DOMINGO 21 DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO B
Evangelio: San Juan 6, 60-69
En el Evangelio de este domingo nos encontramos con la parte final de la enseñanza de Jesús sobre el pan de vida, la cual resulta dura y muchos de sus discípulos lo abandonan.
Esta situación se presenta, principalmente, por dos razones: porque algunos judíos entendieron de forma literal las palabras de Jesús, como si fuese un acto de canibalismo, mientras que para otros les resultaba difícil de entender que una persona humilde, el hijo del carpintero de Nazaret fuera el Hijo de Dios. Las palabras de Jesús, muy al contrario de lo que pensaban muchos judíos, hacen referencia a la comunión que existe entre el Señor y el creyente que se alimenta con su Cuerpo, como anticipo de la vida nueva que recibiremos en la eternidad, cuando nos encontremos en la presencia del Señor.
En este sentido, la enseñanza de Jesús sobre el Pan de vida se convierte en un anuncio de su pasión, muerte y resurrección, pues es necesario que el Hijo de Dios entregue su vida para que nosotros recibamos el regalo de la salvación; en otras palabras, es necesario que Jesús entregue su cuerpo como alimento espiritual para que toda la humanidad tenga una nueva vida en Dios. Por eso estas palabras resultan escandalosas para muchos de los seguidores del Señor, quienes toman la decisión de abandonarlo, pues a muchos les cuesta creer en un Mesías que dé su vida por los demás, pues el pueblo judío tenía la mentalidad de un líder poderoso y triunfante que los liberara de los Imperios dominantes de la época.
Ante el abandono de muchos de sus discípulos, Jesús toma la iniciativa e interpela a los Doce, para provocar una confesión decidida, ya que Jesús quiere una fe en libertad. La respuesta en plural que utiliza Pedro indica que él habla en nombre de los Doce y en representación de la Iglesia. De este modo, estamos llamados reconocer a Jesús como el único alimento que nos da vida de forma plena y, al igual que Pedro, estamos invitados a confesar que sólo las palabras de Jesús tienen vida eterna. Por ello, quien se alimenta del Señor está movido por el mismo Jesús a comunicarlo a los demás con su ejemplo de vida.
En tu vida cotidiana, ¿tus palabras y acciones transmiten la vida eterna que nos regala Jesús?