DOMINGO 5 TIEMPO ORDINARIO. CICLO B
San Marcos 1,29-39
En
el Evangelio de hoy podemos ver una jornada misionera de Jesús. Por ello, vale
la pena que nos fijemos en varios elementos que aparecen en este relato:
En
primer lugar, Jesús se dirige a una casa. La referencia a la casa probablemente
sea una alusión al lugar de encuentro de la comunidad, en ella Jesús sigue
actuando y hacia ella concurre mucha gente. La Iglesia como comunidad, más allá
de los templos y lugares físicos, es el espacio a través del cual hoy todos
nosotros nos encontramos con Jesús y con nuestros hermanos. Por esta razón,
vale la pena que reflexionemos acerca de nuestra actitud al celebrar la
Eucaristía y la manera como estrechamos entre todos nuestros vínculos
comunitarios.
En
segundo lugar, tenemos a la suegra de Pedro, quien simboliza la situación de
exclusión que sufrían las mujeres ancianas y enfermas en los tiempos del Señor.
Los discípulos interceden por ella como un acto de solidaridad con el
necesitado. Actualmente, todos estamos llamados a fomentar vínculos solidarios
con nuestros hermanos de fe, empezando por nuestras familias y llegando a
nuestros trabajos y a nuestras comunidades parroquiales, dedicando nuestro
mayor cuidado a las personas más necesitadas.
En
tercer lugar, llama la atención las palabras que utiliza el Señor en este
relato. Con tres verbos Jesús indica el mejor modo para relacionarse con el
oprimido: acercarse, entrar en contacto con él y levantarlo. Jesús espera que
quien sea sanado, levantado o liberado, se ponga al servicio de la causa del
Reino de Dios; esto es parte de nuestra identidad cristiana.
En
cuarto lugar, las sanaciones se extienden a todos los que se acercan al
Maestro, y revelan a un Jesús solidario, que pasa del discurso a la práctica
sanadora. Recordemos que la sanación no consiste únicamente en la restauración
de la salud física de la persona, sino que parte de la sanación del corazón,
puesto que Jesús cura de manera integral a la persona, liberándola de todo tipo
de ataduras, apegos, limitaciones y demás cadenas que, desde su interior, la
estén aferrando a su propio individualismo y egoísmo.
Por
último, con su ejemplo, Jesús nos enseña la importancia de la oración durante
toda jornada misionera, para reconocer que todo lo que digamos o hagamos
proviene de la gracia de Dios y no de nuestra propia inteligencia o capacidad.
Por lo mismo, para reconocer la acción misericordiosa de Dios en nuestras vidas
es necesario estar conectados con Él por medio de la oración, de modo que
podamos discernir de qué forma Dios actúa en nuestra cotidianidad y, a la vez,
cómo acogemos dicha acción a través de nuestros gestos, palabras y acciones.
Y
tú, ¿Por qué́ buscas a Jesús?
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