viernes, 25 de mayo de 2018

Reflexión Solemnidad de la Santísima Trinidad. Ciclo B


SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD
San Mateo 28, 16-20:
 

Cuenta la historia que san Agustín de Hipona (354 – 430) un día paseaba por la playa mientras iba reflexionando sobre el misterio de la Santísima Trinidad. Trataba de comprender, con su mente analítica, cómo era posible que tres Personas diferentes (Padre, Hijo y Espíritu Santo) pudieran constituir un único Dios.
 

Estando en esas reflexiones, encontró a un niñito que había excavado un pequeño hoyo en la arena y trataba de llenarlo con agua del mar. El niñito corría hacia el mar y recogía un poquito de agua en una concha marina. Después regresaba corriendo a verter el líquido en el hueco, repitiendo esto una y otra vez. Aquello llamó la atención del santo, quien lleno de curiosidad le preguntó al niño sobre lo que hacía: –Intento meter toda el agua del océano en este hoyo –le respondió el niñito. –Pero eso es imposible –replicó san Agustín– ¿cómo piensas meter toda el agua del océano que es tan inmenso en un hoyo tan pequeñito? – Al igual que tú, que pretendes comprender con tu mente finita el misterio de Dios que es infinito…Y en ese instante el niñito desapareció.
 

Esta historia, que puede ser más una leyenda, nos muestra la complejidad del misterio de la Santísima Trinidad, fiesta que celebramos en el día de hoy. Sin embargo, la invitación del Señor no está dirigida a que nosotros entendamos de manera racional qué es la Santísima Trinidad, sino que reconozcamos cómo actúa Dios, que es Uno y Trino, en nuestras vidas.
 

Por lo anterior, el Señor Jesús nos dice hoy, en el Evangelio según san Mateo: "Vayan, pues, y hagan discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que les he mandado”. Por consiguiente, el anuncio del Evangelio consiste en dar testimonio, con palabras y acciones, de la acción de Dios en nuestras vidas. En ese sentido, no se trata de convertirnos en unas enciclopedias, llenas de conocimientos, sino que aprendamos a saborear cada experiencia de la vida, de tal manera que podamos reconocer a Dios presente en ella.
 

Por lo mismo, podemos comparar el reconocimiento de la acción de Dios con la alimentación. De hecho, nos podemos preguntar por la manera como comemos: ¿Consumimos los alimentos con afán, hasta atorarnos o, por el contrario, saboreamos cada alimento? Algo similar ocurre con la acción de Dios, pues el Señor nos invita a vivir la vida saboreando cada instante, de tal modo que podamos reconocer su presencia amorosa.
 

En consecuencia, quien se toma en serio la tarea de descubrir a Dios presente en su vida y se pone a degustar cada experiencia vivida, descubrirá tres "sabores" que son propios de Dios: un primer "sabor" corresponde a las maravillas de la creación, esto es, sentir un gusto por la vida y un agradecimiento por tanto bien recibido (familia, vivienda, alimentación, trabajo, estudios, amigos, etc.); esta es la acción del Padre, que no cesa de regalarnos vida en abundancia. Un segundo "sabor" lo encontramos en la Palabra de Dios. Cuando meditamos la Sagrada Escritura, ya sea en la oración o en la Eucaristía, descubrimos que la Palabra se "hizo carne y habitó entre nosotros" (Juan 1, 14). Y gracias al nacimiento, la vida, la muerte y Resurrección de Jesús, nosotros hemos recibido la Salvación, la Vida Nueva prometida por Dios; esta es la acción del Hijo. Por último, el tercer "sabor" responde a ese deseo por servir a los demás y construir comunidad cristiana en nuestra familia, en el trabajo, en el barrio, en todo lugar en donde nos encontremos. No es quedarnos con los brazos cruzados, es salir a servir sin condiciones; esta es la acción del Espíritu Santo.
 

En resumen, estos tres "sabores" le ofrecen sentido a nuestra vida, pues son tres maneras de amar en un solo Dios y con ello, la Trinidad nos enseña a salir de nosotros mismos y a no quedarnos encerrados en nuestros propios intereses egoístas. Por tanto, la pregunta que nos debemos hacer en esta Fiesta es: ¿Cómo respondemos ante tanto amor que hemos recibido de parte de Dios?

viernes, 18 de mayo de 2018

Reflexión Domingo de Pentecostés. Ciclo B


DOMINGO DE PENTECOSTÉS

San Juan 20, 19-23:

 

En la solemnidad de Pentecostés, el Evangelio de hoy nos presenta la aparición de Jesús resucitado a sus discípulos. A pesar del miedo que ellos sentían a los judíos, Jesús se presenta en medio de ellos, los anima, les regala el Espíritu Santo y los convierte en misioneros. Por ello, vale la pena reflexionar sobre varios elementos que ofrece este texto.

 

En primer lugar, el texto nos dice que las puertas del lugar en donde se encontraban los discípulos estaban trancadas. Vale la pena aclarar que las puertas se trancan desde dentro, es decir, fue por voluntad propia que los discípulos cerraron las puertas y, con ellas, también lo estaban sus corazones, pues el miedo había puesto una barrera que no les permitía ver a Dios.

 

En segundo lugar, Jesús se colocó en medio de ellos, lo que quiere decir que Él se hizo cercano, los acompañó y no marcó diferencias con ellos. Además, les regaló su paz y el Espíritu Santo. Lo mismo hace el Señor con nosotros, sobre todo cuando atravesamos situaciones difíciles, pues de diversas maneras nos manifiesta que Él está con nosotros e incluso, sin entenderlo, sentimos una profunda paz, toda vez que nos dejamos guiar por el Espíritu.

