XVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO.
CICLO C
¿Qué
tan libre soy frente a los bienes materiales?
Lecturas:
Eclesiastés 1,2; 2,21-23Salmo 89
Colosenses 3,1-5.9-11
San Lucas 12,13-21
Hace unas semanas, me encontraba con mi
mamá y mi hermano de compras en el centro de la ciudad. Al entrar a un almacén
de telas, observé un cubrecama con el logo de mi equipo de fútbol preferido.
Lleno de emoción, pregunté el precio del objeto y, como era un poco costoso, no
pude comprarlo. Al salir del almacén, mi mamá me dijo: “Siempre es bueno tener
en cuenta las cosas de primer orden”. Su afirmación hizo referencia a
que yo no necesitaba un cubrecama, no era una urgente necesidad.
Sin embargo, esta anécdota me permitió
reflexionar acerca de lo que es realmente prioritario en la vida y cómo, por
estar asombrados por lo primero que se aparece ante nuestros ojos, vamos
acumulando bienes materiales sin sentido, convirtiéndose éstos en apegos que
nos restringen la libertad.
En este orden de ideas, la Palabra de
Dios de este domingo nos propone una reflexión profunda y personal frente a
nuestra relación con los bienes materiales. La primera Lectura nos cuestiona
acerca de los frutos del trabajo del ser humano. De igual modo, Jesús aprovecha
una pregunta de alguien de la multitud y realiza una catequesis sobre el valor
real de los bienes materiales y a vivir en libertad frente a ellos, dejando de
lado el egoísmo y el propio interés.
Precisamente, nuestros intereses egoístas son
representados por las idolatrías del dinero y del poder, las cuales se
constituyen en obsesiones ciegas que no nos permiten comprender hasta qué punto
otras personas ven comprometidas sus existencias por esto. Muestra de ello han
sido los fenómenos del desplazamiento, la exclusión y la injusticia social. A
este respecto, el Papa Benedicto XVI indica lo siguiente: ¿Acaso nuestro mundo contemporáneo no crea sus propios ídolos? Esta es
una cuestión que todo hombre honesto consigo mismo se plantea un día u otro.
¿Qué es lo que importa en mi vida? ¿Qué debo poner en primer lugar? (...) El
ídolo es un señuelo, pues desvía a quien le sirve de la realidad para
encadenarlo al reino de la apariencia. (Homilía del Papa Benedicto XVI,
París, 13 de septiembre de 2008)
Y entonces,
¿qué podemos hacer? La Carta del Apóstol San Pablo a los Colosenses nos ofrece
pistas sobre el camino que debemos seguir: “Ya
que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está
Cristo, sentado a la derecha de Dios, aspirad a los bienes de arriba, no a los
de la tierra” (Colosenses 3,1-2). En otras palabras, San Pablo nos invita a
no vivir con los apegos que nos ofrece el mundo, a través de la cultura del
consumo insaciable que en los momentos actuales nos invade. Claro está,
necesitamos bienes materiales para vivir diariamente: el alimento, el
vestido, la vivienda, todo ello como fruto de nuestro trabajo y estudio. No
obstante, los bienes materiales no pueden ser la fuente de nuestra felicidad,
porque los bienes son perecederos y se agotan, mientras que la felicidad debe
sembrarse en aquello que no perezca, esto es, la vida nueva que nos ha regalado
Cristo con su Resurrección.
Por lo mismo,
el Apóstol nos propone: “Despojaos de la
vieja condición humana, con sus obras, y revestíos de la nueva condición, que
ya se va renovando como imagen de su creador, hasta llegar a conocerlo” (Colosenses
3, 9-11). Dichas actitudes se manifiestan a través de nuestra relación con los
demás, en las cuales no buscamos a la otra persona por un interés particular,
sino porque descubrimos en ella a un ser amado por Dios. Ciertamente, si
comenzamos a relacionarnos con los demás sin condiciones y sin el apetito voraz
por los bienes materiales, nuestras relaciones serán más tranquilas y diáfanas.
Por ello,
pregúntate: ¿Qué tan libre soy frente a los bienes materiales?