sábado, 25 de enero de 2020

Reflexión Domingo 3 del Tiempo Ordinario. Domingo de la Palabra. Ciclo A

LLAMADOS A SER LUZ PARA LOS DEMÁS POR MEDIO DE LA PALABRA 

Lecturas:
Isaías 9,1-4: En Galilea de los Gentiles, el pueblo vio una luz grande
Salmo 26: El Señor es mi luz y mi Salvación 
1 Corintios 1,10-13.17: Pónganse de acuerdo y no estén divididos 
San Mateo 4,12-23: Síganme y los haré pescadores de hombres

Hace unas décadas atrás, uno de los juegos infantiles que con frecuencia se apreciaba en las calles de los barrios era el de la gallina ciega, el cual consiste en vendar los ojos a uno de los participantes y darle vueltas, de tal modo que luego trate de atrapar a los demás niños. Precisamente, la experiencia de no ver, es decir, estar en la tiniebla, muestra el estado de inseguridad y fragilidad del ser humano.

Las tinieblas evidencian la vulnerabilidad de la persona, en tanto que no puede desplegar todas sus capacidades con la versatilidad y tranquilidad que posee cuando puede ver, esto es, en la luz. Por ello, el Señor nos invita en este domingo a pasar de las tinieblas a la luz.

En este sentido, el profeta Isaías le ofrece al pueblo de Israel la esperanza de la luz que rompe las tinieblas, es decir, es el Señor quien libera al pueblo de la opresión, tal como lo recuerda el profeta en el día de Madián. Siguiendo el ejemplo del juego de la gallina ciega, la experiencia liberadora de Dios se puede asemejar a la sensación de quitarse la venda y recobrar la vista.

Sin embargo, valdría la pena preguntarse qué observamos cuando se nos retira la venda de los ojos. Si el Señor es quien nos retira la venda de los ojos, lo que observamos es una nueva posibilidad de vivir la vida, con todos sus esfuerzos y desafíos, lo que no quiere decir que vayamos a vivir en un mundo de fantasía y ficción, como se nos suele presentar en algunas películas fantásticas, en las que el personaje llega a un mundo diferente y allí construye una nueva vida. La luz que nos regala Dios no es una fuga del mundo, sino una nueva manera de estar en nuestro mundo y una nueva forma de relacionarnos con los demás.

Por lo mismo, el camino que emplea el Señor para quitarnos las vendas y ofrecernos su luz se da por medio de su Palabra. Del mismo modo como hizo con los primeros discípulos, Jesús se acerca a nuestra realidad, nos conoce, nos ama y nos llama por nuestro nombre para ser Pescadores de Hombres, guiados por su Palabra, lo que quiere decir que estamos llamados a ser colaboradores de su misión, que consiste en anunciar el Evangelio, tarea que posee tres características: anunciar la Buena Nueva de Jesús, enseñar el Evangelio y sanar las heridas que poseen los corazones de los demás, especialmente  los más necesitados. 

Esta fue la misión encomendada por el Padre a Jesús y que a su vez el Señor le participó a sus discípulos. Nosotros, como el nuevo Pueblo de Dios, estamos llamados a continuar con esta misión, en todo lugar y en todo momentos en el que nos encontremos: en familia, en el estudio o en el trabajo, en el barrio, etc. En otras palabras, estamos llamados a ser luz para los demás, ¿cómo lo llevamos a cabo?

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