sábado, 17 de marzo de 2018

Reflexión Domingo 5 de Cuaresma. Ciclo B



DOMINGO 5 DE CUARESMA
San Juan 12, 20-33:
 
Ya estamos en el cierre del Tiempo de Cuaresma y la Palabra de Dios ya nos conduce a la inminencia del destino de Jesús: la cruz. Por esta razón, las lecturas de este domingo nos ayudarán a centrar la mirada en torno al significado de la cruz de Jesús. De este modo, veamos algunos rasgos importantes del Evangelio según san Juan que hemos proclamado hoy.
 
En primer lugar, la narración del Evangelio nos muestra la aparición de un grupo de griegos. El evangelista san Juan nos deja pendiente la narración de la entrada de Jesús en Jerusalén, para presentarnos la llegada de unos griegos que quieren ver a Jesús, sin darnos muchas explicaciones acerca de su procedencia. Ellos representan a los gentiles, es decir, son aquel conjunto de la humanidad que viene a Jesús, aunque la venida plena a la fe de los gentiles acontecerá después de Pascua, pues ellos pertenecen a los que creen sin haber visto.
 
 
En segundo lugar, Jesús nos ofrece una serie de breves pinceladas sobre el significado de su muerte, para lo cual utiliza un lenguaje altamente conmovedor. Por lo mismo, la necesidad de su muerte es ilustrada en la parábola del grano de trigo que cae en tierra para dar fruto. En efecto, el centro de esta comparación consiste en hacernos ver la consecuencia universal de la salvación que va a conseguir la muerte de Jesús.


En tercer lugar, luego de la parábola, Jesús pronuncia las siguientes palabras: “Ahora mi espíritu está agitado y, ¿qué voy a decir? ¿Qué mi Padre me libre de este trance? No, que para esto he llegado a este trance”, las cuales corresponden a la oración de Getsemaní. A través de éstas, Jesús acepta su misión y se confía a la voluntad del Padre, por medio de una oración breve y generosa: “Padre, da gloria a tu Nombre”. Esta invocación la podemos asemejar a la petición que aparece en la oración del Padrenuestro: “Santificado sea tu nombre” (Mt 6,9), mediante la cual se pide no sólo que la humanidad glorifique a Dios, sino que Él se manifieste en el mundo.
 
En cuarto lugar, para Jesús, la gloria del Padre se convierte en su propia gloria. Por ello, a las palabras de Jesús se une la voz del cielo que confirma y sella la decisión de Jesús: “Lo he glorificado y de nuevo lo glorificaré”, es decir, Jesús ha sido confirmado por el Padre en su misión salvadora y será glorificado en su muerte y resurrección.

En quinto lugar, así como sucede con el grano de trigo, nosotros como creyentes, estamos llamados a dar lo mejor de nosotros mismos al servicio de los demás. Quizás, uno de las mayores tentaciones que a veces tenemos es ser conformistas y contentarnos con dar lo mínimo, teniendo la posibilidad de dar lo máximo, de darlo todo, así como lo hizo Jesús.
 
Por ende, puedes preguntarte qué tan generoso has sido en el servicio a los demás, empezando por tu casa, tus amigos, tus vecinos y tus compañeros de trabajo: ¿A qué tengo que morir para dar fruto?

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