viernes, 23 de noviembre de 2018

Reflexión Solemnidad de Cristo Rey. Ciclo B

SOLEMNIDAD DE CRISTO REY


Lecturas:
Daniel 7, 13-14
Salmo 92
Apocalipsis 1, 5-8
Juan 18, 33-37



Cuenta la historia que un joven científico se jactaba, en presencia de un monje, de los logros de la ciencia moderna. "Podemos volar como los pájaros», decía. «¡Podemos hacer todo cuanto hacen los pájaros!» «Excepto descansar sobre un alambre de espino», dijo el maestro. En ocasiones, la inteligencia humana quiere alcanzar los más altos niveles de vida, pero se olvida de aquella capacidad para salir adelante de las dificultades, o como se dice en el cuento, poder descansar sobre el espino. Solo Dios, en su infinita bondad, nos puede conceder la Gracia de levantarnos de las caídas. Nuestro reto es dejar reinar a Dios en nuestra vida.


Precisamente, cuando celebramos la fiesta de Cristo Rey, meditamos el significado del reinado de Jesús. No obstante, su reinado va más allá de la imagen que tenemos los seres humanos sobre la realeza, la cual consiste en poder, dominar y demostrar su control a otras personas. El reinado de Jesús, como ya lo hemos visto por medio de sus acciones y palabras, consiste en el amor y en la misericordia, es decir, en enseñarnos que Dios es pura bondad y que nos ama profundamente. Por ello, cuando alguien se siente amado y perdonado, es capaz de amar y perdonar a los demás. De acuerdo con el cuento que hemos presentado, la persona que se reconoce hija de Dios puede sobreponerse a las dificultades que se le presentan en la vida, a través de la acción de Dios en el corazón de cada uno, porque experimentamos el amor de Dios a través de Jesús, tal como se menciona en el Libro del Apocalipsis: "Aquel que nos amó, nos ha librado de nuestros pecados por su sangre" (Ap 1, 5).


Por eso, el Reino de Dios no es una cuestión de monarquía, sino de justicia e igualdad, de eso se trata ser testigo de la verdad que proclama Jesús en el Evangelio de hoy (Juan 18, 37), es decir, reconocer que la otra persona es hija de Dios y así como Él me ama y me perdona, lo mismo hace con los demás. Y para ello es cierto que todos debemos poner nuestros mejores talentos para construir el Reino, pero con la disponibilidad de quien no quiere nada a cambio. El Reino de Dios, a diferencia de los reinos de este mundo, no consiste en aferrarse a personas, posesiones o cosas, sino que se trata de soltarse, liberarse y estar disponible para hacer el bien a los demás sin exigir algo a cambio.


Lo anterior fue la enseñanza de Jesús, en eso consiste su reinado, en ser humilde servidor de todos. Por eso, cuando Pilato lo interroga, Jesús responde afirmativamente que es Rey, pero no de este mundo, pues Él no busca aferrarse a bienes materiales, sino que libera, sana y perdona: "Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz" (Juan 18, 37). Por lo mismo, su trono es la cruz, su corona es de espinas y su recompensa para quienes creen en Él, que es la Resurrección, la Vida plena y eterna.

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