sábado, 14 de noviembre de 2015

Reflexión 33 Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo B

33 Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo B:

Lecturas:
Daniel 12, 1-3.
Salmo 15
Hebreos 10, 11-14. 18
Marcos 13, 24-32

A partir del año 2000, la industria del cine ha aumentado la producción de películas que tratan el tema del fin del mundo. En general, se podría decir que la imagen que ahora poseemos acerca de los últimos tiempos ha estado mediada por la ciencia ficción y por una imaginación sin límites, que configuran un escenario catastrófico y aterrador.

Yendo un poco más en este panorama, la lectura de los libros apocalípticos de la Biblia ahora está marcada por las imágenes cinematográficas, cuando  la influencia debería ser inversa, es decir, que la Sagrada Escritura iluminara la vida y la cultura de la humanidad. Sin embargo, cabe hacernos las siguientes preguntas: ¿por qué nos encontramos saturados de informaciones, textos y películas que hablan sobre el fin del mundo? ¿Qué se esconde detrás de ello? Todos estos movimientos, un tanto fatalistas, lo que dejan entrever es el temor del ser humano a la muerte, es decir, la falta de seguridad acerca de la permanencia de la humanidad en el planeta.

Por lo anterior, las lecturas de hoy, en vez de ser leídas desde una óptica fatalista, nos ofrecen una gran esperanza, en la medida en que nos enseñan a poner toda nuestra seguridad en Aquel que dio su propia vida por todos nosotros. Cuando nosotros colocamos nuestra confianza en Jesús, todos los temores e inseguridades desaparecen, pues el Señor, en su plena bondad, le regala una paz duradera a quien cree plenamente en Él.

El Evangelio de Marcos nos presenta las palabras de Jesús acerca de una gran tribulación, aunque se debe aclarar que no es una predicción de sucesos futuros, sino que es la manifestación de la muerte que experimentará el Señor. Las palabras de Jesús encierran en sí mismas una característica del Señor, quien podía discernir las circunstancias que vivía a diario, de tal manera que podía comprender hacia dónde lo iban a conducir sus decisiones, palabras y acciones. En otros términos, Jesús utilizó las metáforas de la gran tribulación y del sol en tinieblas para explicar su experiencia Pascual, gracias a la capacidad del Señor para leer los acontecimientos cotidianos a la luz del Espíritu de Dios.

Precisamente, la Carta a los Hebreos explica que Cristo ofreció un solo sacrificio para borrar los pecados: su propia vida, y por dicho sacrificio, Jesús está sentado a la derecha de Dios, lo que quiere decir que Jesús ha sido exaltado como Señor sobre la muerte para señalarnos el camino de la salvación. Más que ser el héroe que presentan las películas sobre el fin del mundo, Jesús es el camino a una vida nueva, quien se entrega y se ofrece a sí mismo por todos nosotros, mientras que los héroes de ficción, a pesar de exagerar su actuación, no se entregan por completo para salvar a los demás y permiten que otros entreguen sus vidas para salvarlos a ellos.

En Jesús vemos la promesa cumplida de Dios a la humanidad y que había sido anunciada por los Profetas. En el caso de este domingo, el Profeta Daniel nos habla de la Salvación del pueblo, de "todos los inscritos en el libro", estos son quienes creen en verdad en el Señor.

Por tanto, la tarea que nos propone la Palabra de Dios es confiar plenamente en Él, tanto con nuestras palabras como con nuestras acciones, en vez de crearnos historias aterradoras que nos roban la paz interior, pues "el día y la hora nadie lo sabe, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sólo el Padre".

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