sábado, 27 de mayo de 2017

Reflexión Domingo de la Ascensión del Señor. Ciclo A

EL MODO DE PROCEDER DE JESÚS

Domingo 28 de mayo de 2017
Solemnidad de la Ascensión del Señor
Evangelio: San Mateo 28, 16-20
 
Celebramos la Solemnidad de la Ascensión del Señor, fiesta en la que reconocemos la divinidad de Jesús y con ello se cumple la promesa de la salvación para la humanidad. Asimismo, la Ascensión del Señor implica que nosotros continuemos la misión de Cristo, es decir, tenemos el reto de anunciar a Jesús vivo, resucitado y que asciende a los cielos, en medio de un mundo que cada vez más se hace indiferente a la Palabra de Dios. Con su Ascensión, Jesús nos enseña el camino para llegar a Dios Padre y, a la vez, a compartir esta experiencia en familia y con todos los que nos rodean.
 
Dado lo anterior, vale la pena que examinemos el texto bíblico del Evangelio según san Mateo, el cual nos narra las últimas indicaciones de Jesús a sus discípulos:
 
En primer lugar, el Señor llama a sus discípulos, es decir, Él los convoca, pone la iniciativa. Lo mismo sucede con nosotros, puesto que en cada instante de nuestras existencias, Jesús no cesa en invitarnos a estar con Él, para encontrar la paz y el amor que impulsen nuestras vidas. En ese sentido, Jesús los reúne en un monte, lo que quiere decir, como en otros pasajes bíblicos, el encuentro del ser humano con Dios para estar a su lado y recibir su Gracia.
 
En segundo lugar, al ver a Jesús, unos discípulos se postraron ante Él, esto es, manifestaron su fe, pues el ser humano, al reconocer a Dios, se inclina, se dispone y se pone a su servicio. Esta figura de la postración se puede comparar con la reverencia que hacían los antiguos soldados y caballeros en la Edad Media ante su rey y señor como un signo de obediencia. De modo similar, nosotros estamos llamados a reverenciar a Dios, no por miedo, sino por amor y obediencia a quien reconocemos como nuestro Señor. Sin embargo, algunos discípulos dudaron, lo cual también se puede ver en nosotros, ya que en varias ocasiones le exigimos a Dios pruebas o evidencias de su acción en nuestra historia y por ello pensamos que todo lo malo que nos sucede es culpa de Dios, sin tener en cuenta que debido al mal y al pecado tanto personal como social ocurren tantas calamidades y problemáticas y que la respuesta de Dios es la apuesta definitiva por el ser humano a través de su misericordia y bondad.
 
En tercer lugar, revisemos las indicaciones que Jesús les ofrece a sus discípulos, pues en éstas encontramos la pedagogía del Señor al momento del envío, que también se aplica para todos nosotros:
 
a) "Me han concedido plena autoridad en cielo y tierra": Esta potestad proviene de la muerte de Jesús en la cruz y de su resurrección, por amor al Padre y a la humanidad, de tal manera que así Él nos regala la salvación, y por eso quiere que nosotros, sus discípulos, difundamos su Buena Nueva; así  comprendemos por qué el Señor nos envía a la misión. Esto se parece a la autoridad que posee el maestro en el aula de clase o la del padre de familia en su hogar, puesto que si el maestro o el papá la aplican con imposición, generarán miedo a su alrededor y en algún momento las demás personas se apartarán, mientras que si practican la autoridad con amor, los demás se sentirán acogidos y pondrán por obra todas sus indicaciones.
 
b) "Vayan y hagan discípulos entre todos los pueblos": Jesús les propone la misión, la tarea a desarrollar. El Señor es inclusivo, no quiere que nadie se pierda y por ello pide a sus discípulos que no se reduzcan a un sólo pueblo, sino que se dirijan a toda la humanidad. Nosotros, como cristianos, estamos llamados a no excluir a nadie, sino que a través de nuestro ejemplo de vida acojamos a todas las personas sin excepción, con amabilidad y alegría.
 
c) "Bautícenlos  consagrándolos al Padre, al Hijo y al Espíritu y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he mandado": Aquí el Señor nos indica cómo llevar a cabo la misión que nos ha encomendado, junto con el distintivo de dicha tarea. Nosotros no evangelizamos a título propio o buscando protagonismos, sino que lo hacemos en nombre de Dios, quien es Uno y Trino. Así como el Señor no se cansa de enseñar a los discípulos, nos pide hacer lo mismo con todos los que encontremos en el camino de la vida.
 
d) "Yo estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo": La tarea evangelizadora no la desarrollamos solos, puesto que Jesús siempre estará a nuestro lado; por ello Él asciende para que el Padre nos envíe el Espíritu Santo y nos guíe en cada momento de nuestra vida.
 
