sábado, 14 de abril de 2018

Reflexión Domingo 3 de Pascua. Ciclo B


DOMINGO 3 DE PASCUA
San Lucas 24, 35-48:

 
Cuando nos encontramos caminando en el campo y llegamos frente a una colina, para subir más rápido debemos estar ligeros de equipaje. Entre más carga llevemos, la subida será más pesada, larga y complicada, mientras que quien lleva justo lo necesario, tendrá un ascenso más ágil. Hoy, cuando celebramos el Tercer Domingo de Pascua, recordamos que para seguir a Jesús Resucitado es necesario liberarnos de los apegos, es decir, de aquellas pesadas cargas que impiden nuestra cercanía con Jesús y, al contrario, nos distancian de su seguimiento.

 
Precisamente, el Evangelio de hoy nos muestra que la Resurrección de Jesús ha sido el acto de liberación de Dios a la humanidad. Sin embargo, nos podemos preguntar de qué nos ha liberado Dios, especialmente en una sociedad como la actual que quiere olvidarse de Dios, porque se nos ha inculcado que todo se puede hacer y nos consideramos tan autosuficientes que hemos llegado a querer una vida sin límites, bajo el lema: "vive al máximo". Lamentablemente, esa no es la libertad verdadera, ya que a la larga terminaremos esclavizados por los ídolos que en estos momentos se están presentando: el dinero, el poder, la fama, el erotismo desmedido, el afán de reconocimiento. Vivir la vida sin límites nos conduce a malgastar nuestro dinero sin medida, a aspirar a lograr cargos y trabajos de alto reconocimiento sin importar pisotear al otro y a vivir desproporcionadamente, afectando a la creación y a la gente más frágil.
 

En este sentido, la Resurrección de Jesús la podemos comprender como un acto de liberación de apegos, miedos y dependencias. De modo similar, podemos apreciar que, poco a poco, toda la comunidad de discípulos se va contagiando de la fe en la resurrección del Señor y se va liberando de los miedos y de la tristeza que les ocasionó la pasión y muerte del Señor. Luego de la aparición de Jesús a los discípulos de Emaús, Él nuevamente se aparece a sus discípulos. Este nuevo  encuentro con Jesús nos da la idea de que fue un proceso que comenzó con unos cuantos hasta llegar a convertirse en una vivencia de tipo comunitario.
 

Así como ocurre en nuestra vida espiritual, en donde paulatinamente vamos profundizando en nuestra relación con Dios a pesar de nuestras propias limitaciones, seguramente los discípulos también experimentaron las dudas, el temor, el sentimiento de frustración y de derrota. Por eso, en estos primeros encuentros con el Resucitado ellos sintieron confusión, pues creían estar viendo a un fantasma.
 

Sin embargo, Jesús es comprensivo con sus discípulos y por eso nuevamente, como en el pasaje de Emaús, acude a la Escritura y les abre las mentes para que entiendan y una vez más utiliza el signo de la comida, en donde los discípulos han sido liberados de sus miedos a través de una experiencia comunitaria de fe en la Resurrección y de afecto total al Señor Resucitado. Así, la comunidad de discípulos termina todo un proceso formativo, recordando las palabras y los signos del Maestro durante su vida pública.

 
Por lo anterior, vale que te preguntes: ¿Eres ligero de equipaje para seguir a Jesús Resucitado?

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