San Juan 6, 41 – 51:
Dice el refrán: “No hay peor ciego que aquel que no quiere ver”.
Ciertamente este dicho popular se aplica a los judíos que aparecen en el
Evangelio del día de hoy, puesto que ellos ponían en duda que Jesús fuera el
Hijo de Dios, a pesar de los signos evidentes que demostraban la divinidad de
Jesús tanto por su predicación como por las curaciones que realizaba.
Sin embargo, el tema de fondo que nos presenta el Evangelio según
San Juan es el de creer en Jesucristo. Para el evangelista San Juan, creer es
la respuesta de la persona a la acción salvadora de Dios por medio de Nuestro
Señor Jesucristo. Al creer en el Señor, la persona recibe la vida eterna.
Por ello a través de una fe madura, cada creyente puede
reconocer la acción salvadora de Dios y compartirla con otras personas,
especialmente con aquellos que viven crisis de fe. No obstante, es necesario
alimentar la fe a diario a través de la oración, la eucaristía y la participación
en los sacramentos. Sólo así, dejaremos de ser creyentes tibios
espiritualmente, quienes no viven plenamente su fe.
Por lo anterior el camino para reconocer a Jesús como el Pan de
Vida requiere de un profundo trabajo interior, en el cual podamos recoger todas
las experiencias que vivimos a diario y ponerlas en oración, de la misma manera
como se decantan los alimentos en un colador, con el fin de descubrir a Jesús
como el fundamento de nuestra existencia, es decir, el Pan que no se termina.
La persona que muestra su fe en Jesucristo se deja alimentar por
Él en la oración diaria, en la celebración de los sacramentos, especialmente de
la Eucaristía y con el servicio incondicional a los demás. Dejarse alimentar
por el Señor debe ser una tarea constante que le permite al ser humano
transformar su vida y renovar su corazón. Y tú, ¿recibes a Jesús como el pan
vivo bajado del cielo? ¿Vas aumentando tu fe en el Señor?
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