domingo, 25 de febrero de 2018

Reflexión Domingo 2 de Cuaresma. Ciclo B


DOMINGO 2 DE CUARESMA
San Marcos 9, 2-10:

 
En los deportes actuales, la noticia en boga en nuestro país son los triunfos de los ciclistas en las grandes competiciones. Por esta razón, ha aumentado la audiencia de las grandes vueltas ciclísticas y ya varios medios de comunicación se han sumado a cubrir dichos eventos deportivos. En este contexto, siempre se está a la expectativa de cuándo el ciclista colombiano va a deslumbrar y demostrar todas sus capacidades, con el fin de asegurar el triunfo en la carrera.

 
Este ejemplo puede ser aplicado en diversas circunstancias humanas, cuando se espera que una persona o un grupo de personas deslumbren por sus capacidades y demuestren todo su potencial ante una tarea asignada, llámese proyecto, competencia o trabajo. Ciertamente, a lo largo de su camino con Jesús, los discípulos estarían esperando el momento en que su Maestro se revelara y vislumbrara al pueblo con sus dones como Mesías.
 
 
Sin embargo, el Señor decidió realizar un anticipo de su Gloria sólo a unos cuantos de sus discípulos, a través de su Transfiguración. Por tanto, podemos ver que Jesús no buscaba el reconocimiento o el aplauso de las multitudes, sino que quería ofrecer un adelanto de la Vida Nueva que Él mismo le va a regalar a la humanidad gracias a su Muerte y su Resurrección y, con ello, también manifestarles a sus discípulos que Él era el Mesías.
 
 
Así como ocurre con los deportistas, el momento para mostrar sus capacidades no depende de los elogios del público, sino del objetivo que el mismo deportista se ha trazado; por ejemplo, el ciclista da todo de sí para ganar una competencia. Del mismo modo, Jesús se transfigura ante sus discípulos para revelar su Gloria ante ellos y, con esto, regalarles la paz, la fe y la esperanza, que eran necesarias para su seguimiento como discípulos.
 
 
Puede ser que a nosotros nos suceda algo parecido que a los discípulos y nos dejemos llevar por el resplandor y la majestuosidad de la escena, en la cual aparece el Señor resplandeciente en medio de Moisés y Elías. También a muchos de nosotros nos gustaría hacer tres tiendas y quedarnos en el Monte Tabor con el Señor y olvidarnos de nuestra realidad, la cual a veces no se parece en nada a la escena de la Transfiguración.
 
 
Sin embargo, Jesús nos trae de nuevo a la realidad y nos muestra que su manifestación divina se hace en la vida diaria, mientras estamos trabajando y conviviendo con otras personas. Precisamente, es en lo cotidiano en donde Jesús se nos presenta como el Señor y nos regala todo su amor y su gracia. Por ello, debemos aprender a ser contemplativos en la vida diaria, es decir, descubrir a Dios actuando en todas las personas y en toda la creación.
 
 
Ahora, a nosotros nos corresponde descubrir cómo se nos revela Jesús en nuestra vida diaria y cómo manifiesta su Gloria, regalándonos una infinidad de bienes en la familia, en el trabajo, en el estudio. Ante esto, vale la pena que nos preguntemos: ¿Cómo le respondo al Señor, quien revela su Gloria en mi vida?

viernes, 16 de febrero de 2018

Reflexión Domingo 1 de Cuaresma. Ciclo B


DOMINGO 1 DE CUARESMA
San Marcos 1, 12-15:

En este primer domingo del Tiempo de Cuaresma, el Evangelio nos muestra las Tentaciones que vivió Jesús en el desierto. Sin embargo, esta breve narración del evangelista San Marcos contiene dos partes importantes: las tentaciones en el desierto, como tal y el anuncio del Reino de Dios en Galilea, por parte de Jesús.

En primer lugar, después del Bautismo, Jesús es llevado al desierto para ser tentado por Satanás. En este caso, es necesario tener en cuenta tres consideraciones: a) La naturaleza divina no exime a Jesús de su condición humana, es decir, Jesús también es tentado durante su vida terrena, b) El Espíritu que recibe del Padre en el bautismo, es el que empuja a Jesús al desierto, lo que significa que su Padre no lo abandonó nunca, sino que le envió su Espíritu para que lo acompañase y, c) Desde el Antiguo Testamento, podemos darnos cuenta que el desierto era, para el pueblo de Israel, un lugar de prueba y de toma de decisión, allí el pueblo debía aprender a confiar en Dios, tal como se puede apreciar en el Libro del Deuteronomio, en el capítulo 8.

En segundo lugar, podemos ver que la descripción de las tentaciones en el Evangelio según san Marcos es muy breve y parca. No obstante, la narración nos menciona el tiempo que estuvo Jesús en el desierto, que en total fueron cuarenta días. Esta permanencia en el desierto nos recuerda también las pruebas vividas en dicho lugar por otros personajes del Antiguo Testamento, como por ejemplo, Moisés en el libro del Éxodo 34,28 y Elías en el Primer Libro de los Reyes 19,8. Asimismo, el evangelista san Marcos le coloca nombre propio al tentador: Satanás, quien se puede relacionar con el adversario del proyecto divino (Apocalipsis 12,7-9).

En tercer lugar, a diferencia de los Evangelios según san Mateo y san Lucas, san Marcos no nos dice nada acerca de las pruebas, pero nos deja claro el triunfo de Jesús sobre éstas, gracias a su abandono en la providencia de Dios, el cual está expresado en la convivencia con los animales y en el servicio que le brindan los ángeles.

