domingo, 26 de agosto de 2018

Reflexión Domingo 21 del Tiempo Ordinario. Ciclo B


  • Tú tienes palabras de vida eterna
  • Publicado: 24 de agosto de 2018
DOMINGO 21 DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO B
Evangelio: San Juan 6, 60-69
En el Evangelio de este domingo nos encontramos con la parte final de la enseñanza de Jesús sobre el pan de vida, la cual resulta dura y muchos de sus discípulos lo abandonan.
Esta situación se presenta, principalmente, por dos razones: porque algunos judíos entendieron de forma literal las palabras de Jesús, como si fuese un acto de canibalismo, mientras que para otros les resultaba difícil de entender que una persona humilde, el hijo del carpintero de Nazaret fuera el Hijo de Dios. Las palabras de Jesús, muy al contrario de lo que pensaban muchos judíos, hacen referencia a la comunión que existe entre el Señor y el creyente que se alimenta con su Cuerpo, como anticipo de la vida nueva que recibiremos en la eternidad, cuando nos encontremos en la presencia del Señor.
En este sentido, la enseñanza de Jesús sobre el Pan de vida se convierte en un anuncio de su pasión, muerte y resurrección, pues es necesario que el Hijo de Dios entregue su vida para que nosotros recibamos el regalo de la salvación; en otras palabras, es necesario que Jesús entregue su cuerpo como alimento espiritual para que toda la humanidad tenga una nueva vida en Dios. Por eso estas palabras resultan escandalosas para muchos de los seguidores del Señor, quienes toman la decisión de abandonarlo, pues a muchos les cuesta creer en un Mesías que dé su vida por los demás, pues el pueblo judío tenía la mentalidad de un líder poderoso y triunfante que los liberara de los Imperios dominantes de la época.
Ante el abandono de muchos de sus discípulos, Jesús toma la iniciativa e interpela a los Doce, para provocar una confesión decidida, ya que Jesús quiere una fe en libertad. La respuesta en plural que utiliza Pedro indica que él habla en nombre de los Doce y en representación de la Iglesia. De este modo, estamos llamados reconocer a Jesús como el único alimento que nos da vida de forma plena y, al igual que Pedro, estamos invitados a confesar que sólo las palabras de Jesús tienen vida eterna. Por ello, quien se alimenta del Señor está movido por el mismo Jesús a comunicarlo a los demás con su ejemplo de vida.
En tu vida cotidiana, ¿tus palabras y acciones transmiten la vida eterna que nos regala Jesús?

domingo, 19 de agosto de 2018

Reflexión Domingo 20 del Tiempo Ordinario. Ciclo B

DOMINGO 20 DEL TIEMPO ORDINARIO
Evangelio: San Juan 6, 51-58
En el Evangelio de este domingo Jesús continúa con su enseñanza sobre el Pan de vida y hoy el Señor acentúa el realismo de la eucaristía, lo cual significa que Jesús se hace presente de manera real en la celebración eucarística. La carne y la sangre del Hijo de Dios son verdadera comida y verdadera bebida, ya que pueden perfectamente cumplir la función de saciar el hambre y la sed de las que Jesús nos ha hablado en los domingos anteriores.
En este sentido, gracias a la eucaristía el creyente se encuentra unido a Jesús, unión que es recíproca, es decir, nosotros nos unimos a Jesús y Él permanece unido a nosotros. De este modo, la vida divina que va del Padre al Hijo pasa al creyente que comulga.
En la comunión el creyente recibe el cuerpo de Cristo, Pan de vida y así recibe también la vida divina de Jesús, el Hijo de Dios, de tal manera que el discípulo llega a ser hijo de Dios por su unión con el Hijo. Esta comunión con el cuerpo de Cristo nos impulsa a la misión. No se trata de un alimento que me encierra en mí mismo o que debo adquirirlo como si fuese una propiedad privada, sino que me mueve a compartirlo con los demás, siguiendo el mismo ejemplo que nos da Jesús, el enviado del Padre, que vino al mundo para dar su vida para que todos nosotros tengamos la vida en abundancia.
Ahora bien, vale la pena aclarar una confusión que tuvieron los judíos al escuchar las palabras de Jesús, pues pensaron que debían comer la carne y beber la sangre del Señor, literalmente. No se trata de canibalismo, sino que Jesús responde a los judíos refiriéndose a su subida al cielo, a su condición de Hijo de Dios resucitado de la muerte, es decir, a su carne que ya no es ni frágil ni corruptible como la nuestra, sino que es gloriosa y llena del Espíritu Santo. El cuerpo de Cristo puede comunicarnos vida porque ha sido revestida del Espíritu vivificante, de la vida misma de Dios, como diría el apóstol San Pablo (1 Cor 15,45-49
Por tanto el Evangelio nos invita a un compromiso muy concreto: Alimentarnos continuamente de Cristo, a través de la oración, de la meditación de la Palabra de Dios y de la comunión con su Cuerpo y su Sangre en la Eucaristía, de tal modo que podamos convertirnos en instrumentos de Dios que ayuden a los demás a alimentarse de Jesús, el Pan de vida. Por eso pregúntate: ¿De qué manera das testimonio de Jesús el pan de vida?

