viernes, 24 de marzo de 2017

Reflexión Domingo 4 de Cuaresma. Ciclo A

VER MÁS ALLÁ DE LOS OJOS
 
Domingo 26 de marzo de 2017
IV Domingo de Cuaresma
Evangelio: San Juan 9, 1 - 41
 
Seguramente en nuestra vida hemos escuchado varias historias sobre ciegos, ya sean reales o en forma de cuento, incluso hemos jugado a la gallina ciega, que consiste en que a uno de los jugadores se le vendan los ojos, luego se le da vueltas y, sin poder ver, tiene que atrapar a los demás participantes. Sin duda alguna, las personas que han realizado este juego coinciden en señalar la impotencia, angustia e incertidumbre que sintieron al tener vendados los ojos y, a la vez, tratar de atrapar a sus amigos.
 
En este sentido, en el Cuarto Domingo del Tiempo de Cuaresma la reflexión de la Palabra de Dios gira en torno al tema de la vista, no sólo física, sino espiritual. Ver no sólo indica la capacidad de distinguir varias cosas o personas entre sí, sino que implica la capacidad de discernir la acción de Dios en la vida propia y en las de los demás.
 
En la Primera Lectura, el Profeta Samuel tiene la misión de ungir al elegido por Dios para ser el nuevo rey del pueblo de Israel. Para ello, tiene que ir a visitar la familia de Jesé y aunque al principio Samuel se deja llevar por la apariencia, él se deja llevar por la acción de Dios y ve en el hijo menor, en el pastor de ovejas, David, al elegido por Dios y lo unge. De este modo, ver con los ojos de Dios implica ir más allá de lo evidente y dejarse guiar por el Espíritu Santo, quien actúa desde lo más profundo de nuestro ser. En efecto, quien ve con los ojos de Dios descubre que en lo humilde y sencillo está la grandeza del Señor.
 
Por otra parte, San Pablo en la Segunda Lectura nos invita a vernos como hijos de la luz, gracias a la resurrección de Jesús, a diferencia de quienes se encuentran en las tinieblas. Ahora bien, la manera de identificar a quienes se encuentran entre la luz y las tinieblas se halla en las obras de cada uno. Por una parte, los hijos de la luz buscan salir de sí mismos y ser generosos, mientras que por otra, los hijos de las tinieblas se caracterizan por la búsqueda de sus propios intereses egoístas, sin fijarse en las realidades de los que están a su alrededor. En otras palabras, el hijo de la luz ve el rostro de Jesús en todas las personas que lo rodean y, por ello, sus obras se orientarán al servicio de todos.
 
En este orden de ideas, el Evangelio nos muestra la curación que hizo Jesús a un hombre ciego de nacimiento. Este signo milagroso es realizado por el Señor en sábado, lo cual fue motivo de crítica por parte de los judíos.
 
Ciertamente, Jesús se ocupa por salvar a la persona y, para ello, primero conoce la situación de la persona, lo que la aqueja, aquello que la ata desde adentro y no le permite ver la vida nueva  plena que Él le ofrece. Por esta razón, Jesús va más allá de la prohibición de realizar un signo milagroso en sábado, precisamente porque no se limita a la curación física, sino que Jesús quiere a salvar a la persona por completo, tanto interior como exteriormente, y ayudarla a ver el amor y la misericordia de Dios en su vida cotidiana. Lamentablemente, los demás judíos se encerraron en sus cegueras y prefirieron seguir sus prejuicios y etiquetas, en vez de ver en Jesús al Hijo de Dios, gracias a sus señales milagrosas.

 
Igualmente, podemos recordar a tantas personas que, gracias a su seguimiento radical y fiel de Jesús, pudieron ayudar a que otras personas pudieran superar sus cegueras, de tal modo que reconocieran la acción misericordiosa de Dios en sus vidas, como sucedió con la Madre Teresa de Calcuta, quien supo poner en práctica las enseñanzas y las actitudes de Jesús, especialmente la misericordia frente al enfermo, al marginado y al excluido. Con su ejemplo de vida, la Madre Teresa supo ver en la otra persona a una hija de Dios necesitada de su amor y bondad.
 
Por último, podemos preguntarnos: ¿De cuáles cegueras necesitamos ser sanados por el Señor Jesús?

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