viernes, 2 de diciembre de 2016

Reflexión II Domingo de Adviento. Ciclo A


Domingo 4 de diciembre de 2016
II Domingo de Adviento
Evangelio: Mateo 3,1-12


El Evangelio de hoy, que corresponde al Segundo Domingo del Tiempo de Adviento, nos presenta la figura de Juan el Bautista, quien predica desde el desierto, para llamarnos la atención sobre el tema de la preparación a la venida del Señor.

Sin embargo, podríamos preguntarnos cuál es el sentido de prepararnos en este Tiempo de Adviento. A propósito, se cuenta que había un zapatero de un pequeño pueblo de montaña y Vivía solo. En sueños, un ángel le dijo: "mañana Dios vendrá a verte".

Se levantó muy temprano y barrió su taller de zapatería. Dios debía encontrarlo todo perfecto. Y se puso a trabajar delante de la ventana, para ver quién pasaba por la calle. Al cabo de un rato vio pasar un vagabundo vestido de harapos y descalzo. Compadecido, se levantó inmediatamente. Llevaba otro rato trabajando cuando vio pasar a una joven viuda con su pequeño, muertos de frío. También los hizo pasar. Pasó la tarde y Dios no aparecía. Sonó la campana de la puerta, la cual se abrió con algo de violencia y entró dando tumbos el borracho del pueblo. Y, acomodándolo en la mesa, el zapatero le sacó una jarra de agua y puso delante de él un plato con sopa.

Ya el zapatero estaba muy triste. Dios no había venido. Se sentó ante el fuego de la chimenea, tomó los evangelios y aquel día los abrió al azar. Y leyó: "Porque tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, estaba desnudo y me vestiste... Cada vez que lo hiciste con uno de mis pequeños, a mí me lo hiciste." Se le iluminó el rostro al pobre zapatero. ¡Claro que Dios le había visitado! ¡No una vez, sino tres veces! Aquella noche, el zapatero se durmió pensando que era el hombre más feliz del mundo.

Así como ocurrió con el zapatero, Dios nos invita a preparar nuestro corazón para la venida de su Hijo muy amado. Por ello, la preparación consiste en amar y servir a toda persona que se nos presente en la vida, con bondad y generosidad. Por esta razón, pregúntate: ¿de qué manera me estoy preparando para recibir a Jesús en mi vida?

No hay comentarios:

Publicar un comentario