sábado, 13 de octubre de 2018

Reflexión Domingo 28 del Tiempo Ordinario. Ciclo B

28 Domingo del Tiempo Ordinario
 
Lecturas:
Sabiduría 7,7-11.
Salmo 89
Hebreos 4,12-13.
San Marcos 10,17-30.

Las Lecturas de este Domingo nos insisten en la disponibilidad que debe tener quien sigue al Señor, para lo cual se debe estar atento a la Palabra de Dios y poner en práctica la Sabiduría que procede de ella.

Por lo anterior, nos hemos acostumbrado a pensar que el seguimiento del Señor es una tarea exclusiva de los sacerdotes y religiosas. Al contrario, el Evangelio de San Marcos nos muestra que seguir a Jesús es un llamado para todo tipo de personas. En este caso, un joven rico se le acercó al Señor y le preguntó: "¿qué haré para heredar la vida eterna?" Detrás de esta pregunta existe un interés en seguir al Señor, pues sus palabras y acciones han generado algún impacto en el joven. Sin embargo, este interés tan sólo se encuentra en el nivel del deber, pues el muchacho responde afirmativamente al cumplimiento de los mandamientos, justificación que hoy en día encontramos en muchos de nosotros, pues nos conformamos con obedecer ciertos conjuntos de normas, sin dejarnos interpelar o "tocar" por la acción de Dios.

Al quedarse sólo en el nivel de la norma, el joven no dio el paso siguiente y es, precisamente, el de abandonar los apegos. Quien se aferra a personas, cargos, reconocimientos, lugares e incluso, al pasado, pierde disponibilidad para caminar en la vida. Para nuestro corazón y nuestra mente es necesario crecer en libertad, puesto que cuando nos apegamos a algo o a alguien perdemos de vista nuestras metas en la vida y dejamos de lado lo que es realmente importante, aquello que nos da paz y felicidad, es decir, la capacidad de amar sin más, libremente, ofreciendo todo lo que somos y tenemos.

Entonces, ¿cómo podemos liberarnos de nuestros apegos? Las Lecturas de hoy nos ofrecen dos pistas: la Palabra de Dios y la Sabiduría Divina. En primer lugar, la Carta a los Hebreos nos dice que "la Palabra de Dios es viva y eficaz", pues al orar y meditar pausadamente las Sagradas Escrituras descubrimos herramientas que pueden orientar nuestra vida. Por otra parte, la misma Carta a los Hebreos señala que la Palabra es "más tajante que espada de doble filo", esto es, que Dios por medio de su Palabra nos cuestiona acerca de nuestras propias acciones y actitudes, sobre todo si experimentamos algún tipo de apego.

En segundo lugar, el Libro de la Sabiduría nos señala que ante cualquier otro bien, ya sea material o espiritual, la Sabiduría está por encima. Precisamente, la Sabiduría de Dios no consiste en saber muchas cosas o en tener una alta erudición, sino en la capacidad de discernir qué es primero y qué es segundo en la vida, de tal modo que al distinguir las prioridades podamos identificar por dónde nos va guiando Dios. En ocasiones parecemos veletas sin rumbo, yendo de un lado para otro, tomando decisiones precipitadas, pues nos falta discernir más las cosas, es decir, ponerlas serenamente en oración para descubrir cuál es el camino más conveniente que debemos seguir.

Pidamos al Señor nos conceda su Sabiduría y que su Palabra ilumine nuestros pasos, para que seamos disponibles a su Voluntad.

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