domingo, 21 de abril de 2019

Reflexión Domingo de Resurrección. Ciclo C

Domingo de Resurrección. Ciclo C
 
¿Cómo doy testimonio de Jesús Resucitado en mi vida diaria?




Lecturas:

Hechos de los Apóstoles 10, 34a. 37-43
Salmo 117
De la Carta de San Pablo a los Colosenses 3, 1-4
San Juan 20, 1-9 

 

¿Cuál es la primera imagen que te aparece en la mente cuando te mencionan la palabra Pascua? Existen personas que recuerdan la salida de Egipto del pueblo de Israel, otras personas, un poco modernas, piensan en un conejito y en unos huevos de colores, lo cual es una costumbre Norteamericana. En cambio, la Pascua en la que creemos los cristianos  es la Resurrección de Jesús, es la esperanza y la alegría de sentir que la vida del Señor no se acabó el Viernes Santo en la Cruz, sino que Él venció a la muerte y con su sacrificio nos regaló la posibilidad de obtener la Vida Eterna para toda la humanidad, porque Él mismo dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí.” (Juan 14, 6).

Por eso, cuando Jesús se apareció a sus discípulos después de la Resurrección, ellos sintieron paz y alegría y su fe se fortaleció; pasaron de ser los discípulos temerosos que vivían escondidos por miedo a los judíos a ser testigos valientes de la Resurrección de Jesús. Los Evangelios nos contarán las diferentes apariciones de Jesús a sus discípulos y cómo Él logró transformarlos, tal como lo cuenta el Evangelio de San Lucas en la escena de los discípulos de Emaús: “Y se dijeron uno a otro: ¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?”. (Lucas 24, 32).

Algo similar nos sucede a nosotros ahora, sobre todo cuando experimentamos la muerte de un ser querido. Sentimos un dolor profundo, como si el mundo se nos acabara; incluso, algunas personas piensan que Dios las ha abandonado. Con su Resurrección, Jesús nos enseña que no todo está perdido y que nosotros también podemos resucitar con Él a una vida nueva. No es volver a nuestro cuerpo, como tampoco es una reencarnación, como lo piensan otras religiones. La Resurrección es vivir una vida nueva en Dios y disfrutar de Su presencia. Para las familias que viven la muerte del ser querido, el Señor las llena de paz y esperanza, así como lo hizo con las hermanas de Lázaro cuando él había muerto. Por eso Marta dijo: “Sí, Señor, yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios que tenía que venir al mundo.” (Juan 11, 27).

Por lo mismo, si leemos cuidadosamente el Evangelio según San Juan de este domingo, descubrimos el triunfo de Jesús sobre la muerte a través de la Resurrección. Jesús se presenta el primer día de la semana a María Magdalena, para instaurar el Día del Señor, de tal modo que los creyentes lo dediquemos al culto y a la alabanza de Dios. También es muy significativo reconocer que su primera aparición se da a una mujer, puesto que los discípulos estaban escondidos, lo que quiere decir que ellos aún no habían vivido la experiencia gozosa de la Pascua de Jesús. Por ello, la resurrección de Jesús se convierte en la luz que rompe con las tinieblas y la ceguera que había ocasionado la falta de fe en el corazón de los discípulos, quienes no creyeron en el testimonio de María Magdalena, sino hasta el momento en que Pedro y el discípulo amado fueron a constatar personalmente lo que había dicho esta mujer. Más adelante, cuando Jesús se aparezca a todos los discípulos y, especialmente a Tomás, reclamará su falta de fe y felicitará a quienes crean sin haber visto, pues la Resurrección del Señor no se reduce a un fenómeno físico que podamos comprobar con nuestros sentidos, sino que es una experiencia de gozo profundo que invade el corazón y cambia nuestra existencia.


Por lo anterior, Dios Padre nos invita a estar alegres, pues ¡Jesús, su Hijo, ha resucitado! La salvación de la humanidad es real y por eso los creyentes estamos de fiesta, porque Cristo ha vencido a la muerte. Pero la resurrección de Jesús no es un hecho que ocurrió hace 2000 años solamente, sino que Jesús sigue resucitando en cada hogar y en cada persona cuando hay esperanza y existe un cambio interior en cada uno. Por ejemplo, la persona que deja un vicio, o aquella que cambia de actitud y se hace más generosa y solidaria. Por eso, preguntémonos: ¿Qué cambio he vivido en esta Semana Santa? ¿Cómo doy testimonio de Jesús Resucitado en mi vida diaria?

1 comentario:

  1. Gracias padre por tan hermosa reflexion , son pasajes de la Biblia adaptadas a una actualidad, a una realidad que hoy vivimos y muchos no dan sentido. Jesús esta vivo.

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