Domingo 11 de diciembre de 2016
III Domingo de Adviento
Evangelio: Mateo 11, 2-11
A las palabras de Jesús del Evangelio de hoy se les pueden aplicar el refrán popular: “obras son amores y no buenas razones”. Ante la pregunta de Juan el Bautista, si efectivamente Jesús era el Mesías, la respuesta del Señor se da a través de sus acciones.
Precisamente, Jesús no alardea de lo que hace, sino que sus obras muestran un corazón bondadoso, preocupado por servir y amar a los demás sin condiciones, ni requisitos, en últimas, dándose hasta el extremo. Esta actitud de salir de sí mismo es la manera como Dios nos ama, es su misericordia, a la cual el Señor nos llama a poner en práctica con nuestros hermanos.
Algo similar ocurrió con un hombre que trabajaba de leñador. Un día comenzó a llover y llovió hasta que el río creció y comenzó a tapar las casas de la orilla. El buen hombre corrió rápido para prestar ayuda a sus amigos y trasladar a todos hacia la otra orilla que estaba más alta. Llevó ancianos, animales y ropa.
Cuando había hecho muchos cruces de río regresó para ver si había alguien más. Ya no llovía, de pronto ve a un niño pequeño solo en la orilla asustado y le pregunta por sus padres. El pequeño le contesta: ¡Aquí no están! Lo coloca sobre sus hombros y se mete en el río, el agua resultaba arrolladora. En el medio del río luchó contra la corriente y estuvo a punto de ahogarse. Cuando llegó agotado a la otra orilla lo esperaban para abrazarlo y felicitarlo.
El leñador mirando al niño le dice: ¿Cómo es que siendo tan pequeño pesas tanto? A lo que el niño responde: ¡porque has llevado todos los niños del mundo sobre tus hombros!
Y tú, ¿en qué momento de tu vida has salido de ti mismo para servir a los demás?
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