viernes, 28 de octubre de 2016

Reflexión XXX Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C

XXX Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C
Evangelio: Lucas 18, 9-14

Y tú, ¿de qué manera oras a Dios?

En el Evangelio de hoy, el Señor Jesús nos propone la parabola del fariseo y del publicano, para enseñarnos el valor de la humildad en la oración. Quien se reconoce frágil y pecador ante Dios, recibirá el perdón y la misericordia del Señor, puesto que Dios busca la conversión y la reconstrucción de la vida de la persona, de tal manera que, una vez perdonada, salga a anunciar el Evangelio a los demás.

A propósito del orgullo, se cuenta que en un maravilloso y precioso bosque había un gran lago y dentro, y a su alrededor, vivían gran cantidad de animales de todo tipo.  De entre todos ellos destacaba un gran cisne blanco con unas plumas largas y brillantes, dotado de una belleza sin igual y que era considerado como el cisne más bello del mundo. Era tan bonito que había ganado todos los concursos de belleza a los que se había presentado, y eso hacía que cada vez se paseara más y más orgulloso, despreciando a todos los demás animales, e incluso se negaba a hablar con ellos, pues no estaba dispuesto a que lo viesen con animales que para el eran tan feos y desagradables. Era tal el grado de vanidad que tenía que los animales estaban hartos de él y un día un pequeño puercoespín se decidió a darle una buena lección.


Fue a ver al cisne, y delante de todos le dijo que no era tan bello, que si ganaba todos los concursos era porque los jurados estaban influenciados por su fama, y que todos sabían que él un pequeño puercoespín era más bello. Entonces el cisne se enfureció, y entre risas y desprecios le dijo “pero que tonterias estas diciendo, yo a tí te gano un concurso con el jurado que quieras”. “Vale, acepto, nos vemos el sábado”, respondió el puercoespín, y dándose media vuelta se alejó muy orgulloso, sin dar tiempo al cisne a decir nada más.



Ese sábado, fue todo un acontecimiento en el bosque y todos fueron a ver el concurso, el cisne se lavó en el lago con gran cuidado y cuando se secó sus plumas blancas relucían como el mismísimo sol. El cisne marchaba confiada y terriblemente altivo, hasta que vio quiénes formaban el jurado: comadrejas, hamsters, ratones y un tejón. Rápidamente entendió que la belleza dependía de quien la mirara y que ese feo puercoespín para los animales que formaban el jurado era muy bello pues era parecido a ellos, y que él con toda su majestuosidad no les resultaba mínimamente atractivo, por lo que el puercoespín ganó el concurso claramente, dejando al cisne lloroso y humillado, pero aprendiendo una lección que nunca olvidaría, y a partir de ese momento fue amable con todos los animales, hablando con ellos y ayudándoles en lo que podía.


Con todo esto el cisne y el puercoespín se hicieron grandes amigos y era frecuente verlos pasear o riendo sentados en la orilla del lago. Un día los animales se reunieron y le dijeron al cine que había ganado un nuevo concurso, uno que le hizo más feliz y del que estuvo más orgulloso, que de todos los demás que había ganado antes:el premio a la humildad.

Ojalá así hubiera terminado la parábola de Jesús y que los dos hombres hubieran salido del Templo como amigos, pero la soberbia de quien creía hacer las cosas bien no lo permitió, pues se olvidó de la misericordia con el que estaba a su lado. Ciertamente, este es uno de los frutos que recibe la persona que ora con humildad, pues así como fue amado y perdonado por Dios, de igual modo siente que debe amar y perdonar a los otros.

Y tú, ¿de qué manera oras a Dios?

No hay comentarios:

Publicar un comentario