viernes, 24 de junio de 2016

Reflexión Decimotercer Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C


Decimotercer Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C

¿De qué manera vivo mi bautismo?

Lecturas:

Primera Lectura: Del Primer Libro de los Reyes 19, 16b. 19-21.
Salmo: 15
Segunda Lectura: Del Apóstol San Pablo a los Gálatas 4, 31b – 5,1. 13-18
Evangelio: San Lucas 9, 51-62

En los cursos pre-bautismales se les insiste a los padres y padrinos que, con el bautismo, los niños recibirán la vida de Cristo, quien es Sacerdote, Profeta y Rey. No obstante, esta afirmación no es muy clara para algunos de los bautizados y, por ello, no se viva completamente este sacramento. En este sentido, en el Decimotercer Domingo del Tiempo Ordinario se nos explicará en qué consiste ser profeta y cómo se puede vivir en la vida cotidiana, para que así podamos vivir el bautismo a plenitud.

En la Primera Lectura se nos presenta el llamado de Dios al profeta Eliseo. En éste, encontramos varios elementos propios de quien ha sido escogido por Dios: La elección de Dios, la investidura, la respuesta rápida, la despedida y la comida. El Señor escoge a una persona concreta, es decir, con una historia, y envía al profeta Elías a ungirla. Una vez Elías encuentra a Eliseo, le echa el manto encima, lo que quiere decir que al ser investido como profeta, adquiere un nuevo carácter. Algo similar ocurre con algunas profesiones en nuestra sociedad, que se identifican por su vestidura: los médicos, los militares, los sacerdotes, las religiosas, entre otros. Aunque como se dice coloquialmente, “el hábito no hace al monje”, el gesto de investir a alguien representa un nuevo caminar en su vida, una nueva tarea, una nueva misión.

Así mismo, Eliseo responde al llamado de Dios de una manera rápida, sin titubear, con disponibilidad y, de este modo, procede a despedirse de su familia y de su gente, lo cual concluye a través de una comida, como signo del compartir fraterno y de la ofrenda de su anterior trabajo en el campo, lo que se representa en el sacrificio de los bueyes, con el fin de iniciar su misión profética sin ataduras con el pasado.

De igual manera, el profeta tiene claridad acerca de su vocación. En este caso, el Apóstol San Pablo nos dice que, gracias a Cristo, nuestra vocación es la libertad. Sin embargo, la libertad no quiere decir que vivamos sin reglas o vivir al extremo, sin medir las consecuencias. Quizás, esto es lo que se promueve en la sociedad de consumo, puesto que se nos ha insistido en vivir sólo el momento, que todo es relativo, en últimas, en vivir con vértigo.

Esta forma de vida conduce al egoísmo, puesto que quien procede de esta manera se olvida de la otra persona, de quien está a su lado, pues sólo se guía por sus propios intereses y, como lo señala San Pablo, con esta dinámica los creyentes “terminarán por destruirse mutuamente”. El camino que nos propone el Señor, en contraste, es el del amor al prójimo, esto es el servicio, de tal modo que la libertad se orienta en la medida en que salimos de nuestro egoísmo y de la búsqueda mezquina de nuestros propios intereses para encontrarnos con el otro, ponernos en sus zapatos y atenderlo en sus necesidades.

En este orden de ideas, el Profeta sabe que su misión se lleva a cabo en el camino diario de la vida, sin ataduras y sin perder el horizonte de su llamado. Por esta razón, Jesús decide ir a Jerusalén, ya que no pierde el norte de la misión que le ha encomendado su Padre amado. Como decimos popularmente, Jesús “sabe para dónde va”. Por lo mismo, no le preocupa no tener un lugar para alojarse, pues vive en libertad y no se deja atar por las situaciones cotidianas. Así como el Apóstol San Pablo nos invita hoy a vivir en libertad, Jesús la pone en práctica y le enseña a los discípulos a vivirla, esto es, ser libre frente a los bienes materiales, ser libre ante las personas, ser libre a los honores del mundo y ser libre, incluso, al propio pasado.

En resumen, todos nosotros, como creyentes, estamos llamados a ser profetas en nuestra vida diaria, lo cual implica descubrir la acción de Dios en todo momento y ser libres ante las personas, los lugares y las cosas. De este modo, podremos llevar a la plenitud nuestro bautismo. Por ello, preguntémonos: ¿De qué manera vivo mi bautismo?  

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