viernes, 9 de noviembre de 2018

Reflexión Domingo 32 del Tiempo Ordinario. Ciclo B


DOMINGO 32 DEL TIEMPO ORDINARIO 
Evangelio: Marcos 12, 38-44

Existe el dicho “predica, pero no aplica”, el cual hace referencia a las personas que son incoherentes entre lo que dicen y lo que hacen. Algo similar les sucedió a los escribas que fueron cuestionados por el Señor Jesús en el Evangelio del día de hoy, pues sus palabras no iban por la misma vía que sus acciones.

Una situación parecida también nos puede ocurrir a nosotros en nuestra vida cotidiana, pues hablamos de igualdad, justicia, solidaridad y honestidad, pero nuestras acciones pueden ser muy diferentes a lo que predicamos. En estos casos, es preferible guardar mucha prudencia y, de manera callada, trabajar en pro del bienestar de los demás.

Por ello es necesario seguir los ejemplos del Señor Jesús quien sirvió incansablemente a los demás, sin muchas palabras, en silencio, con sabiduría y dando testimonio con su propio ejemplo de la acción de Dios Padre que vivía interiormente, en vez de seguir la incoherencia de los escribas.

Precisamente en el Evangelio de hoy también se nos presenta un ejemplo de generosidad en la viuda pobre que da como ofrenda todo lo que tiene. Recordemos que en los tiempos de Jesús, las viudas eran personas desposeídas quienes dependían de una figura masculina en su familia y al quedar solas vivían en la pobreza y en el desamparo. Por esto la ofrenda de la viuda es tan valiosa, pues ella da todo lo que tiene en honor y alabanza a Dios. Esta actitud de la viuda nos enseña a dar lo mejor que somos y tenemos a Dios y a los demás, no sólo en lo material sino en nuestros talentos, capacidades y cualidades y sobre todo en otros aspectos de la vida, tales como el tiempo, la escucha y el diálogo.

Ahora bien, para seguir el ejemplo del Señor es necesario tener una relación profunda con Él a través de la oración y de la meditación de la Palabra de Dios. Cuando una persona es constante en su vida de oración, logra conocer íntimamente al Señor, de modo que poco a poco empieza a identificarse con Él y a poner en práctica en su vida los rasgos de Jesús que va descubriendo en la oración.

Por lo anterior, pregúntate: ¿Eres constante en tu oración? ¿Sigues el ejemplo de Jesús de coherencia y humildad? ¿Vas creciendo en la capacidad de servir generosamente  a los demás?

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