CUESTIÓN DE PRIORIDADES
Lecturas:
Isaías 49, 14-15
Salmo 61
1 Corintios 4, 1-5
San Mateo 6, 24-34
La Palabra de Dios de este domingo nos propone como tema central la confianza en Dios. A este respecto, podríamos recordar aquel refrán popular que dice: "A Dios rogando y con el mazo dando", pues la confianza en Dios es un asunto de ida y vuelta, es decir, estamos llamados a tener fe en Dios, pues Él no nos desamparará, pero a la vez, también estamos llamados a poner de nuestra parte y trabajar en cada instante de nuestra vida, sin desfallecer, con las cualidades, talentos y dones que el Señor mismo nos ha regalado.
En este sentido, el profeta Isaías en la Primera Lectura le recuerda al pueblo de Israel que Dios no abandona a su pueblo y para ello se sirve del ejemplo maternal, pues si una madre no deja al niño que amamanta, tampoco el Señor va a dejar al pueblo que ha acompañado y con quien ha sellado una alianza. Sin embargo, nos daremos cuenta que, a lo largo de la historia del pueblo de Israel, en más de una ocasión dudó de la presencia y de la acción de Dios, a pesar de que Él siempre estuvo allí, con su pueblo y en esta experiencia de Israel, llena de infidelidad, duda, escepticismo por parte del pueblo, siempre hubo el amor de Dios capaz de perdonar a la humanidad.
Ahora bien, la confianza en Dios no significa huir de la realidad, no trabajar y desechar los bienes materiales. Conocemos historias de personas que no han hecho una lectura adecuada de la confianza en Dios y, lamentablemente, dejan de aprovechar los talentos que Dios les ha regalado y esperan, de manera dependiente y exclusiva, que Dios les solucione todos sus problemas. Por esta razón, en el Evangelio de hoy Jesús nos aclara qué significa confiar en Dios, ya que no se trata de desechar los bienes materiales, sino de colocarlos en su justa medida.
¿Cómo lo podemos hacer? A través de la comparación con las aves del cielo y los lirios del campo, el Señor nos ofrece un criterio para poder otorgarle un adecuado valor a los bienes materiales y, de este modo, confiar en Dios: reconocer cuáles son las prioridades en la vida.
Por una parte, Jesús nos presenta la dinámica individualista del mundo, que está centrada en la acumulación y en la angustia del tener: "Por eso les digo que no anden angustiados por la comida para conservar la vida o por la ropa para cubrir el cuerpo. ¿No vale más la vida que el alimento?, ¿El cuerpo más que la ropa?" El problema no es alimentarse o vestirse, sino los vicios y apegos que de allí se desprenden. Con el comer podemos estar tentados al exceso, por ejemplo, pensemos en las grandes cantidades de desperdicios de comida que llenan las basuras de nuestras casas. En cuanto al vestir, llama la atención el afán de suntuosidad y de lujos que algunas personas buscan con sus prendas. Todo esto refleja que, más allá de la satisfacción de alguna necesidad básica, lo que podríamos estar buscando es intentar saciar el apetito de nuestro querer egoísta.
Por otra parte, Jesús también nos propone el plan de Dios para la humanidad, que consiste en la construcción de su Reino: "Busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y lo demás lo recibirán por añadidura." Quien tiene como prioridad seguir el camino de Dios, ante todo se dejará guiar por el amor y buscará expresarlo a través del servicio a los demás, tal como lo dice el apóstol San Pablo: "Que la gente sólo vea en vosotros servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios". Y es que a Dios lo servimos en nuestros hermanos, es decir, en todas las personas que nos rodean. No obstante, este servicio se debe caracterizar por tres elementos: fidelidad a Dios, generosidad al dar y humildad de quien sirve. Dios nos ha regalado muchos talentos, los cuales llegan a su plenitud cuando los ponemos al servicio de otras personas, pero con una actitud sencilla, con la que reconocemos que es Dios quien nos ha tocado el corazón y nos ha movido a salir de nosotros mismos para darnos a los demás.
Por lo anterior, vale la pena que tengamos en cuenta nuestras acciones y actitudes cotidianas, porque éstas muestran cuáles pueden ser nuestras prioridades: ¿Será que vivimos muy apegados a los bienes materiales o a alguna persona en particular? ¿Nos dejamos llevar por la moda o por lo que dicen los demás? ¿Procuramos servir sin condiciones y ayudar a quien nos necesite? ¿Le abrimos algún espacio de nuestro día al encuentro con Dios?
A propósito, se cuenta que el Padre superior de una comunidad religiosa, ya mayor en edad, tenía que realizar un viaje a otra ciudad para visitar uno de los conventos de dicha comunidad. Entonces, el Padre que lo iba a acompañar fue a su cuarto muy temprano a recogerlo, pero no lo encontró, de manera que lo buscó por toda la casa de los religiosos, hasta que lo logró ubicar en la capilla, pues el superior estaba orando. Otro sacerdote, que estaba también en la capilla, le dijo al Padre acompañante que el superior estaba allí desde la madrugada. Cuando tomaron el transporte, el padre acompañante le dijo al superior: "Padre, con toda la responsabilidad que usted tiene, no es necesario que pase tantas horas haciendo oración, yo creo que Dios entiende". El superior, con serenidad, le respondió: "Este es un asunto de prioridades".
¿Cuáles son tus prioridades en la vida?
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