DOMINGO 29 DEL TIEMPO ORDINARIO
San Lucas 18, 1-8:
La Palabra de Dios de este Domingo 29 del Tiempo Ordinario nos invitará a ser perseverantes en la oración. En otras palabras, para tener una relación profunda con el Señor es necesario ser constantes y no claudicar cuando vamos a orar.
A propósito, se cuenta que una vez un hombre era perseguido por varios malhechores que querían matarlo. El hombre se escondió en una cueva. Los malhechores empezaron a buscarlo por los alrededores de donde él estaba. Tan asustado estaba que elevó una oración a Dios de la siguiente manera: "Dios todopoderoso, haz que dos ángeles bajen y tapen la entrada para que no entren a matarme". En ese momento oyó a los hombres acercándose a la cueva en la que él se encontraba, y vio que apareció una arañita. La arañita empezó a tejer una telaraña en la entrada. El hombre volvió a elevar otra oración, esta vez más apurado: "Señor, te pedí ángeles, no una araña." Y continuó: "Señor, por favor, con tu mano poderosa coloca un muro fuerte en la entrada para que los hombres no puedan entrar a matarme".
Abrió los ojos esperando ver el muro tapando la entrada, y observó a la arañita tejiendo la telaraña. Estaban ya los malhechores ingresando en la cueva anterior de la que se encontraba el hombre y éste quedó esperando su muerte. Cuando los malhechores estuvieron frente a la cueva en la que se encontraba el hombre ya la arañita había tapado toda la entrada, entonces se oyó la siguiente conversación: "Vamos, entremos a esta cueva", dijo uno. "No. ¿No ves que hasta hay telarañas?, nadie ha entrado en esta cueva." Le respondió otro. Y se marcharon los malhechores dejando tranquilo al hombre.
Ciertamente, el Señor atiende a nuestras peticiones, pero no siempre de la manera que queremos, pues Él conoce lo que necesitamos, tal como lo afirma Jesús en el Evangelio: "Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?"
Por lo mismo, la perseverancia en la oración muestra nuestra fe en Dios. Quien es perseverante, confía en Dios; quien es perseverante, tiene la certeza que su oración será escuchada, tal como ocurrió con Moisés, quien oró por su pueblo, mientras Josué estaba en la batalla; el signo de los brazos levantados nos representa el grado de constancia que tenía Moisés en su plegaria. Quizás, si nosotros tratáramos de hacer un rato de oración con los brazos levantados, no duraríamos mucho tiempo. Sin embargo, nuestra tarea es examinar cómo está nuestro nivel de perseverancia a la hora de encontrarnos con el Señor, cada día.
Y es preciso señalar que si nuestra oración no es diaria, ya tenemos un elemento para revisar nuestra perseverancia. Precisamente, la oración se parece al ejercicio físico, pues si no se realiza cotidianamente, el cuerpo se verá afectado y pronto aparecerán los dolores y enfermedades. Del mismo modo ocurre con la oración, pues si no se toma tiempo a diario para ella, el corazón se enfriará y, poco a poco, nos alejaremos del Señor.
Por ello, la perseverancia en la oración se parece al trabajo silencioso de la araña, en el cuento con que se inició esta reflexión, pues al principio creeríamos que no surte efecto, pero con el tiempo descubrimos que el Señor nos ha escuchado y nos ha concedido la paz a nuestro corazón. Por esta razón, estamos llamados por Dios a permanecer fieles y confiar en Él, tal como lo recomienda San Pablo a Timoteo, en la Segunda Lectura.
Para finalizar, valdría la pena que tomemos la pregunta que hace Jesús en el Evangelio: "cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?".
Gracias padre por la explicación; pido a Dios el Don de la constancia en la oración.
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