 
Por último, luego del encuentro con el Señor Jesús que asciende a los cielos, nos corresponde bajar del monte a la ciudad, es decir, a nuestra realidad, con el fin de poner en práctica la experiencia de fe vivida con el Maestro en la cotidianidad, en las relaciones con los demás, en el trabajo, en el estudio. Ahora nos corresponde a nosotros, nuevos discípulos, la tarea de anunciar el Evangelio con nuestra propio ejemplo de vida: ¿Mediante qué actitudes anuncio el Evangelio?
 
 

 
 

domingo, 21 de mayo de 2017

Reflexión Domingo 6 de Pascua. Ciclo A

Domingo 21 de mayo de 2017
VI Domingo de Pascua
Evangelio: san Juan 14, 15-21


Una de las preocupaciones latentes en el ser humano, tanto a nivel personal como colectivo es la búsqueda de seguridad, esto es, garantizar todas las formas posibles de protección de la vida y la no vulneración de los derechos humanos. Dicho de otro modo, constantemente estamos buscando la tranquilidad de no sentirnos agredidos o invadidos por nada ni nadie.


En este sentido, Jesús les promete a sus discípulos no dejarlos solos, sino que le pedirá al Padre enviar el Espíritu de la verdad, el Defensor, pues Él es el único que nos puede ofrecer la paz, la estabilidad y la seguridad que son duraderas.


Por lo mismo, la acción del Espíritu Santo en una familia mueve a cada persona a salir de su individualismo y combatir la envidia, para ayudar a aquellos que le rodean. Abrir el corazón al Espíritu Santo implica el servicio en beneficio de los demás, junto con sentimientos de fraternidad y solidaridad. Así, Jesús ya nos prepara para la fiesta de Pentecostés, experiencia fundamental para la construcción de nuestra comunidad de creyentes.

Además, el Señor nos pide guardar sus mandamientos, pero ¿qué significa? No solo es cumplir unas normas, como si fuese una lista de chequeo, sino que se trata de acoger y de vivir las enseñanzas de Jesús desde la perspectiva del Mandamiento del Amor: "Como el Padre me amó, yo los he amado a ustedes, permanezcan en mi amor". En el Evangelio según san Juan, permanecer significa mantenerse unido, conservar, ser constante, guardar. No se trata de esconder, sino de mantenerse aferrados a Jesús para que, de esta manera, podamos contagiar a otros con el amor y la paz que nos suscita el Espíritu Santo.


Por tanto, vale la pena que nos preguntemos: ¿De qué manera le permito al Espíritu Santo actuar en mi vida? ¿Cómo puedo salir de la envidia y el egoísmo que a veces me invaden? ¿Cómo daña la envidia mis relaciones interpersonales?

viernes, 12 de mayo de 2017

Reflexión Domingo 5 de Pascua. Ciclo A

Un sendero sin dudas
 
Domingo 14 de mayo de 2017
V Domingo de Pascua
Evangelio: San Juan 14, 1-12
 
En varios episodios de la historia contemporánea de la humanidad se han visto oleadas de migraciones, ya sea por motivos políticos, sociales, económicos o religiosos. En tales situaciones una de las modalidades que utilizan los migrantes es que uno de los hombres del grupo, por lo general, el jefe de la familia, viaja primero al lugar de refugio, busca un trabajo y cuando ya se ha ubicado, llama a sus demás familiares. De ahí han surgido barrios o colonias de refugiados en otras ciudades del mundo.
 
Sirva este ejemplo para ilustrar el Evangelio de este domingo, en el cual Jesús promete unas habitaciones para sus discípulos en la casa de su Padre, pues el Señor va a prepararnos un espacio para estar con Él. Las habitaciones corresponden al lugar que posee creyente en el Reino de Dios. No obstante, para disponer de dichas habitaciones, es necesario creer en Jesús y, por ende, en su Padre, no sólo de palabra, sino respaldada por las acciones y actitudes cotidianas.
 
Asimismo, esta promesa de las habitaciones en la casa del Padre trae consigo una nueva manera de ver la relación entre el Padre y el Hijo, pues una persona no puede disponer de los bienes de otra si esta última no le ha concedido este derecho y sólo eso es posible si existe un vínculo de amor tan fuerte, en donde ya no existen condiciones, prohibiciones o usos restringidos. Jesús nos enseña que todo lo del Padre es suyo y, por lo mismo, Él puede disponer de las habitaciones que existen en la casa de su Padre amado para sus discípulos, es decir, para quienes creen en Él.
 
Así las cosas, Jesús  transforma la visión de Dios que mantuvo el pueblo judío en el Antiguo Testamento, la cual era lejana, entendida como que Dios venía sólo al final de los tiempos, mientras que ahora Él se hace presente en la comunidad, es decir, la Santísima Trinidad habita en el corazón del cristiano, que queda convertido en templo vivo de Dios. En medio del desierto que podamos atravesar a lo largo de nuestra historia, Dios habita verdaderamente en la tienda y en el templo del creyente.

