San Marcos 3, 20-35:
En
la actualidad, notamos con extrañeza que en varios grupos sociales,
especialmente entre compañeros de trabajo, existe mucha rivalidad y competencia
desleal. Cuando alguien logra un ascenso, varios de sus antiguos compañeros
diseñan estrategias para desprestigiarlo y menospreciar sus logros e
iniciativas, ya que se sigue el lema “todo vale”.
Algo
similar le sucedió a Jesús, pues algunos sectores judíos, especialmente quienes
representaban a las autoridades, señalaban que sus acciones milagrosas
provenían de Belzebú. En medio de estas críticas, Jesús responde con una
sencilla comparación, puesto que un hombre no puede defenderse ante los ataques
de alguien más fuerte.
A
través de dicho ejemplo, lo que nos quiere enseñar Jesús es que del mismo ser
no pueden venir el bien y el mal al tiempo. Es más, con sus curaciones, lo que
nos muestra el Señor es la intervención especial de Dios en favor de toda
persona necesitada, pues Él es la fuente de la bondad y de la misericordia. En
otras palabras, si en el mundo hay iniquidad y pecado, en Dios hay amor y
compasión.
Por
consiguiente, en nuestra relación con Dios estamos llamados a crecer en confianza
y en abandono generoso en las manos del Señor. Esta actitud de fe se ve
manifestada en gestos concretos y en una vida espiritual cada vez más profunda,
en la cual la persona aprende a escuchar la voz de Dios y a poner en práctica
todas las enseñanzas de Jesús. Quien le abre el corazón a Dios no
puede blasfemar contra el Espíritu y, al contrario, deja que su interior se
llene por Él. Por esta razón, quienes se dejan guiar por el Espíritu Santo
forman parte de la familia del Señor, son su madre, hermanos y hermanas.
En
síntesis, la Palabra de Dios nos ofrece dos enseñanzas para nuestra vida
diaria: primero, estamos llamados a reconocer la acción bondadosa de Dios en
nosotros y en los demás y, segundo, debemos aprender a identificar y apreciar
aquellas cualidades, talentos y logros que poseen los demás, pues donde hay
amor y bondad, también se encuentra presente el Señor.
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