sábado, 26 de enero de 2019

Reflexión Domingo 3 del Tiempo Ordinario. Ciclo C


DOMINGO 3 DEL TIEMPO ORDINARIO

San Lucas 1, 1-4. 14-21:



A lo largo de los cuatro Evangelios podemos identificar una constante, un elemento común entre las palabras y acciones de Jesús: la Misericordia, esto es, que a pesar de tanto mal y de tanta injusticia y pecado que existe en el mundo, Dios derrocha amor y bondad hacia su humanidad muy querida, lo cual fue dado a conocer en la persona de Jesús de Nazaret. En otras palabras, si queremos reconocer el amor y la bondad del Padre del Cielo, debemos acercarnos a Jesús y descubrir su manera de proceder. De igual modo, la forma de ser de Jesús nos enseña a expresar el perdón y la misericordia que hemos recibido de Dios en acciones concretas con las personas que nos rodean; estas acciones son las Obras de Misericordia.



En este Tercer Domingo del Tiempo Ordinario, el Evangelio de San Lucas nos presenta la Hoja de Ruta que seguirá Jesús en su vida pública, es decir, cuáles son los criterios que orientan su manera de hablar y actuar, con la que manifiesta la Misericordia de Dios a la Humanidad. A nosotros, como creyentes, el Señor nos invita a realizar lo mismo que Él hizo, a través de la práctica de la caridad y de la misericordia, pues son regalos que hemos recibido de Dios y lo que gratis se nos ha dado, gratis lo debemos dar a los demás.



De acuerdo con lo ya dicho, podemos apreciar que, con sus predicaciones y con sus acciones milagrosas, Jesús nos invita a consolar a los tristes, a perdonar a los demás, a orar y a comprender al prójimo, a enseñar y aconsejar a las otras personas. Por eso, Jesús nos enseña que Él fue enviado a servir a los demás y a proclamar el Año de Gracia del Señor: “Le dieron el libro del profeta Isaías, y abriendo el libro, halló el lugar donde estaba escrito: el Espíritu del Señor esta sobre mí, porque me ha ungido para anunciar el Evangelio a los pobres. Me ha enviado para proclamar libertad a los cautivos, y la recuperación de la vista a los ciegos; para poner en libertad a los oprimidos; para proclamar el año de Gracia del Señor.” (Lucas 4, 17-19)



De la misma manera, nosotros como bautizados estamos llamados por el Señor a proclamar su Evangelio con nuestras palabras y, sobre todo con nuestras acciones. La persona que le abre su corazón a Dios es capaz de comprender, aconsejar y orar por las otras personas, sin buscar interés o privilegios.



En este sentido, quien se deja llevar por la Misericordia de Dios orienta su camino para ayudar a las otras personas por medio de palabras, consejos y acciones concretas. Con una palabra, podemos unir personas, grupos y comunidades, así como con una palabra también podemos separar y generar división.



Si analizamos detenidamente algunos de nuestros comportamientos en la sociedad actual, con frecuencia descubrimos que nos guiamos por las opiniones que nos ofrecen los demás. Los medios de comunicación presentan diferentes sondeos de opinión para tratar diversos temas sobre política, economía, sociedad y cultura. Incluso, hay personas que toman decisiones basadas exclusivamente en opiniones o encuestas. En otras palabras, atendemos más a las voces externas que a la voz de Dios, quien actúa en el interior de nuestro corazón. Por eso, vale la pena que nos preguntemos: ¿Puedo escuchar la voz de Dios en mi corazón? ¿Me dejo guiar por Dios cuando voy a dar un consejo o una palabra de aliento a los demás?



Por ello, pidamos al Señor que llene nuestro corazón con su Santo Espíritu, para que podamos ofrecer una palabra de aliento e iluminar a los demás, al igual que Jesús mismo lo hizo con su predicación.

domingo, 20 de enero de 2019

Reflexión Domingo 2 del Tiempo Ordinario. Ciclo C

Domingo 2 del Tiempo Ordinario


Lecturas:
Isaías 62, 1-5
Salmo 95
Primera Carta de San Pablo a los Corintios 12, 4-11
San Juan 2, 1-11

En la actualidad existen lugares destinados para celebrar matrimonios, los cuales poseen una capilla o espacio para la celebración del matrimonio, ya sea civil o religioso, junto con el salón para la posterior recepción. Aunque esto pueda parecernos muy natural, esta realidad encierra una nueva manera de entender el matrimonio, en la medida en que se visualiza como un servicio que se presta por parte de un club a unos clientes que desean efectuar una unión.