Sin embargo, los discípulos no comprenden las palabras de Jesús y vuelven a preguntar por el camino hacia el Padre. Ellos representan el deseo humano por tener evidencias y seguridades sobre todo lo que pueda suceder a futuro. En muchas ocasiones, requerimos elementos tangibles, de tal modo que podamos creer por medio de aquello que recibamos a través de nuestros sentidos. Jesús, por su parte, nos desarma, pues nos invita a creer en Él, esto es, en sus obras, en sus palabras y en su ejemplo de vida. Por esta razón, Jesús se presenta a sí mismo como el camino, la verdad y la vida para llegar a conocer a su Padre amado.
 
Ser camino indica una ruta, un sendero por el cual transitar hacia el Padre. En el mundo se nos muestran muchos caminos que nos conducen al pecado, la muerte y la infelicidad y que desafortunadamente los escogemos bajo una apariencia de bien. Jesucristo es un camino que no tiene nada escondido, sino que es claro y transitable, pues su meta es el Padre y la salvación.
 
Por otra parte, en esta sociedad existen muchas verdades relativas, pasajeras, que muestran un interés particular y egoísta. La verdad de Jesús no es teórica, ni filosófica, sino que se basa en la fe y en el reconocimiento de Jesús como el Señor de nuestra vida, como el Hijo de Dios.
 
Ahora bien, en medio de tantas ofertas que ahora encontramos para prolongar la vida, Jesús se presenta como la única opción de tener la vida plena, es decir, estar en la presencia de Dios, la cual empieza desde ahora, cuando nosotros busquemos ser discípulos y misioneros de Jesús.

 
Por tanto, quien encuentra en Jesús el camino, la verdad y la vida que le da sentido a su propia existencia, halla la ruta para construir su felicidad, tal como lo rezaba San Agustín:
 
¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva,
tarde te amé! y tú estabas dentro de mí y yo afuera,
y así por de fuera te buscaba; y, deforme como era,
me lanzaba sobre estas cosas que tú creaste.
Tú estabas conmigo, mas yo no estaba contigo.
Reteníanme lejos de ti aquellas cosas que,
si no estuviesen en ti, no existirían.
Me llamaste y clamaste, y quebraste mi sordera;
brillante y resplandeciente, y curaste mi ceguera;
exhalaste tu perfume, y lo aspiré, y ahora te anhelo;
gusté de ti, y ahora siento hambre y sed de ti;
me tocaste, y deseo con ansia paz que procede de ti.

 
 

Dado lo anterior, vale que te preguntes: ¿De qué manera reconoces a Jesús como el camino, la verdad y la vida?

 

viernes, 5 de mayo de 2017

Reflexión Domingo 4 de Pascua. Ciclo A

IV Domingo de Pascua
El Buen Pastor
Evangelio: san Juan 10, 1-10

En el campo, la labor de pastorear al ganado es exigente y requiere no sólo del conocimiento de las técnicas para cuidar a los animales, sino de un vínculo con éstos que les permita seguir al pastor. En el Evangelio de hoy, Jesús se presenta como el verdadero Pastor de su pueblo, que da alimento y seguridad. Ante tantas promesas que vemos hoy en día de bienestar, que a la larga nos dejan mucho que desear, Jesús es el único que permanece fiel y quien está dispuesto a acompañarnos siempre.

Sin duda alguna, una característica fundamental de Jesús como pastor es que Él conoce a sus ovejas por su nombre y da la vida por ellas. No es un asalariado, ni un funcionario, sino que es un servidor que ama a quienes tiene bajo su cuidado.

Por otra parte, las ovejas conocen la voz del Pastor y le siguen, puesto que Jesús es ejemplo de autoridad, en la medida en que su voz revela paz y amor y, a la vez, genera confianza. El testimonio de Jesús nos puede contrastar ya que con frecuencia nuestra voz no puede ser tan clara como la de Él y nos conduce a cambiar de opinión con facilidad, lo cual nos llevaría a preguntarnos: ¿Qué revela nuestra voz?

En este sentido, el único interés de Jesús es que las ovejas tengan vida y esto sólo es posible a su lado, creyendo en Él y siguiendo su Voluntad. El Evangelio, en contraste, también nos presentará el caso del ladrón, quien sólo busca hacer daño, pues está centrado en su propio interés egoísta.

De acuerdo con lo ya dicho, en esta fiesta del Buen Pastor vale la pena orar por nuestros sacerdotes, para que a ejemplo de Jesús, el Buen Pastor, den la vida por el rebaño que les ha sido encomendado y sean reflejos del amor de Dios.

Por lo anterior, pregúntate: ¿Sigo a Jesús, el Buen Pastor? ¿De qué manera lo hago?