jueves, 29 de diciembre de 2016

Reflexión Solemnidad de Santa María Madre de Dios

Y TÚ, ¿QUÉ LE OFRECES A JESÚS?

Domingo 1 de enero de 2017
Solemnidad de Santa María Madre de Dios
Evangelio: San Lucas 2, 16-21

En este primer día del año, celebramos la Solemnidad de Santa María Madre de Dios. El Evangelio de hoy nos presenta a María como Madre de Jesús a través de la visita de los pastores. Por eso, llama la atención que sea precisamente en el encuentro con los más sencillos y pobres como se manifieste el Salvador y, junto con Él, su Santísima Madre.

En este sentido, la Palabra de Dios nos ofrece una gran lección: Para encontrarse con Dios es necesario despojarse de todo apego, ambición e interés personal. Más que llevarle riquezas, los pastores les ofrecieron al Señor y a la Sagrada Familia su humildad y su sencillez.

De igual modo, el Evangelio de hoy nos presenta cuatro elementos fundamentales, los cuales se pueden expresar en cuatro preguntas:

¿Cómo voy al encuentro de Jesús? Los pastores fueron de prisa hacia el pesebre, a ver al Salvador, de acuerdo con las señales que les había dado el ángel. Esta actitud refleja alegría, emoción y curiosidad, es decir, un deseo por constatar el mensaje del ángel. Por ello, vale la pena que nos preguntemos acerca de nuestra actitud al momento de buscar a Dios, pues la actitud refleja nuestra intención para acercarnos a Dios. Hay quienes buscan a Dios por necesidad, otros por rutina o costumbre, otros tantos van por agradecimiento y algunos porque realmente reconocen en aquel niñito del pesebre a su Señor.

¿En dónde encuentro a Jesús? Los pastores encontraron al niño en un pesebre. Recordemos que María y José no habían encontrado posada en Belén, lugar al que habían ido por cuenta del censo que había ordenado el emperador Romano Augusto. El lugar nos presenta una intención muy concreta de Dios: Él no quería que desviáramos nuestra mirada por los lujos del lugar o la pompa de los rangos y potestades del mundo o, incluso, por los honores que se acostumbra ofrecer en el mundo a los grandes personajes. Por lo mismo, Jesús no nació en un palacio, sino en la humildad de un pesebre, esto es, en un lugar desprovisto de todo, con el fin de que nosotros centremos nuestra mirada en lo fundamental, en el Salvador que se hace uno como nosotros.

¿Doy testimonio de mi encuentro con Dios? Los pastores regresaron a sus labores y dieron testimonio de lo que habían visto y oído. No se quedaron en un eterno paraíso, sino que volvieron a su cotidianidad y, desde allí, hablaron de su experiencia en el pesebre. Quizás, nosotros tenemos la tentación de conformarnos con largos ratos de oración, sin poner en práctica en nuestro diario vivir aquello que hemos visto y oído con el corazón.

¿Reconozco a Jesús en mi vida cotidiana? El Evangelio nos narra que a los ocho días del nacimiento, el niño fue presentado y circuncidado en el Templo. Allí se le puso el nombre de Jesús, según el anuncio del ángel. Este hecho refleja dos cosas: primera, Jesús y su familia hacen parte de un pueblo y de una época específica. Este es el centro del nacimiento de Jesús, ya que manifiesta la decisión de Dios de salvar a la humanidad, haciéndose uno como nosotros. La segunda, que por medio de la encarnación, Jesús comparte nuestra vida y nuestra cotidianidad. Por esta razón, la familia de Jesús siguió la tradición judía y, por ello, el niño fue circuncidado. Esto quiere decir que Jesús se presenta en la vida cotidiana del ser humano y comparte sus costumbres, sus alegrías y sus tristezas y se presenta como Jesús, el Salvador. Ahora nos corresponde a nosotros reconocerlo, así como lo hizo Simeón, luego de la presentación de Jesús en el templo.

Por otra parte, en la fiesta de hoy, la Iglesia nos regala el ejemplo de María, Madre de Dios y Madre nuestra. Ella, al igual que los pastores, respondió con humildad al llamado de Dios Padre y asumió la misión de ser la Madre de su Hijo. No ofreció cosas materiales, sino que con su “sí” puso su vida en las manos del Padre y se dejó guiar por el Espíritu Santo en la misión encomendada.

Con relación a la humildad y a la docilidad, se dice que un fabricante de lápices tomó un lápiz justo antes de meterlo en su caja, y le dio unos consejos. Le dijo: Hay 5 cosas que debes saber antes que seas enviado al mundo. Siempre recuérdalas y serás el mejor lápiz del mundo. Las 5 cosas son las siguientes: a) Siempre harás cosas grandiosas, pero sólo si te dejas sostener en la mano de alguien más, b) Experimentarás el dolor en algunas ocasiones en que te saquen punta, pero es necesario para que seas cada vez un mejor lápiz, c) Tendrás errores, pero tendrás un borrador para corregirlos todos, d) La parte más importante de ti es la que llevas dentro y, e) En cualquier superficie que seas usado, tendrás que dejar tu marca. No importan las circunstancias o las condiciones, deberás continuar escribiendo.

Cada año que comienza es una nueva oportunidad para amar, para vivir y dar lo mejor de sí mismo. Y tú, ¿qué le ofreces a Jesús?


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