Este panorama se puede ampliar a diversos aspectos de la vida cotidiana, como por ejemplo la educación, la recreación, la alimentación, incluso, las vacaciones. En este sentido, se presta un servicio por los aspectos ya mencionados, puesto que una persona o una familia le pagan a otra o a una institución por un requerimiento determinado, con el fin de cumplir sus expectativas.

Quizás, en algunos casos, la vida espiritual también ha sido entendida como un servicio, ya que se espera que Dios nos conceda lo que necesitamos como si nos prestara un beneficio. Por ello, vale la pena que nos fijemos en la Palabra de Dios de este Segundo Domingo del Tiempo Ordinario, pues el Señor, a través de la señal que Él realizó en las Bodas de Caná nos ofrece otra manera de ver la Salvación y, por ende, la vida espiritual. Veamos, pues, algunos rasgos:

1) "Mujer, déjame, que todavía no ha llegado mi hora": Dios tiene su tiempo para concedernos lo que pedimos, es más, Él nos otorga lo que realmente necesitamos, muchas veces sin que nosotros lo hayamos pedido. Por eso, es importante aprender a escuchar la voz de Dios en la vida cotidiana y, sobre todo, a tener paciencia, a saber esperar y comprender que Dios siempre nos acompaña y atenderá nuestra oración en su momento.

2) "Su madre dijo a los sirvientes: hagan lo que Él les diga": María es el camino para llegar a Jesús y, gracias a su intercesión maternal, el Señor escucha nuestra oración. Además, las palabras de nuestra Santísima Madre nos ayudan a comprender que la vida espiritual no se reduce a escuchar a Dios, sino a "hacer", es decir, a poner en práctica la Palabra del Señor. En consecuencia, es de vital importancia dejarnos iluminar por la Sagrada Escritura, prestando especial atención a las palabras y acciones de Jesús que se encuentran allí consignadas y ponerlas por obra con nuestros semejantes.

3) "Jesús les dijo: Llenen las tinajas de agua": Según los expertos, la cantidad de agua que recogían las tinajas aquí descrita es desproporcionada. No obstante, el propósito del Evangelio es mostrarnos que la misericordia y la bondad de Dios hacia la humanidad son inmensas, incalculables. Nosotros llenamos las tinajas de nuestras vidas con todo lo que somos, esto es, con nuestras cualidades, talentos, sueños, metas, expectativas, angustias y preocupaciones, para que el Señor transforme todo ello en maravillas, en una nueva manera de amar en el mundo. Cuando nos dejamos transformar por el Señor, los miedos se disipan, los sueños se hacen realidad y se logra ser feliz; en esto consiste la Vida Nueva que nos regala el Señor, esta es la Salvación que Él nos ofrece.

4) Dijo el mayordomo: "Tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora": Dios no nos ofrece alegrías pasajeras, como tampoco bienes aparentes, pues la acción del Señor es silenciosa, tranquila, sin mucha bulla y sus efectos permanecen  a lo largo del tiempo. Por ejemplo, cuando compartimos un rato con nuestros amigos, pensamos que lo bueno está en la celebración, la fiesta o el baile, pero eso es pasajero, mientras que lo fundamental es la amistad, la lealtad entre unos y otros y los vínculos que se tejen, de tal manera que los amigos se hacen incondicionales. Por tanto, estos vínculos, los valores que se construyen entre los seres humanos y las buenas obras que hacemos los unos por los otros son regalos de Dios y, a través de ellos, Él nos ofrece su vino nuevo y bueno que transforma nuestras vidas.

En resumen, el Señor nos invita a ver la vida con otra mirada, con sus ojos, ayudándonos a comprender que su bondad no tiene límites ni condiciones y que por medio de una vida espiritual profunda, lograremos descubrir el vino bueno que Él mismo nos regala. Así sea.

sábado, 12 de enero de 2019

Reflexión Fiesta del Bautismo del Señor. Ciclo C


FIESTA DEL BAUTISMO DEL SEÑOR

San Lucas 3, 15-16. 21-22:



En la actualidad, cuando los padres de familia preparan el bautismo de su hijo, tienen en cuenta muchas cosas, por ejemplo: el vestido que usarán tanto los papás como el niño, la persona que tomará las fotos en la ceremonia, el lugar en donde se hará una "sencilla" reunión, la comida que se ofrecerá, etc. No obstante, dichas cosas no son realmente relevantes si logramos comprender el Sacramento del Bautismo desde los ojos de la fe, para lo cual la Fiesta del Bautismo del Señor nos puede brindar una luz muy importante.