En cuarto lugar, este pasaje concluye con la actividad misionera de Jesús en Galilea, la cual empieza justamente cuando termina la de Juan el Bautista. En dicha labor, Jesús proclama que “se ha cumplido el tiempo”, es decir, nos indica el comienzo de una nueva etapa en la historia de la salvación. Por tanto, para que se haga realidad el reino de Dios, el Señor nos invita a arrepentirnos, esto es, cambiar de rumbo, volver a Dios y creer en la Buena Noticia de Jesús.

Por último, vale la pena que reflexionemos sobre los siguientes puntos: ¿Cuál es la tentación que experimento a diario?, ¿Cómo la afronto?, ¿De qué manera expreso mi confianza en Dios para afrontar las tentaciones?

viernes, 9 de febrero de 2018

Reflexión Domingo 6 Tiempo Ordinario. Ciclo B


DOMINGO 6 DEL TIEMPO ORDINARIO
San Marcos 1,40-45:

En este domingo seguimos con la actividad misionera de Jesús; esta vez corresponde la sanación a un leproso.

A un leproso en el tiempo de Jesús se le trataba como a un “muerto viviente”, es decir, era aislado, despreciado y condenado a estar lejos de los demás y de Dios, lejos de la vida. En la sociedad actual podemos darnos cuenta que hay muchas maneras de exclusión, ya sea por raza, credo, sexo, condición social y económica, entre muchas otras cosas. Tales situaciones podríamos asemejarlas con la enfermedad de la lepra que se vivía en la época de Jesús, pues se convierten en maneras como rechazamos a los demás, incluso con justificaciones legales, para preservar a la mayor parte de la población de un posible contagio de dicho mal.

Esta manera de separar a las personas del núcleo social la establecía incluso la Ley, ya que sólo así́ se garantizaba la salud y la pureza del pueblo. Pero la fe del leproso y el amor de Jesús superan todas estas circunstancias, hacen realidad la Buena Noticia del Reinado de Dios, pues solo el Señor puede bajar a las profundidades de nuestro corazón y liberarnos del mal que nos afecta.

De nuevo, como suele ocurrir en las sanaciones del Señor, aquí encontramos tres verbos que muestran la ternura y la cercanía de Jesús con los marginados: compadecerse, extender la mano y tocar. Jesús no se conforma con estar cerca, sino que pasa a transformar la realidad de marginación, sanando al leproso. Ya sano, el leproso vuelve a la vida, es decir, es restablecido no sólo físicamente, sino también social y espiritualmente, pues con la sanación el Señor también reintegra a quien estaba enfermo a su grupo social, a su comunidad.

Ahora bien, a pesar de la prohibición del Señor de no contar a nadie sobre la curación que Él le había ofrecido, el leproso se convierte en un evangelizador que propaga las acciones liberadoras de Jesús, porque quien tiene una experiencia sanadora de Dios, no se puede quedar callado, sino que la comparte a los demás, contagiándolos con esa fe y alegría.
 
Y a ti, ¿de qué te ha curado el Señor? ¿Cómo compartes con los demás tanta bendición que recibes de Dios?

viernes, 2 de febrero de 2018

Reflexión Domingo 5 del Tiempo Ordinario. Ciclo B


DOMINGO 5 TIEMPO ORDINARIO. CICLO B
San Marcos 1,29-39

En el Evangelio de hoy podemos ver una jornada misionera de Jesús. Por ello, vale la pena que nos fijemos en varios elementos que aparecen en este relato:

En primer lugar, Jesús se dirige a una casa. La referencia a la casa probablemente sea una alusión al lugar de encuentro de la comunidad, en ella Jesús sigue actuando y hacia ella concurre mucha gente. La Iglesia como comunidad, más allá de los templos y lugares físicos, es el espacio a través del cual hoy todos nosotros nos encontramos con Jesús y con nuestros hermanos. Por esta razón, vale la pena que reflexionemos acerca de nuestra actitud al celebrar la Eucaristía y la manera como estrechamos entre todos nuestros vínculos comunitarios.

En segundo lugar, tenemos a la suegra de Pedro, quien simboliza la situación de exclusión que sufrían las mujeres ancianas y enfermas en los tiempos del Señor. Los discípulos interceden por ella como un acto de solidaridad con el necesitado. Actualmente, todos estamos llamados a fomentar vínculos solidarios con nuestros hermanos de fe, empezando por nuestras familias y llegando a nuestros trabajos y a nuestras comunidades parroquiales, dedicando nuestro mayor cuidado a las personas más necesitadas.

En tercer lugar, llama la atención las palabras que utiliza el Señor en este relato. Con tres verbos Jesús indica el mejor modo para relacionarse con el oprimido: acercarse, entrar en contacto con él y levantarlo. Jesús espera que quien sea sanado, levantado o liberado, se ponga al servicio de la causa del Reino de Dios; esto es parte de nuestra identidad cristiana.

En cuarto lugar, las sanaciones se extienden a todos los que se acercan al Maestro, y revelan a un Jesús solidario, que pasa del discurso a la práctica sanadora. Recordemos que la sanación no consiste únicamente en la restauración de la salud física de la persona, sino que parte de la sanación del corazón, puesto que Jesús cura de manera integral a la persona, liberándola de todo tipo de ataduras, apegos, limitaciones y demás cadenas que, desde su interior, la estén aferrando a su propio individualismo y egoísmo.

Por último, con su ejemplo, Jesús nos enseña la importancia de la oración durante toda jornada misionera, para reconocer que todo lo que digamos o hagamos proviene de la gracia de Dios y no de nuestra propia inteligencia o capacidad. Por lo mismo, para reconocer la acción misericordiosa de Dios en nuestras vidas es necesario estar conectados con Él por medio de la oración, de modo que podamos discernir de qué forma Dios actúa en nuestra cotidianidad y, a la vez, cómo acogemos dicha acción a través de nuestros gestos, palabras y acciones.
 

Y tú, ¿Por qué́ buscas a Jesús?