viernes, 2 de junio de 2017

Reflexión Domingo de Pentecostés. Ciclo A


Domingo 4 de junio de 2017
Evangelio: San Juan 20, 19-23
Domingo de Pentecostés
 
Celebramos como Iglesia la solemnidad de Pentecostés, que es la fiesta del Espíritu Santo. Ahora bien, ¿cómo podemos reconocer la acción del Espíritu Santo en nosotros? El Evangelio según San Juan nos ofrece la clave para experimentar la acción del Espíritu Santo en nosotros: "Reciban el Espíritu Santo. A quienes perdonen los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengan, les quedan retenidos" (Juan 20,23).

De este fragmento se desprenden tres palabras claves: recibir, perdonar y retener. En primer lugar, se recibe lo que se aprecia, lo que nos causa agrado y gusto. En segundo lugar, se perdona aquello que se ha logrado sanar, mirando al otro como a un hijo de Dios, igual a mí, con cualidades y defectos. En tercer lugar, se retiene lo aún queda pendiente por curar o perdonar, por lo que con frecuencia nuestro corazón se llena de molestia, dolor y rechazo hacia algo o alguien, de tal modo que el Señor nos invita a perdonar con sinceridad, sin guardar resentimientos. De esta manera, podemos experimentar la acción del Espíritu, que inflama nuestros corazones y nos une en una sola comunidad de discípulos y misioneros de Jesucristo: la Iglesia.

Por tanto, la comunión entre los hermanos es el sello distintivo de la acción del Espíritu Santo en medio de la comunidad. Con lo que ya se ha dicho, las actitudes de perdón, reconciliación y fraternidad contribuyen a construir un ambiente de comunión entre todos los que nos rodean.

En este sentido, también el apóstol San Pablo nos invita a vivir unidos como comunidad: "Todos nosotros hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo" (1 Corintios 12, 13). En medio de la diversidad de la humanidad, es el Espíritu Santo quien nos ofrece una unión duradera y consistente, sin buscar interés particular alguno, tal como lo indica el Papa Francisco: "El Espíritu Santo es el que mueve a la Iglesia, el que trabaja en la Iglesia, en nuestros corazones. El que hace que todo cristiano sea una persona distinta de la otra, pero de todos juntos hace la unidad. El que lleva adelante, abre de par en par las puertas y te envía a dar testimonio de Jesús." (Homilía en la Residencia de Santa Marta, 9 de mayo de 2016).

Por ello, pregúntate: ¿Me dejo llevar por el Espíritu Santo y busco la unión en mi familia y con quienes me rodean?

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