 En la narración del Bautismo de Jesús, el Evangelio según San Lucas nos muestra que en este Sacramento Dios mismo nos regala una vida a través de su Santo Espíritu y, junto con ella, una misión. En este episodio del Evangelio, podemos darnos cuenta que Juan el Bautista recibe la misión de ser precursor, es decir, preparar el camino del Señor, mientras que Jesús es confirmado por su Padre: "Tú eres mi Hijo, el amado, mi predilecto" (Lucas 3, 22).



Así las cosas, el Sacramento del Bautismo adquiere tres significados importantes, según el ejemplo de Jesús: Primero, es la puerta de entrada, la bienvenida para el niño que se bautiza a la comunidad de la Iglesia Católica. Segundo, en el Bautismo nacemos a la Vida Nueva que nos regaló Jesús con su Pasión, Muerte y Resurrección. Tercero, este sacramento implica el perdón de los pecados, especialmente, del Pecado Original.



"En un bautismo general, Jesús se bautizó" (Lucas 3, 21): Como ingreso a la Iglesia, el Bautismo nos permite hacer parte de una gran familia, una comunidad, que nosotros llamamos la Iglesia Católica. Por esta razón, ningún sacramento se puede decir que es “privado”, es decir, que es oculto, cerrado o exclusivo. Al contrario, cada sacramento, al ser celebrado por un grupo de personas, aunque sea un grupo pequeño, es un espacio de celebración comunitaria. En el caso del Bautismo, quienes asisten a la celebración de este Sacramento, especialmente los Padres y Padrinos, representan a toda la Iglesia en la bienvenida que se realiza al niño o niña a nuestra gran Familia. Por eso, Jesús Resucitado le encomendó la misión a sus discípulos de ir por todo el mundo a anunciar el Evangelio y a bautizar a la gente, con el fin de que todo el mundo participe de Su Gracia y de la Vida Nueva que nos ofrece con su Resurrección, en otras palabras, que seamos una sola Comunidad de Fe: “Vayan, pues, a las gentes de todas las naciones, y háganlas mis discípulos; bautícenlas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñeles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes” (Mateo 28, 19-20).



"Él os bautizará con Espíritu Santo y Fuego" (Lucas 3, 16): El Bautismo también es el nacimiento a una Vida Nueva, gracias al Misterio Pascual de Jesucristo. Nuestra vida biológica cumple un ciclo que empieza con nuestro nacimiento y que termina con la muerte. Sin embargo, gracias a la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús, todos tenemos la posibilidad de una nueva vida que no concluye con la muerte, sino que se prolonga para gozar de la presencia de Dios, en la Vida Eterna, como diría el Apóstol San Pablo: “Y si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con Él”. (Romanos 6, 8).



"Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de las sandalias" (Lucas 3, 15): El Bautismo también implica el perdón de los pecados. Al nacer a una vida nueva, como ya se dijo, el bautizado rompe con el pecado, gracias a Jesucristo, pues Él es el Mesías y así lo reconoció Juan el Bautista. Al ser sumergido en el agua, la persona es limpiada del pecado por el Espíritu Santo, especialmente, del Pecado Original, el cual lo hemos heredado por nuestra condición humana y que consiste en aquella autosuficiencia que nos invade a todos los seres humanos y nos conduce a querer ser semejantes a unos dioses, tal como se representa en Adán y Eva.



Por tanto, para tomar en serio el significado del Bautismo es necesario volver a Jesús y, mediante su propio bautismo, reconocer la misión que hemos recibido todos nosotros y no es otra cosa que ser hijos de Dios por medio de Jesucristo. En consecuencia, en vez de enfocarnos en el acto social, estamos llamados a vivir como Jesús, esto es, sirviendo a los demás sin condición ni medida y a contagiar a las otras personas, especialmente los niños que son bautizados, de este amor desinteresado.

sábado, 5 de enero de 2019

Reflexión Solemnidad de la Epifanía del Señor. Ciclo C


SOLEMNIDAD DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR

San Mateo 2, 1-12:



Se cuenta que Arquímedes, cuando descubrió la dinámica de los fluidos, esto es, que el volumen de agua que asciende es igual al volumen del cuerpo sumergido, salió desnudo a la calle y lleno de emoción gritaba "¡Eureka, Eureka!", lo que quiere decir: "¡Lo he descubierto!". Sirva este ejemplo para ilustrar la emoción que se siente cuando se logra llegar a algo que se ha buscado con tanto ahínco e interés.



