25 Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo B:
Lecturas:
Sabiduría 2,12.17-20.
Salmo 53.
Santiago 3,16.4,3
Marcos 9,30-37
Las lecturas de hoy nos presentan la relación entre la paz, la justicia y la humildad, virtudes propias de quien se dejar llevar por el Espíritu de Dios, a pesar de las críticas y juicios de otras personas.
El libro de la Sabiduría nos presenta el rechazo al justo, quien es perseguido a causa de su bondad y su fidelidad a Dios, lo cual es un anticipo de la incomodidad que causa el Mesías con sus palabras, sus acciones y, sobre todo, con su coherencia de vida. De igual modo, muchos justos son perseguidos hoy en día, debido a la violencia originada por la intolerancia de algunos que optan por anular, discriminar o destruir a quien piensa diferente a ellos. Basta citar algunos ejemplos que han ocurrido en nuestro país para darnos cuenta del cuadro dramático en donde nos encontramos y que, con ello, se persigue a muchos justos e inocentes: falsos testigos, falsos positivos, cierres fronterizos, entre otros.
El Apóstol Santiago, por su parte, denuncia las divisiones de las comunidades en las que se evidencian las envidias, las peleas y los conflictos. Por esta razón, el Apóstol nos recuerda que la sabiduría que procede de Dios es la única que nos proporciona paz, comprensión y misericordia, virtudes necesarias para la vida en comunidad. Hoy en día requerimos con urgencia la sabiduría de Dios para solucionar los conflictos que se nos presentan cotidianamente en nuestras familias, en nuestros barrios, en nuestras ciudades y en nuestro país. Para combatir esta tendencia actual de actuar por impulsos y emotividad, como se dice coloquialmente, como "fosforitos", es necesario volver a la Palabra de Dios y recordar que sólo el Señor nos puede regalar la paz duradera, aquella que emerge del corazón y que irradia paz alrededor, como dice el Apóstol Santiago: "Los que procuran la paz están sembrando la paz; y su fruto es la justicia" (St 3,16.4,3).
Por lo anterior, Jesús le recuerda a sus discípulos que "quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y servidor de todos"(Marcos 9,30-37). Con frecuencia encontramos personas que pretenden ascender en sus cargos a toda costa, negociando sus principios y procurando la caída de la otra persona, originando una dinámica perversa en la cual se disfruta con el mal del otro. En cambio, quien se deja guiar por la sabiduría de Dios, es decir, le abre su corazón a la acción misericordiosa del Señor, busca el beneficio de todos y, de esta manera, reconoce los talentos de los demás y pone sus propias cualidades al servicio de todos.
Pidamos al Señor nos conceda su Gracia para hacernos disponibles y sencillos. Sólo quien pone su confianza en el Señor y se da cuenta que en Él se encuentra la fortaleza y la templanza para resolver cualquier crisis en la vida, puede irradiar paz a su alrededor, tal como lo repetimos en el Salmo 53: "Pero Dios es mi auxilio, el Señor sostiene mi vida".
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