EL MODO DE ACTUAR DE JESÚS RESUCITADO
Domingo 30 de abril de 2017
III Domingo de Pascua. Ciclo A
Evangelio: San Lucas 24, 13 - 35
En la vida solemos encontrarnos con personas que, con su modo de ser y sus enseñanzas, nos han abierto los ojos frente a una situación determinada. En esos momentos, cuando dichas personas nos han presentado otro horizonte, nos decimos a nosotros mismos, con sorpresa y desconcierto: ¡Cómo no lo había visto antes!
Algo similar les ocurrió a los discípulos que iban de Jerusalén hacia Emaús. Ellos se encontraban discutiendo, perplejos por la muerte de Jesús en la cruz. Esta actitud de pesadumbre podría verse como una forma de huida de la realidad, pues la salida de Jerusalén representa el abandono de un proyecto que, aparentemente, había fracasado.
En medio de tales circunstancias, los discípulos se encuentran con un forastero, que es Jesús resucitado, quien se hace el encontradizo, pero ellos no lo reconocen, pues están cegados por la tristeza y el dolor. Jesús se acerca a sus discípulos, no los abandona, sino que los acompaña y los escucha. Aquí podríamos preguntarnos por qué los discípulos no lo reconocieron y, ante esto, podríamos decir que, en medio de la tristeza y el dolor, su mirada era fatalista y estaba cerrada en un callejón sin salida, ya que no vieron la pasión y la muerte de Jesús con los ojos de la fe, sino con la mirada sesgada de los sentidos, de las evidencias, esto es, de la mentalidad racional que busca pruebas tangibles y seguridades en las cuales pretende aferrarse.
Por ello, Jesús les escucha y les inflama el corazón por medio de la Palabra: "¡Qué duros de entendimiento!, ¡cómo les cuesta creer lo que dijeron los profetas! ¿No tenía que padecer eso el Mesías para entrar en su gloria? Y comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que en toda la Escritura se refería a Él." (Lucas 24, 25-27). Esta manera de enseñar de Jesús no es sólo un análisis académico de las Escrituras, sino que es una forma de tocar el corazón y sacudir la propia existencia. Como ocurrió en el ejemplo con el cual iniciábamos esta reflexión, Jesús abrió el horizonte de los discípulos y les ofreció un sentido a sus corazones desolados y apesadumbrados.
De este modo, Jesús nos presenta una nueva pedagogía para acercarnos a la Sagrada Escritura, que no consiste en una lectura de la Sagrada Biblia para adquirir cultura general, sino en verla como un referente, es decir, en un espejo sobre el cual podemos reflejar nuestra propia historia y dejar que ésta sea enriquecida por Dios mismo a través de su Palabra.
Ahora bien, al concluir el camino, Jesús hace ademán de seguir adelante y los discípulos, ya tocados por su modo de enseñar del Señor Resucitado, lo invitan a quedarse con ellos. Jesús accede y se sienta a la mesa con ellos. A través de la acción de partir el pan, los discípulos reconocen a Jesús Resucitado, ¿por qué? Porque sólo Él parte y bendice el pan de esa manera, esto es, el pan eucarístico sólo puede ser partido, bendecido y compartido por el Señor Jesús, el Hijo de Dios y esta experiencia es tan radical y tan clara para los discípulos que todas sus dudas desaparecen, para abrir paso al gozo y a la alegría que produce reconocer la acción del Señor Resucitado en sus vidas: "¿No sentíamos arder nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba la Escritura?" (Lucas 24, 32). Esta es la experiencia que vivimos todos los creyentes en la Eucaristía, pues allí Jesús nos entrega su cuerpo y su sangre para que tengamos una vida plena, nos hace arder el corazón por medio de su Palabra y nos invita a ser un pan que se comparte a los demás, como Él mismo lo hace.
Sin embargo, el gozo no se queda en una alegría pasajera, sino que impulsa a la misión, a salir a compartir la experiencia vivida con Jesús Resucitado con los demás. Por ello, los discípulos vuelven a Jerusalén, lugar que deja de ser el espacio de muerte y dolor, para ser el terreno de misión, pues los discípulos se sienten movidos por el Señor a anunciar la Resurrección de Jesús a todos los demás.
Por todo lo anterior, vale la pena que nos preguntemos: ¿Arde mi corazón ante la acción de Jesús Resucitado?
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