viernes, 8 de junio de 2018

Reflexión Domingo 10 del Tiempo Ordinario. Ciclo B

DOMINGO 10 DEL TIEMPO ORDINARIO
San Marcos 3, 20-35:
 

En la actualidad, notamos con extrañeza que en varios grupos sociales, especialmente entre compañeros de trabajo, existe mucha rivalidad y competencia desleal. Cuando alguien logra un ascenso, varios de sus antiguos compañeros diseñan estrategias para desprestigiarlo y menospreciar sus logros e iniciativas, ya que se sigue el lema “todo vale”.


Algo similar le sucedió a Jesús, pues algunos sectores judíos, especialmente quienes representaban a las autoridades, señalaban que sus acciones milagrosas provenían de Belzebú. En medio de estas críticas, Jesús responde con una sencilla comparación, puesto que un hombre no puede defenderse ante los ataques de alguien más fuerte.
 

A través de dicho ejemplo, lo que nos quiere enseñar Jesús es que del mismo ser no pueden venir el bien y el mal al tiempo. Es más, con sus curaciones, lo que nos muestra el Señor es la intervención especial de Dios en favor de toda persona necesitada, pues Él es la fuente de la bondad y de la misericordia. En otras palabras, si en el mundo hay iniquidad y pecado, en Dios hay amor y compasión.
 

Por consiguiente, en nuestra relación con Dios estamos llamados a crecer en confianza y en abandono generoso en las manos del Señor. Esta actitud de fe se ve manifestada en gestos concretos y en una vida espiritual cada vez más profunda, en la cual la persona aprende a escuchar la voz de Dios y a poner en práctica todas las enseñanzas de Jesús. Quien le abre el corazón a Dios no puede blasfemar contra el Espíritu y, al contrario, deja que su interior se llene por Él. Por esta razón, quienes se dejan guiar por el Espíritu Santo forman parte de la familia del Señor, son su madre, hermanos y hermanas.   


En síntesis, la Palabra de Dios nos ofrece dos enseñanzas para nuestra vida diaria: primero, estamos llamados a reconocer la acción bondadosa de Dios en nosotros y en los demás y, segundo, debemos aprender a identificar y apreciar aquellas cualidades, talentos y logros que poseen los demás, pues donde hay amor y bondad, también se encuentra presente el Señor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario