sábado, 27 de enero de 2018

Reflexión Domingo 4 Tiempo Ordinario. Ciclo B


DOMINGO 4 TIEMPO ORDINARIO
San Marcos 1,21-28:

 
Antiguamente, en las familias solía escucharse con mucho respeto al abuelo, pues con sus consejos, refranes, anécdotas e historias, acostumbraba dejar enseñanzas cargadas de sabiduría popular, lo cual era respaldado con su ejemplo de vida, pues nuestros abuelos se caracterizaban por ser personas trabajadoras, responsables y honestas.
 

Lo anterior significa enseñar con autoridad, es decir, respaldar con nuestros actos aquello que decimos. Lo mismo sucedió con Jesús, pues las señales milagrosas que Él realizaba estaban apoyadas por sus actitudes y palabras, razón por la cual hasta los espíritus impuros reconocían la autoridad del Señor, tal como sucedió en el Evangelio de hoy. 

 
No obstante, la autoridad no la podemos confundir con autoritarismo. La autoridad no consiste en dominar al otro, sino en dejarlo ser libre, es caminar a pie por el mundo haciendo el bien a otra persona, siendo entusiastas, alegres, bondadosos y, sobre todo, misericordiosos como lo hizo Jesús.
 

A lo largo de la vida pública de Jesús, podemos darnos cuenta que Él enseña y actúa con una autoridad diferente a la manera de actuar y proceder de los maestros de la Ley de su época, pues la autoridad del Señor se basa en el poder liberador de Dios.


Asimismo, a través de la curación del hombre poseído, el evangelista san Marcos nos presenta la lucha del Señor contra el poder del mal que oprime a la humanidad. Por esta razón, el exorcismo que realiza a este hombre  es una invitación a sus discípulos para luchar en el anuncio del Evangelio, contra todo tipo de posesión que someta y denigre a la humanidad.
 

En consecuencia, el Señor nos invita a llevar nuestra vida de fe con la autoridad del Evangelio, no con autoritarismo, sino movidos por la misericordia de Dios y por la coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos, de tal manera que podamos dar testimonio a los demás de nuestra relación con Dios, saliendo de nosotros mismos, amando y sirviendo a quienes nos rodean con generosidad y sencillez.
 

Y tú, ¿Cómo vives la coherencia y la autoridad que te presenta el Evangelio?  

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