viernes, 8 de julio de 2016

Reflexión XV Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C

Domingo 10 de julio de 2016
XV Domingo del Tiempo Ordinario
Evangelio: Lucas 10, 25-37

El Evangelio de hoy nos presenta la Parábola del Buen Samaritano, que es la invitación del Señor Jesús a salir de nosotros mismos para servir a la otra persona, especialmente, aquella que se encuentra viviendo situaciones de dificultad. Dicha parábola tiene varias partes:

En primer lugar, un maestro de la Ley le pregunta a Jesús por la vida eterna. Esta pregunta nos muestra el deseo del ser humano por permanecer en el tiempo, es decir, ser eterno, pero ¿es acaso la misma eternidad que nos ofrece Dios? 

En segundo lugar, la vida eterna de Dios no consiste en prolongar esta vida terrena, sino en alcanzar la eternidad, es decir, gozar de la presencia de Dios, estar con Él. En este sentido, la eternidad que nos ofrece Dios está marcada por el amor a Dios, que se expresa en el servicio al prójimo, lo cual se refleja en la parábola del Buen Samaritano.

En tercer lugar, la parábola del Buen Samaritano nos propone tres ejemplos de personas: El sacerdote judío, el levita y el samaritano. Los dos primeros son observantes de la Ley, conocedores de los Mandamientos, pero no los ponen en práctica. El Buen Samaritano, por su parte, comprende la situación de quien es asaltado, sirve sin condiciones y da lo mejor que tiene. Esa es la misericordia que Dios quiere que pongamos en práctica entre unos y otros.

Por lo anterior, vale la pena que te preguntes: ¿Cómo practico la misericordia con los demás?

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