sábado, 21 de septiembre de 2019

Reflexión Domingo 25 del Tiempo Ordinario. Ciclo C

DOMINGO 25 DEL TIEMPO ORDINARIO
San Lucas 16,1-13:

Se dice que hace tiempo, en un pequeño y lejano pueblo, había una casa abandonada. Cierto día, un perrito, buscando refugio del sol, logró meterse por un agujero de una de las puertas de dicha casa. El perrito subió lentamente las viejas escaleras de madera. Al terminar de subir las escaleras se topó con una puerta entreabierta; lentamente se adentró en el cuarto. Para su sorpresa, se dio cuenta que dentro de ese cuarto había 1000 perritos más, observándolo tan fijamente como él los observaba a ellos.

El perrito comenzó a mover la cola y a levantar sus orejas poco a poco. Los 1000 perritos hicieron lo mismo. Posteriormente sonrió y le ladró alegremente a uno de ellos. El perrito se quedó sorprendido al ver que los 1000 perritos también le sonreían y ladraban alegremente con él. Cuando salió del cuarto, se quedó pensando para sí mismo: - "¡Qué lugar tan agradable! Voy a venir más seguido a visitarlo."

Tiempo después, otro perrito callejero entró al mismo sitio y se encontró entrando al mismo cuarto. Pero a diferencia del primero, al ver a los otros 1000 perritos del cuarto se sintió amenazado, ya que lo estaban viendo de una manera agresiva. Posteriormente empezó a gruñir; obviamente vio como los 1000 perritos le gruñían a él. Comenzó a ladrarles ferozmente y los otros 1000 perritos le ladraron también a él. Cuando salió del cuarto pensó: - "¡Qué lugar tan horrible es este!¡Nunca más volveré a entrar". En el frente de dicha casa, se encontraba un viejo letrero que decía: "La casa de los 1000 espejos".

En este cuento, la casa de los 1000 espejos reflejó lo que había en el interior de cada perrito, puesto que cada uno reaccionó según como se sintió ante las imágenes de tantos perritos. En el primer caso, el perrito asumió la responsabilidad de acoger lo que parecía ser una gran cantidad de perros y terminó aprovechando la situación a su favor. En el segundo caso, el perrito se sintió agredido y, en vez de asumir su temor, prefirió salir y no volver a regresar, es decir, evadió la responsabilidad de lo que hizo y sintió en esa casa. En la vida cotidiana nos sucede algo similar, pues encontramos situaciones que reflejan lo que hay en nuestro interior y cómo respondemos ante lo que se nos va presentando.

Precisamente, en las Lecturas de este domingo se nos insistirá en el tema de la responsabilidad. Por una parte, el Profeta Amós denuncia que la ambición de dinero lleva a la persona a abusar de los más pobres e indefensos, porque la avaricia conduce a la corrupción y a la exclusión de los menos favorecidos.

Esta denuncia del Profeta encuentra su eco en el Evangelio, ya que Jesús emplea una parábola para llamar la atención sobre la responsabilidad que debe tener un buen administrador ante el encargo recibido, la cual se basa en la libertad frente a los bienes materiales. Cuando la persona se aferra a los bienes, éstos pasan de ser un medio a un fin, la persona deja de servir, para utilizar a los demás en su propio beneficio, quitando la dignidad que cada persona se merece, tal como le sucedió al administrador infiel de la parábola. Por tanto, la persona responsable piensa en los demás y ora por ellos, según lo explica san Pablo en la Primera Carta a Timoteo.

En resumen, la persona responsable se caracteriza por ser libre ante los bienes materiales y en considerar primero las necesidades de los demás, especialmente los más necesitados.

Y nosotros, ¿cómo vivimos la responsabilidad?

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