 

En tercer lugar, con el regalo del Espíritu Santo, propio de la acción de Jesús Resucitado, el creyente recibe también los dones de la paz y de la unidad. Precisamente, dichos dones nos pueden servir como criterios para examinar nuestra vida cotidiana y nuestra relación con los demás, en la medida en que si buscamos convivir con otras personas de modo transparente, solidario, honesto, llegamos a ser constructores de comunidad, guiados por el Espíritu Santo. Al contrario, si nos encerramos en nuestros intereses egoístas e individualistas, nos alejamos de la guía del Espíritu y cerramos las puertas de nuestro corazón a la acción de Dios.

 

En cuarto lugar, luego de repetir el regalo de la paz, Jesús los envía, de igual modo que Él ha sido enviado por su Padre del Cielo. Cuando una persona tiene una profunda experiencia espiritual de Dios, en la cual se siente renovada, amada y perdonada, se sentirá impulsada a anunciar aquella experiencia. Sin embargo, la experiencia de Dios se vive en comunidad, en Iglesia y no como si fuese una isla.

 

Por último, la tarea que el Señor nos propone con esta bella narración del Evangelio es reconocer su acción bondadosa en nuestras vidas y dejarnos guiar por el Espíritu Santo, quien nos impulsa a salir al encuentro de la otra persona, pues la acción del Señor Resucitado no se queda en palabras, sino que se pone por obra a favor de quienes nos rodean: ¿Me dejo guiar por el Espíritu Santo?

sábado, 12 de mayo de 2018

Reflexión Domingo de la Ascensión del Señor. Ciclo B

DOMINGO DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR 
San Marcos 16, 15-20:

Celebramos la Solemnidad de la Ascensión del Señor, fiesta en la que reconocemos la divinidad de Jesús y el cumplimiento del Plan de Salvación para la humanidad trazado por el Padre. Sin embargo, no podemos pensar que la Ascensión fue un hecho histórico sucedido hace varios siglos, sino que aún se hace realidad en cada persona que le abre su corazón a Dios y lo deja actuar en su vida. 

Luego de recorrer con el Señor cuarenta días después de la Resurrección, pareciera que llegásemos al final del camino, en que Jesús se separa de nosotros. No obstante, el Señor no nos deja solos, sino que su acción resucitada continúa vigente gracias a la acción del Espíritu Santo, que recibiremos en Pentecostés.

Por lo anterior, Jesús ofrece unas recomendaciones antes de ser llevado al cielo por su Padre amoroso. La primera recomendación es creer en Jesús, el Hijo de Dios, de tal modo que podamos ser testigos de su Resurrección. La segunda es que quienes creamos en el Señor experimentaremos signos de sanación del cuerpo y del corazón, como manifestación de la misericordia de Dios al mundo, los cuales a su vez estamos llamados a poner en práctica con los demás. En otras palabras, así como hemos sido amados y sanados por el Señor, estamos llamados a hacer lo mismo con quienes nos rodean.

Por tanto, la Ascensión del Señor es la confirmación y el cumplimiento de la Ley y de los Profetas con relación al Mesías. Dicho de otro modo, en Jesús se cumplen plenamente las Escrituras, para mostrarnos que el Padre del cielo es puro amor y, en vez de querer la venganza o guardar rencor hacia la humanidad que sacrificó a su Hijo, exalta a Jesús, resucitándolo y llevándolo al cielo, tal como lo narra el Evangelio de hoy.

A nosotros, como creyentes, se nos presenta el reto de anunciar a Jesús vivo, resucitado y que asciende a los cielos, en medio de un mundo que cada vez más se hace indiferente a la palabra de Dios, razón por la cual nos queda reflexionar: ¿en verdad somos testigos de la Resurrección de Jesús? ¿Cómo doy testimonio de ello?

sábado, 5 de mayo de 2018

Reflexión Domingo 6 de Pascua. Ciclo B


DOMINGO 6 DE PASCUA
San Juan 15, 9-17: 

Hay una película que se llama “Siempre a tu lado” y cuenta la historia de un perrito que fue fiel a su amo y lo esperaba todas las tardes en la estación del tren. Un día, su amo, quien era profesor en una universidad, sufrió un ataque cardiaco y falleció. No obstante, el perrito siguió esperando a su amo en la estación del tren, hasta que falleció. Esta historia real es un buen ejemplo de fidelidad.


Por lo general, descubrimos que las mascotas pueden llegar a ser fieles a sus amos. Lo mismo sucede con las parejas y las familias que, después de vivir muchas experiencias juntas, llegan a tener grandes niveles de fidelidad. Para llegar a este punto, es necesario conocer a la otra persona, ser incondicional con ella y dar lo mejor de sí mismo para garantizar su bienestar.
 

A este nivel de fidelidad nos llama Jesús hoy en este Evangelio, pues de la misma manera como un sarmiento necesita estar unido con la vid para no secarse, nosotros requerimos permanecer unidos a Jesús para tener la vida plena que Él nos regaló a través de su entrega generosa en la cruz y de su resurrección gloriosa.
 

De igual modo, para ser fieles a Jesús se requiere ser coherentes entre lo que se dice y lo que se hace. No es cuestión de un solo momento o de una promesa que se realiza en un día especial. La fidelidad al Señor se expresa en el amor que tenemos a los demás, en acciones concretas en que se manifieste la generosidad, la solidaridad y la honestidad, pues quien es fiel ama sin condiciones.
 
Por ello,  pidamos al Señor ser fieles a tanto amor recibido de su parte a través del servicio desinteresado que les prestamos a nuestros hermanos, por medio del cual los demás sientan que estamos siempre a su lado, dispuestos a ayudarlos, deseando su bienestar, porque el amor se da gratis, de la misma manera como lo hemos recibido de Dios: ¿Cómo expreso mi amor a los demás?