viernes, 1 de junio de 2018

Reflexión Solemnidad de Corpus Christi. Ciclo B


SOLEMNIDAD DEL CUERPO Y LA SANGRE DE CRISTO
San Marcos 14, 12-16.22-26:
 

Hoy como Iglesia celebramos la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Jesús. Por ello, en el Evangelio de hoy, que corresponde a la última cena del Señor con sus discípulos, Él nos ofrece su Cuerpo y su Sangre como alimento para nuestra salvación.
 

En algunas ocasiones, vemos que hay personas que postergan la invitación a la cena del Señor, la Sagrada Eucaristía, porque dentro de sus prioridades prefieren perseguir sus propios intereses y dejan al Señor en un segundo o tercer lugar dentro de las opciones para su vida y su felicidad. Esta actitud, que hoy en día puede ser asumida por varias personas, se parece a la de aquella parábola que Jesús también propone del gran banquete al cual todos los invitados se disculparon y no fueron, razón por la cual el anfitrión mandó llamar a los pobres, inválidos, ciegos, cojos y cuantos hubiera en las calles. Los primeros invitados presentaron diversas excusas y se negaron a ir, colocando por encima sus situaciones particulares a la invitación de aquel hombre (San Lucas 14, 15-24).
 

Algo similar nos ocurre a nosotros cuando, en ocasiones, recibimos alguna invitación y nos excusamos, porque en el fondo no queremos asistir. Cuando las personas tienen la disposición para hacer algo o para participar en algún evento, por más ocupaciones que se tengan, siempre se buscará la alternativa adecuada para poder responder con todos los compromisos pendientes. En estos casos, olvidamos que la Eucaristía es el gran banquete al cual nos invita Jesús y en dónde Él se ofrece a sí mismo para que nosotros recibamos el alimento que nos proporciona la vida nueva y eterna.
 

De la misma manera nos ocurre en nuestra relación con Dios, ya que el Señor nos invita a participar de su banquete eucarístico, para alimentarnos con su Palabra y con su Cuerpo y su Sangre y, junto con nosotros, Él invita a toda la humanidad, especialmente a los pobres, necesitados y marginados. Jesús siempre tiene las puertas abiertas para acogernos, nuestra tarea es abrir nuestro corazón para recibirlo.

 
En tu relación con los demás, ¿de qué manera compartes con ellos tu fe en Jesús Eucaristía?

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