Decimotercer
Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C
¿De
qué manera vivo mi bautismo?
Lecturas:
Primera
Lectura: Del Primer Libro de los Reyes 19, 16b. 19-21.
Salmo:
15Segunda Lectura: Del Apóstol San Pablo a los Gálatas 4, 31b – 5,1. 13-18
Evangelio: San Lucas 9, 51-62
En
los cursos pre-bautismales se les insiste a los padres y padrinos que, con el
bautismo, los niños recibirán la vida de Cristo, quien es Sacerdote, Profeta y
Rey. No obstante, esta afirmación no es muy clara para algunos de los bautizados
y, por ello, no se viva completamente este sacramento. En este sentido, en el
Decimotercer Domingo del Tiempo Ordinario se nos explicará en qué consiste ser
profeta y cómo se puede vivir en la vida cotidiana, para que así podamos vivir
el bautismo a plenitud.
En
la Primera Lectura se nos presenta el llamado de Dios al profeta Eliseo. En éste,
encontramos varios elementos propios de quien ha sido escogido por Dios: La
elección de Dios, la investidura, la respuesta rápida, la despedida y la
comida. El Señor escoge a una persona concreta, es decir, con una historia, y
envía al profeta Elías a ungirla. Una vez Elías encuentra a Eliseo, le echa el
manto encima, lo que quiere decir que al ser investido como profeta, adquiere
un nuevo carácter. Algo similar ocurre con algunas profesiones en nuestra
sociedad, que se identifican por su vestidura: los médicos, los militares, los
sacerdotes, las religiosas, entre otros. Aunque como se dice coloquialmente, “el
hábito no hace al monje”, el gesto de investir a alguien representa un nuevo
caminar en su vida, una nueva tarea, una nueva misión.
Así
mismo, Eliseo responde al llamado de Dios de una manera rápida, sin titubear,
con disponibilidad y, de este modo, procede a despedirse de su familia y de su
gente, lo cual concluye a través de una comida, como signo del compartir
fraterno y de la ofrenda de su anterior trabajo en el campo, lo que se
representa en el sacrificio de los bueyes, con el fin de iniciar su misión
profética sin ataduras con el pasado.
De
igual manera, el profeta tiene claridad acerca de su vocación. En este caso, el
Apóstol San Pablo nos dice que, gracias a Cristo, nuestra vocación es la
libertad. Sin embargo, la libertad no quiere decir que vivamos sin reglas o vivir
al extremo, sin medir las consecuencias. Quizás, esto es lo que se promueve en
la sociedad de consumo, puesto que se nos ha insistido en vivir sólo el
momento, que todo es relativo, en últimas, en vivir con vértigo.
Esta
forma de vida conduce al egoísmo, puesto que quien procede de esta manera se
olvida de la otra persona, de quien está a su lado, pues sólo se guía por sus
propios intereses y, como lo señala San Pablo, con esta dinámica los creyentes “terminarán
por destruirse mutuamente”. El camino que nos propone el Señor, en contraste,
es el del amor al prójimo, esto es el servicio, de tal modo que la libertad se
orienta en la medida en que salimos de nuestro egoísmo y de la búsqueda
mezquina de nuestros propios intereses para encontrarnos con el otro, ponernos
en sus zapatos y atenderlo en sus necesidades.
En
este orden de ideas, el Profeta sabe que su misión se lleva a cabo en el camino
diario de la vida, sin ataduras y sin perder el horizonte de su llamado. Por
esta razón, Jesús decide ir a Jerusalén, ya que no pierde el norte de la misión
que le ha encomendado su Padre amado. Como decimos popularmente, Jesús “sabe
para dónde va”. Por lo mismo, no le preocupa no tener un lugar para alojarse,
pues vive en libertad y no se deja atar por las situaciones cotidianas. Así
como el Apóstol San Pablo nos invita hoy a vivir en libertad, Jesús la pone en
práctica y le enseña a los discípulos a vivirla, esto es, ser libre frente a
los bienes materiales, ser libre ante las personas, ser libre a los honores del
mundo y ser libre, incluso, al propio pasado.
En
resumen, todos nosotros, como creyentes, estamos llamados a ser profetas en
nuestra vida diaria, lo cual implica descubrir la acción de Dios en todo
momento y ser libres ante las personas, los lugares y las cosas. De este modo,
podremos llevar a la plenitud nuestro bautismo. Por ello, preguntémonos: ¿De
qué manera vivo mi bautismo?