De modo similar, los Sabios de Oriente o Reyes Magos, como se les conoce popularmente, experimentaron un profundo gozo al poder llegar al pesebre y contemplar al Hijo de Dios, luego de seguir un largo camino orientados por una estrella que jamás se había visto en el firmamento.



En este sentido, la Fiesta de la Epifanía del Señor, que celebramos en el día de hoy, nos ofrece tres elementos claves para que nosotros en la actualidad podamos reconocer la manifestación de Dios en nuestras vidas, a saber: 1) Ponerse en camino, 2) Seguir la estrella y, 3) Los regalos que le ofrecemos al Señor.



Ponerse en camino: Quiere decir tener la determinación de buscar y hallar a Dios presente en nuestras vidas y en las de los demás; este es el significado de la Epifanía o Manifestación del Señor, pues Dios en su infinito amor se ha hecho presente en el mundo, a través de la Encarnación del Hijo de Dios. No obstante, la Encarnación no fue un acontecimiento sucedido hace un poco más de 2000 años, tal como se ha mencionado en reflexiones anteriores, sino que es una experiencia actual, vigente y renovadora en nosotros.



Por ello, vale la pena identificar la actitud diligente de los Reyes Magos, quienes tuvieron la determinación y se pusieron en marcha en busca de Aquel a quien señalaba la estrella. Preguntémonos acerca de cuántas veces hemos reflexionado sobre aspectos que debemos cambiar en nuestras vidas, pero no nos hemos "puesto en marcha", es decir, no nos hemos encaminado a convertirnos y cambiar nuestras vidas. Por eso es importante tener esta determinación de los Sabios para la conversión y, a la vez, dejar actuar a Dios con su profunda misericordia en nuestros corazones.



Seguir la estrella: Según el Evangelio de Mateo, los Sabios llegaron al territorio de Judea guiados por una estrella y por las palabras de los Profetas del Antiguo Testamento. A la luz de las Sagradas Escrituras, los Reyes Magos aprendieron a leer su contexto, su realidad, y desde esta perspectiva, comprendieron que Dios mismo se quería hacer presente en el mundo. Por esta razón, los Sabios siguieron la estrella, seguros que ésta era una señal de la manifestación de Dios. Para nuestras vidas es importante identificar cuáles son las señales o "estrellas" por medio de las que se manifiesta Dios en nuestras vidas.



Por lo pronto, en la sociedad actual se nos presentan algunas realidades en las que es preciso discernir y descubrir aquellas estrellas o señales con las cuales se nos manifiesta el Señor, por ejemplo: el proceso de paz en Colombia, el cuidado del Medio Ambiente y el Año Jubilar de la Misericordia. En cada una de estas situaciones, así como en muchas otras, Dios se manifiesta y, por ello, debemos estar atentos a descubrirlo.



Los regalos que le ofrecemos a Dios: Los Sabios le regalaron a Jesús oro, incienso y mirra. Dichas ofrendas representan lo mejor que el ser humano le puede regalar al Hijo de Dios. Sin embargo, más que ofrecerle bienes materiales al Señor, la invitación que nos hace la Palabra de Dios en esta Fiesta es la de colocar en las manos de Dios lo mejor de nosotros, es decir, nuestras aptitudes, cualidades y talentos; en otras palabras, darnos a nosotros mismos al servicio de los demás, ese es el mejor regalo que podemos entregarle a Jesús recién nacido. De esta manera, podemos adorar con asombro y reverencia a Jesús, quien nace en cada uno de nuestros corazones.



En últimas, la invitación que nos hace el Señor en esta Fiesta es dejarnos sorprender por la Manifestación o Epifanía de Dios en nuestras vidas y, para ello, conviene seguir el ejemplo de los Reyes Magos, quienes supieron comprender su contexto y seguir las señales que se les presentaron, para así encontrar a Jesús, quien es la Epifanía de Dios en el mundo.