domingo, 12 de agosto de 2018

Reflexión Domingo 19 del Tiempo Ordinario. Ciclo B

DOMINGO 19 DEL TIEMPO ORDINARIO
San Juan 6, 41 – 51:   

Dice el refrán: “No hay peor ciego que aquel que no quiere ver”. Ciertamente este dicho popular se aplica a los judíos que aparecen en el Evangelio del día de hoy, puesto que ellos ponían en duda que Jesús fuera el Hijo de Dios, a pesar de los signos evidentes que demostraban la divinidad de Jesús tanto por su predicación como por las curaciones que realizaba.

Sin embargo, el tema de fondo que nos presenta el Evangelio según San Juan es el de creer en Jesucristo. Para el evangelista San Juan, creer es la respuesta de la persona a la acción salvadora de Dios por medio de Nuestro Señor Jesucristo. Al creer en el Señor, la persona recibe la vida eterna.

Por ello a través de una fe madura, cada creyente puede reconocer la acción salvadora de Dios y compartirla con otras personas, especialmente con aquellos que viven crisis de fe. No obstante, es necesario alimentar la fe a diario a través de la oración, la eucaristía y la participación en los sacramentos. Sólo así, dejaremos de ser creyentes tibios espiritualmente, quienes no viven plenamente su fe. 

Por lo anterior el camino para reconocer a Jesús como el Pan de Vida requiere de un profundo trabajo interior, en el cual podamos recoger todas las experiencias que vivimos a diario y ponerlas en oración, de la misma manera como se decantan los alimentos en un colador, con el fin de descubrir a Jesús como el fundamento de nuestra existencia, es decir, el Pan que no se termina. 

La persona que muestra su fe en Jesucristo se deja alimentar por Él en la oración diaria, en la celebración de los sacramentos, especialmente de la Eucaristía y con el servicio incondicional a los demás. Dejarse alimentar por el Señor debe ser una tarea constante que le permite al ser humano transformar su vida y renovar su corazón. Y tú, ¿recibes a Jesús como el pan vivo bajado del cielo? ¿Vas aumentando tu fe en el Señor?

viernes, 3 de agosto de 2018

Reflexión Domingo 18 del Tiempo Ordinario. Ciclo B

DOMINGO 18 DEL TIEMPO ORDINARIO
San Juan 6, 24-35:

En el mundo actual pesa bastante la comprobación con evidencias de lo que decimos y pensamos. Cada afirmación y cada opinión de nuestra parte deben ir respaldadas por una prueba o señal concreta y tangible. Del mismo modo en el Evangelio de hoy los judíos le piden a Jesús una señal para que puedan creer en Él; Jesús señala que Él es el pan de la vida.

Sin embargo, pedir señales representa el afán de tener seguridades, pruebas, evidencias. Nos sentimos indefensos si no tenemos un documento, una prueba, un respaldo. En la actualidad cuando sobreabundan los trámites en todo tipo de oficinas, ya sean públicas o privadas, el papeleo es la nota característica de cada diligencia que realizamos.

Por eso cabría preguntarnos: ¿Qué es lo fundamental, lo importante? Al respecto, podemos correr el riesgo de confundirlo con lo urgente, lo pasajero, lo efímero. Esto va relacionado con la propuesta de la sociedad de que sólo vale el presente y, con ello, ya dejamos de soñar, dejamos los grandes ideales, pues sólo vivimos corriendo por nuestras urgencias, por satisfacer el alimento diario, la necesidad básica del presente, sin tener en cuenta que nuestra vida va más allá del estrés cotidiano.

Como respuesta a esta tendencia humana, Jesús va más allá, se presenta como el Pan de Vida, es decir, como el camino para llenar el corazón y el espíritu de Dios, dejando de lado lo urgente, lo material, lo pasajero. Jesús apunta al sentido de la vida del ser humano, que es volver a Dios y gozar de su presencia; allí está lo fundamental en la existencia del ser humano.

Por ello vale la pena que nos preguntemos: ¿Qué significa para mí que Jesús sea el pan vivo bajado del cielo? No se trata de una pregunta teórica, sino de un interrogante que debe llegar al corazón y que debe interpelar nuestras acciones cotidianas, con el fin de descubrir si en realidad somos coherentes entre lo que decimos y lo que hacemos.