viernes, 5 de mayo de 2017

Reflexión Domingo 4 de Pascua. Ciclo A

IV Domingo de Pascua
El Buen Pastor
Evangelio: san Juan 10, 1-10

En el campo, la labor de pastorear al ganado es exigente y requiere no sólo del conocimiento de las técnicas para cuidar a los animales, sino de un vínculo con éstos que les permita seguir al pastor. En el Evangelio de hoy, Jesús se presenta como el verdadero Pastor de su pueblo, que da alimento y seguridad. Ante tantas promesas que vemos hoy en día de bienestar, que a la larga nos dejan mucho que desear, Jesús es el único que permanece fiel y quien está dispuesto a acompañarnos siempre.

Sin duda alguna, una característica fundamental de Jesús como pastor es que Él conoce a sus ovejas por su nombre y da la vida por ellas. No es un asalariado, ni un funcionario, sino que es un servidor que ama a quienes tiene bajo su cuidado.

Por otra parte, las ovejas conocen la voz del Pastor y le siguen, puesto que Jesús es ejemplo de autoridad, en la medida en que su voz revela paz y amor y, a la vez, genera confianza. El testimonio de Jesús nos puede contrastar ya que con frecuencia nuestra voz no puede ser tan clara como la de Él y nos conduce a cambiar de opinión con facilidad, lo cual nos llevaría a preguntarnos: ¿Qué revela nuestra voz?

En este sentido, el único interés de Jesús es que las ovejas tengan vida y esto sólo es posible a su lado, creyendo en Él y siguiendo su Voluntad. El Evangelio, en contraste, también nos presentará el caso del ladrón, quien sólo busca hacer daño, pues está centrado en su propio interés egoísta.

De acuerdo con lo ya dicho, en esta fiesta del Buen Pastor vale la pena orar por nuestros sacerdotes, para que a ejemplo de Jesús, el Buen Pastor, den la vida por el rebaño que les ha sido encomendado y sean reflejos del amor de Dios.

Por lo anterior, pregúntate: ¿Sigo a Jesús, el Buen Pastor? ¿De qué manera lo hago?

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