sábado, 9 de enero de 2016

Reflexión Fiesta del Bautismo del Señor. Ciclo C

Fiesta del Bautismo del Señor. Ciclo C

Lecturas:
Isaías 40, 1-5. 9-11
Salmo 103
Del Apóstol San Pablo a Tito 2, 11-14. 3, 4-7
San Lucas 3, 15-16. 21-22

En la actualidad, cuando los padres de familia preparan el bautismo de su hijo, tienen en cuenta muchas cosas, por ejemplo: el vestido que usarán tanto los papás como el niño, la persona que tomará las fotos en la ceremonia, el lugar en donde se hará una "sencilla" reunión, la comida que se ofrecerá, etc. No obstante, dichas cosas no son realmente relevantes si logramos  comprender el Sacramento del Bautismo desde los ojos de la fe, para lo cual la Fiesta del Bautismo del Señor nos puede brindar una luz muy importante.

En la narración del Bautismo de Jesús, el Evangelio según San Lucas nos muestra que en este Sacramento Dios mismo nos regala una vida a través de su Santo Espíritu y, junto con ella, una misión. En este episodio del Evangelio, podemos darnos cuenta que Juan el Bautista recibe la misión de ser precursor, es decir, preparar el camino del Señor, mientras que Jesús es confirmado por su Padre: "Tú eres mi Hijo, el amado, mi predilecto" (Lucas 3, 22).

Así las cosas, el Sacramento del Bautismo adquiere tres significados importantes, según el ejemplo de Jesús: Primero, es la puerta de entrada, la bienvenida para el niño que se bautiza a la comunidad de la Iglesia Católica. Segundo, en el Bautismo nacemos a la Vida Nueva que nos regaló Jesús con su Pasión, Muerte y Resurrección. Tercero, este sacramento implica el perdón de los pecados, especialmente, del Pecado Original.

"En un bautismo general, Jesús se bautizó" (Lucas 3, 21): Como ingreso a la Iglesia, el Bautismo nos permite hacer parte de una gran familia, una comunidad, que nosotros llamamos la Iglesia Católica. Por esta razón, ningún sacramento se puede decir que es “privado”, es decir, que es oculto, cerrado o exclusivo. Al contrario, cada sacramento, al ser celebrado por un grupo de personas, aunque sea un grupo pequeño, es un espacio de celebración comunitaria. En el caso del Bautismo, quienes asisten a la celebración de este Sacramento, especialmente los Padres y Padrinos, representan a toda la Iglesia en la bienvenida que se realiza al niño o niña a nuestra gran Familia. Por eso, Jesús Resucitado le encomendó la misión a sus discípulos de ir por todo el mundo a anunciar el Evangelio y a bautizar a la gente, con el fin de que todo el mundo participe de Su Gracia y de la Vida Nueva que nos ofrece con su Resurrección, en otras palabras, que seamos una sola Comunidad de Fe: “Vayan, pues, a las gentes de todas las naciones, y háganlas mis discípulos; bautícenlas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñeles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes” (Mateo 28, 19-20).

"Él os bautizará con Espíritu Santo y Fuego" (Lucas 3, 16): El Bautismo también es el nacimiento a una Vida Nueva, gracias al Misterio Pascual de Jesucristo. Nuestra vida biológica cumple un ciclo que empieza con nuestro nacimiento y que termina con la muerte. Sin embargo, gracias a la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús, todos tenemos la posibilidad de una nueva vida que no concluye con la muerte, sino que se prolonga para gozar de la presencia de Dios, en la Vida Eterna, como diría el Apóstol San Pablo: “Y si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con Él”. (Romanos 6, 8).

"Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de las sandalias" (Lucas 3, 15): El Bautismo también implica el perdón de los pecados. Al nacer a una vida nueva, como ya se dijo, el bautizado rompe con el pecado, gracias a Jesucristo, pues Él es el Mesías y así lo reconoció Juan el Bautista. Al ser sumergido en el agua, la persona es limpiada del pecado por el Espíritu Santo, especialmente, del Pecado Original, el cual lo hemos heredado por nuestra condición humana y que consiste en aquella autosuficiencia que nos invade a todos los seres humanos y nos conduce a querer ser semejantes a unos dioses, tal como se representa en Adán y Eva.

Por tanto, para tomar en serio el significado del Bautismo es necesario volver a Jesús y, mediante su propio bautismo, reconocer la misión que hemos recibido todos nosotros y no es otra cosa que ser hijos de Dios por medio de Jesucristo. En consecuencia, en vez de enfocarnos en el acto social, estamos llamados a vivir como Jesús, esto es, sirviendo a los demás sin condición ni medida y a contagiar a las otras personas, especialmente los niños que son bautizados, de este amor desinteresado.


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