fundamental de los misioneros es el anuncio del Reino antes que la búsqueda de comodidades.

Quizás el llamado que hace Jesús a sus discípulos nos ofrezca pistas para convivir y trabajar en equipo, sin buscar quién brille más y también sin calcular nuestras amistades, puesto que en ocasiones buscamos amigos por interés, con el fin de utilizarlos según nuestras conveniencias. Jesús escogió personas humildes con el propósito de enseñarnos que para Dios los sencillos están en lo más profundo de su corazón.

Y tú, ¿cómo anuncias el Reino de Dios?

sábado, 7 de julio de 2018

Reflexión Domingo 14 del Tiempo Ordinario. Ciclo B

DOMINGO 14 DEL TIEMPO ORDINARIO
San Marcos 6, 1-6:

En la actualidad, uno de los desafíos que presentan nuestras relaciones interpersonales es la generación de confianza mutua entre las personas. Lamentablemente, en nuestra sociedad se ha generalizado la desconfianza y, por ello, ya no se cree en la palabra de alguien, sino que hemos generado requisitos, papeleos, trámites y documentos por escrito para construir una imagen confiable en los distintos medios sociales, como por ejemplo sucede en la solicitud de un préstamo, en el arrendamiento de una vivienda o en los procesos de selección para un puesto laboral.

De manera similar, el Evangelio de hoy nos narra que Jesús fue a su tierra a predicar en la sinagoga, pero recibió el rechazo de su propia gente, pues como conocían su familia y su procedencia, dudaron de sus palabras. Precisamente, por conocer su contexto, las personas de su pueblo no creyeron que Él pudiera proclamar la Buena Noticia de Dios a la humanidad, pues estas personas sólo se basaron en la capacidad económica y en el origen humilde de la familia del Señor para juzgarlo.
 
Lo que le sucedió al Señor con frecuencia también nos ocurre a nosotros en la actualidad, pues desconfiamos de las capacidades que tienen las personas que nos rodean, puesto que nuestro parámetro para "medir" las capacidades de los demás es el nivel socio - económico. Si hay alguien pobre, dudamos que pueda llegar muy lejos en su proyecto de vida.

Sin embargo, Jesús nos ofrece una gran lección de vida, puesto que no siguió la lógica de su pueblo, la cual clasificaba a la gente por lo que tenía, sino que se dejó guiar por la voluntad de su Padre. En este sentido, nosotros estamos llamados a reconocer la voz de Dios, que clama en nuestro interior y dejarnos llevar por Él, quien no nos clasifica por lo que tenemos, sino que nos ama por quienes somos: sus hijos.

Y tú, ¿cómo te relacionas con los demás? ¿Te dejas guiar por Dios para mirar a los demás con amor y libertad, como hijos de Dios, sin juzgarlos ni colocarles etiquetas?