viernes, 18 de mayo de 2018

Reflexión Domingo de Pentecostés. Ciclo B


DOMINGO DE PENTECOSTÉS

San Juan 20, 19-23:

 

En la solemnidad de Pentecostés, el Evangelio de hoy nos presenta la aparición de Jesús resucitado a sus discípulos. A pesar del miedo que ellos sentían a los judíos, Jesús se presenta en medio de ellos, los anima, les regala el Espíritu Santo y los convierte en misioneros. Por ello, vale la pena reflexionar sobre varios elementos que ofrece este texto.

 

En primer lugar, el texto nos dice que las puertas del lugar en donde se encontraban los discípulos estaban trancadas. Vale la pena aclarar que las puertas se trancan desde dentro, es decir, fue por voluntad propia que los discípulos cerraron las puertas y, con ellas, también lo estaban sus corazones, pues el miedo había puesto una barrera que no les permitía ver a Dios.

 

En segundo lugar, Jesús se colocó en medio de ellos, lo que quiere decir que Él se hizo cercano, los acompañó y no marcó diferencias con ellos. Además, les regaló su paz y el Espíritu Santo. Lo mismo hace el Señor con nosotros, sobre todo cuando atravesamos situaciones difíciles, pues de diversas maneras nos manifiesta que Él está con nosotros e incluso, sin entenderlo, sentimos una profunda paz, toda vez que nos dejamos guiar por el Espíritu.

 

En tercer lugar, con el regalo del Espíritu Santo, propio de la acción de Jesús Resucitado, el creyente recibe también los dones de la paz y de la unidad. Precisamente, dichos dones nos pueden servir como criterios para examinar nuestra vida cotidiana y nuestra relación con los demás, en la medida en que si buscamos convivir con otras personas de modo transparente, solidario, honesto, llegamos a ser constructores de comunidad, guiados por el Espíritu Santo. Al contrario, si nos encerramos en nuestros intereses egoístas e individualistas, nos alejamos de la guía del Espíritu y cerramos las puertas de nuestro corazón a la acción de Dios.

 

En cuarto lugar, luego de repetir el regalo de la paz, Jesús los envía, de igual modo que Él ha sido enviado por su Padre del Cielo. Cuando una persona tiene una profunda experiencia espiritual de Dios, en la cual se siente renovada, amada y perdonada, se sentirá impulsada a anunciar aquella experiencia. Sin embargo, la experiencia de Dios se vive en comunidad, en Iglesia y no como si fuese una isla.

 

Por último, la tarea que el Señor nos propone con esta bella narración del Evangelio es reconocer su acción bondadosa en nuestras vidas y dejarnos guiar por el Espíritu Santo, quien nos impulsa a salir al encuentro de la otra persona, pues la acción del Señor Resucitado no se queda en palabras, sino que se pone por obra a favor de quienes nos rodean: ¿Me dejo guiar por el Espíritu Santo?

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