SOLEMNIDAD DEL CUERPO Y LA
SANGRE DE CRISTO
San Marcos 14, 12-16.22-26:
Hoy
como Iglesia celebramos la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Jesús. Por
ello, en el Evangelio de hoy, que corresponde a la última cena del Señor con
sus discípulos, Él nos ofrece su Cuerpo y su Sangre como alimento para nuestra
salvación.
En
algunas ocasiones, vemos que hay personas que postergan la invitación a la cena
del Señor, la Sagrada Eucaristía, porque dentro de sus prioridades prefieren
perseguir sus propios intereses y dejan al Señor en un segundo o tercer lugar
dentro de las opciones para su vida y su felicidad. Esta actitud, que hoy en
día puede ser asumida por varias personas, se parece a la de aquella parábola
que Jesús también propone del gran banquete al cual todos los invitados se
disculparon y no fueron, razón por la cual el anfitrión mandó llamar a los
pobres, inválidos, ciegos, cojos y cuantos hubiera en las calles. Los primeros
invitados presentaron diversas excusas y se negaron a ir, colocando por encima
sus situaciones particulares a la invitación de aquel hombre (San Lucas 14, 15-24).
Algo
similar nos ocurre a nosotros cuando, en ocasiones, recibimos alguna invitación
y nos excusamos, porque en el fondo no queremos asistir. Cuando las personas
tienen la disposición para hacer algo o para participar en algún evento, por
más ocupaciones que se tengan, siempre se buscará la alternativa adecuada para
poder responder con todos los compromisos pendientes. En estos casos, olvidamos
que la Eucaristía es el gran banquete al cual nos invita Jesús y en dónde Él se
ofrece a sí mismo para que nosotros recibamos el alimento que nos proporciona
la vida nueva y eterna.
De
la misma manera nos ocurre en nuestra relación con Dios, ya que el Señor nos
invita a participar de su banquete eucarístico, para alimentarnos con su
Palabra y con su Cuerpo y su Sangre y, junto con nosotros, Él invita a toda la
humanidad, especialmente a los pobres, necesitados y marginados. Jesús siempre
tiene las puertas abiertas para acogernos, nuestra tarea es abrir nuestro
corazón para recibirlo.
En tu relación con los demás, ¿de qué manera compartes con ellos tu fe en Jesús Eucaristía?
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