Unidos en el Espíritu
Pistas para reflexionar en torno a la acción unificadora del Espíritu Santo
Como Iglesia, celebramos la Fiesta de Pentecostés. Sin embargo, a veces pensamos que es una Fiesta católica en la cual se canta y se alaba a Dios de un modo carismático, sin poner mucha atención a qué es lo que se está celebrando. Por esta razón, en la reflexión de esta semana ofreceremos algunas orientaciones sobre la acción del Espíritu Santo como generador de unión en la comunidad.Pistas para reflexionar en torno a la acción unificadora del Espíritu Santo
Invocación al Espíritu Santo:
Pídele al Espíritu Santo que obre en Ti y que mueva tu corazón para ser seguidor de Jesús:
Ven Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre, don en tus dones espléndido.
Luz que penetras las almas, fuente del mayor consuelo.
Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo.
Tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego.
Gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos.
Entra hasta el fondo del alma divina luz y enriquécenos.
Mira el vacío del alma si tu le faltas por dentro.
Mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento.
Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo.
Lava las manchas. Infunde calor de vida en el hielo.
Doma el espíritu indómito. Guía al que tuerce el sendero.
Reparte tus siete dones según la fe de tus siervos.
Por tu bondad y tu gracia, dale al esfuerzo su mérito.
Salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno.
Meditemos la Palabra de Dios:
“Les ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que hablen todos una misma cosa, y que no haya entre ustedes divisiones, sino que estén perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer.” (1Corintios 1,10)
Puntos de meditación:
- "Les ruego, pues, hermanos": San Pablo inicia este fragmento de la Primera Carta a los Corintios con una súplica. No habla como si fuera a dar una orden, como tampoco se justifica en una norma, ya que el apóstol no pretende llegar a la mente y a la razón de sus destinatarios, sino que busca mover sus corazones. Cuando pedimos o rogamos a alguien, lo queremos convencer, sensibilizar y, por qué no, deseamos enternecer al otro, con el fin de que actúe por convicción. Por esta razón, San Pablo se hace cercano a las personas de la comunidad de Corinto y los llama hermanos. Al hermano se le suplica, se le pide favores especiales, aquellos en donde se juega la vida.
- "Por el nombre de Nuestro Señor Jesucristo": aquí descubrimos que el favor que quiere pedir San Pablo es de suma importancia, pues se basa en una autoridad mayor a la que él pueda tener: Jesucristo. Precisamente, Jesús fundamenta su autoridad en su misión, aquella que le ha encomendado el Padre bondadoso, no en cargos, distinciones o títulos y Pablo, como apóstol, participa de esta misión.
- "Que todos hablen una misma cosa": san Pablo se concentra en dos elementos: la palabra y lo que ella contiene. Como diría el Papa Francisco en su homilía en la casa Santa Marta, el pasado jueves 12 de mayo de 2016: "la lengua es capaz de destruir una familia, una comunidad, una sociedad, de sembrar odio y guerras"; una palabra mal empleada, puede acabar con un buen propósito, porque decepciona, crea dudas y genera pesimismo y desesperanza. No obstante, también podemos haber bien con nuestras palabras: dar ánimo, ofrecer consuelo, agradecer, compartir con gozo lo que se vive; si mi palabra sirve para edificar a los demás, sin duda alguna proviene del Espíritu Santo.
- "Y que no haya entre ustedes divisiones": ¿Quién propicia división? Aquella persona que está profundamente encerrada en sí misma y no busca otra cosa que sus propios intereses egoístas. A este respecto, el filósofo Jurgüen Habermas dice: "las grietas de la incomunicación dividen nuestra propia casa", puesto que si me encierro en mí mismo, en vez de tender vínculos con los demás, se incomunica con los demás y crea brechas entre unos y otros, ya que la división tiene el lamentable efecto de difundirse en medio de una comunidad rápidamente. Con expresiones como esta: "si fulano lo hizo, ¿por qué yo no?", ya la división ejerce su efecto. Es más, ideas tan arraigadas en nuestra sociedad como "el vivo vive del bobo", "sea abeja", "avíspese, mijo", "no sea bobo, tomemos este atajo", entre otras, son muestras de la acción devastadora del mal Espíritu, que divide nuestro corazón y nuestras comunidades.
- "Sino que estén perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer": En medio de la diversidad de la humanidad, es el Espíritu Santo quien nos ofrece una unión duradera y consistente, sin buscar interés particular alguno, tal como lo indica el Papa Francisco: "El Espíritu Santo es el que mueve a la Iglesia, el que trabaja en la Iglesia, en nuestros corazones. El que hace que todo cristiano sea una persona distinta de la otra, pero de todos juntos hace la unidad. El que lleva adelante, abre de par en par las puertas y te envía a dar testimonio de Jesús." (Homilía en la Residencia de Santa Marta, 9 de mayo de 2016).
Ahora bien, ¿cómo podemos reconocer la acción del Espíritu Santo en nosotros? El Evangelio según San Juan nos ofrece la clave para experimentar la acción de Dios en nosotros: "Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor" (Juan 15,9-17). De este fragmento se desprenden 3 criterios: guardar, permanecer e imitar. Se guarda lo que se aprecia, se permanece donde uno se siente a gusto y se imita a quien es un ejemplo de vida para nosotros. De esta manera, podemos experimentar la acción del Espíritu, que inflama nuestros corazones y nos une en una sola comunidad de testigos: la Iglesia.
Preguntas orientadoras:
1. ¿Cuáles son los efectos concretos de la acción del Espíritu Santo en mi vida?
2. ¿De qué manera actúa el mal Espíritu en mí? ¿Cómo se puede contrarrestar su efecto?
3. ¿Soy agente de unión en donde me encuentro? ¿Cómo lo demuestro?
4. ¿Lo que digo sirve para la edificación de los demás?
5. ¿Cuál es mi compromiso para ayudar a construir una comunidad con un mismo sentir?
Culmina esta oración agradeciendo al Señor por tanto bien recibido, rezando el Padrenuestro.
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