XIX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO
C
¿Qué
tan dispuesto tengo el corazón para encontrarme con el Señor?
LECTURAS:
SABIDURÍA 18, 6-9
SALMO 32
HEBREOS 11, 1-2. 8-19
SAN LUCAS 12, 32-48
De pequeño, una de las tareas domésticas
que me exigía mayor atención era cuidar la leche mientras hervía. No pocas
veces, ante cualquier despiste de mi parte, la leche hervía y el reguero
aparecía en la estufa. La particularidad de la leche, a diferencia de otros
líquidos, era que no era muy notoria la manera cómo iba calentándose y de un
momento a otro ascendía la espuma.
De manera similar, Jesús nos llama a
estar alertas frente a su venida. No se trata de historias apocalípticas del
fin del mundo, sino de la actitud constante que debe tener todo creyente con
relación a su vida, puesto que si relajamos el espíritu y el corazón,
seguramente el mal espíritu empezará a actuar. En este sentido, el Evangelio de
hoy nos muestra dos elementos importantes para nuestra vida cristiana: ofrecer
limosnas a los necesitados y estar preparados para cuando vuelva el Señor.
Con relación a las limosnas, la
invitación del Señor es ser libres ante los bienes materiales. Por supuesto, en
las circunstancias actuales debemos buscar y asegurar aquellos bienes que nos
garanticen lo básico para sobrevivir. Sin embargo, allí no es donde debemos
tener nuestro corazón, es decir, no debemos poner toda nuestra confianza y
felicidad sobre aquello que es pasajero.
En cuanto a la preparación a la venida
del Señor, esta debe ser una actitud cotidiana, que se logra a través de un corazón
dispuesto al encuentro con el Señor. Por lo mismo, disponer el corazón implica
oración, discernimiento y una continua relación con el Señor.
En otras palabras, quien es libre ante
las cosas y las personas, puede preparar de manera adecuada su corazón para
encontrarse con el Señor, porque Dios se hace presente en la brisa suave (1 Reyes 19, 12-13), es
decir, en lo sencillo, en lo humilde, en últimas, en quien tiene un corazón
transparente.
En conclusión, vale la pena que cada uno
se pregunte: ¿Qué tan dispuesto tengo el corazón para encontrarme con el Señor?
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