Evangelio: San Mateo 17, 1-9
Segundo Domingo de Cuaresma
En los deportes actuales, la noticia en boga en nuestro país son los triunfos de los ciclistas en las grandes competiciones. Por esta razón, ha aumentado la audiencia de las grandes vueltas ciclísticas y ya varios medios de comunicación se han sumado a cubrir dichos eventos deportivos. En este contexto, siempre se está a la expectativa de cuándo el ciclista colombiano va a deslumbrar y demostrar todas sus capacidades, con el fin de asegurar el triunfo en la carrera.
Este ejemplo puede ser aplicado en diversas circunstancias humanas, cuando se espera que una persona o un grupo de personas deslumbren por sus capacidades y demuestren todo su potencial ante una tarea asignada, llámese proyecto, competencia o trabajo. Ciertamente, a lo largo de su camino con Jesús, los discípulos estarían esperando el momento en que su Maestro se revelara y vislumbrara al pueblo con sus dones como Mesías.
Sin embargo, el Señor decidió realizar un anticipo de su Gloria sólo a unos cuantos de sus discípulos, a través de su Transfiguración. Por tanto, podemos ver que Jesús no buscaba el reconocimiento o el aplauso de las multitudes, sino que quería ofrecer un adelanto de la Vida Nueva que Él mismo le va a regalar a la humanidad gracias a su Muerte y su Resurrección y, con ello, también manifestarles a sus discípulos que Él era el Mesías.
Así como ocurre con los deportistas, el momento para mostrar sus capacidades no depende de los elogios del público, sino del objetivo que el mismo deportista se ha trazado; por ejemplo, el ciclista da todo de sí para ganar una competencia. Del mismo modo, Jesús se transfigura ante sus discípulos para revelar su Gloria ante ellos y, con esto, regalarles la paz, la fe y la esperanza, que eran necesarias para su seguimiento como discípulos.
Ahora, a nosotros nos corresponde descubrir cómo se nos revela Jesús en nuestra vida diaria y cómo manifiesta su Gloria, regalándonos una infinidad de bienes en la familia, en el trabajo, en el estudio. Ante esto, vale la pena que nos preguntemos: ¿Cómo le respondo al Señor, quien revela su Gloria en mi vida?
Gracias padre Andrés Dios y Maria Santísima lo protejan y bendigan siempre.
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