DOMINGO 2 DE PASCUA O DE LA
DIVINA MISERICORDIA
San Juan 20, 19-31:
En
la fiesta de la Divina Misericordia, el Evangelio de hoy nos presenta la
aparición de Jesús resucitado a los discípulos. A pesar del miedo que ellos
sentían a los judíos, Jesús se presenta en medio de ellos, los anima y los
convierte en misioneros. Por ello, vale la pena reflexionar sobre varios
elementos que ofrece este texto.
En
primer lugar, el texto nos dice que las puertas del lugar en donde se
encontraban los discípulos estaban trancadas. Vale la pena aclarar que las
puertas se trancan desde dentro, es decir, fue por voluntad propia que los
discípulos cerraron las puertas y, con ellas, también lo estaban sus corazones,
pues el miedo había puesto una barrera que no les permitía ver a Dios.
En
segundo lugar, Jesús se colocó en medio de ellos, lo que quiere decir que Él se
hizo cercano, los acompañó y no marcó diferencias con ellos. Además, les regaló
su paz. Lo mismo hace el Señor con nosotros, sobre todo cuando atravesamos
situaciones difíciles, pues de diversas maneras nos manifiesta que Él está con
nosotros e incluso, sin entenderlo, sentimos una profunda paz.
En
tercer lugar, luego de repetir el regalo de la paz, Jesús los envía, de igual
modo que Él ha sido enviado por su Padre del Cielo. Cuando una persona tiene
una profunda experiencia espiritual de Dios, en la cual se siente renovada,
amada y perdonada, se sentirá impulsada a anunciar aquella experiencia. Sin
embargo, la experiencia de Dios se vive en comunidad, en Iglesia y no como si
fuese una isla.
En
cuarto lugar, encontramos la figura de Tomás, quien no estaba presente durante
la aparición de Jesús resucitado a los discípulos. Por ello, él duda y no cree
en las palabras de los demás, sino que se fía solamente de sus sentidos, esto
es, en lo que pueda ver y tocar. Quizás nosotros también nos relacionamos así
con el Señor Jesús, pues le exigimos pruebas de su acción misericordiosa en
nuestras vidas. Ante esto, Jesús resucitado vuelve a aparecer a los discípulos,
esta vez con la presencia de Tomás y lo invita a que constate su presencia real,
tocando sus llagas, lo que significa que para experimentar la resurrección del
Señor es necesario tener una profunda relación interior con Él, a través de la
oración con la Palabra de Dios y de una continua vida sacramental,
especialmente de la celebración eucarística, de tal modo que podamos aumentar
nuestra fe en el Señor Jesucristo que murió en la cruz y resucitó, pues no
podemos comprender la resurrección sin la cruz, y viceversa, ya que son dos
caras de la misma moneda.
Por
último, la tarea que el Señor nos propone con esta bella narración del
Evangelio es reconocer su acción bondadosa en nuestras vidas y poner en
práctica la misericordia que hemos recibido de Dios, pues la acción del Señor
Resucitado no se queda en palabras, sino que se pone por obra a favor de
quienes nos rodean: ¿Cómo practico la misericordia hacia mis hermanos?
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