sábado, 3 de septiembre de 2016

Reflexión XXIII Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C



XXIII Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C
Domingo 4 de septiembre de 2016
Evangelio: Lucas 14, 25-33

Cuenta la historia que una vez un mico venía saltando por entre las ramas buscando comida, cuando de pronto vio unos cocos en el suelo y rápido bajó del árbol para averiguar si los podía comer. Pronto se dio cuenta de que los cocos tenían dos pequeños agujeros y estaban llenos de maní. El mico metió las manos con cuidado, porque los agujeros eran angostos, y tomó un puñado de maní, pero cuando quiso sacarlas no pudo pues los puños no cabían por el hueco. Entonces apareció un cazador, lo apresó y lo metió en una jaula.

Ciertamente, al mico lo que le pasó fue que se aferró al coco y al maní que estaba dentro, sin percatarse que el cazador estaba cerca. De algún modo, a nosotros nos sucede algo similar, en la medida en que nos apegamos a personas, cargos, lugares o cosas y olvidamos escuchar la voz de Dios, quien nos invita a seguirlo y encontrar, de esta manera, la felicidad.

En el Evangelio de hoy encontramos la invitación de Jesús a ser libres ante las personas y ante los bienes materiales. En este sentido, el Señor le anuncia a la gente que “quien no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío”. En otros términos, el Señor nos invita a ser ligeros de equipaje, es decir, a soltar las dependencias con el fin de acercarnos a Dios y descubrir el camino que Él nos está ofreciendo.

Así las cosas, el seguimiento de Jesús no es un logro humano, sino el fruto de una experiencia espiritual profunda, en la cual nos deshacemos de todo lo que nos ata. Por ello, Jesús nos presenta los ejemplos de quien construye la torre y del rey que se enfrenta a otro quien posee un ejército mayor, con el fin de invitarnos a no fiarnos del poder o del tener, sino a confiar en Dios y en su Palabra.

Y tú, ¿estás dispuesto a dejarte liberar por Dios de tus apegos?


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