San Lucas 1, 57-66. 80:
Celebramos
hoy la Solemnidad del nacimiento de San Juan Bautista. Cabe anotar que, aparte
del nacimiento de Jesús y de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen, es el único santo a quien la
Iglesia celebra la fiesta de su nacimiento. San Agustín dice que “la Iglesia celebra el nacimiento de Juan
como algo sagrado, y él es el único cuyo nacimiento festeja; celebramos el
nacimiento de Juan y el de Cristo”. (Sermón 293,1)
Ante
esta solemnidad, cabría preguntarnos, ¿por qué celebramos esta solemnidad? ¿Cuál
es su significado? Precisamente, el valor de esta fiesta radica en la misión a
la cual fue enviado Juan el Bautista por Dios. En este sentido, vale la pena
tener en cuenta la figura de Juan el Bautista dentro del plan de Salvación de
Dios. Juan Bautista ha sido considerado el puente o la transición entre el Antiguo
Testamento y el Nuevo Testamento y fue el elegido para preparar el camino del
Mesías.
Por
eso, el evangelista San Lucas resalta la época en la cual nació y vivió Juan,
pues es un momento histórico muy concreto: “El
año decimoquinto del imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilato procurador
de Judea, Herodes tetrarca de Galilea” (San Lucas 3,1). Juan marca la línea
de división entre los dos testamentos y, al mismo tiempo, le da continuidad al
plan de salvación de Dios al ser el precursor del Señor.
Ante
Israel, es decir, ante el pueblo elegido, Juan ejerce esta misión de ser
precursor del Señor, esto es, ser quien anuncia a otro, pues llama a Jesús “Cordero de Dios” (San Juan 1, 29-34).
Este título nos muestra tres rasgos bíblicos del Mesías que, como el cordero,
da su vida con mansedumbre para la salvación de la humanidad: es el «Cordero
vencedor»: imagen tomada del libro del Apocalipsis, que designa al líder
soberano; es el «Cordero expiatorio»: imagen del Siervo del Señor que redime
con su muerte, según el profeta Isaías; es también el «Cordero pascual
liberador»: Jesús se entrega por el pecado del mundo, como el cordero de la
pascua judía. A Jesús en la cruz, igual que al Cordero pascual, no le quebrarán
ningún hueso. ¿Cómo quita Jesús el pecado de la humanidad? Asumiendo la
condición humana y ofreciéndose desde la cruz, en ofrenda voluntaria y servicio
de amor. Desde la cruz nos da el Espíritu Santo, que purifica y perdona todos
nuestros pecados.
Ahora
bien, Juan no sólo da testimonio de Jesús a través de la palabra, sino que su
mismo estilo de vida austero estaba en perfecta armonía con su anuncio. De
hecho, la misión de Juan implica también desaparecer, quedar en segundo plano
cuando aparece quien ha sido anunciado por él, para lo cual se requiere
humildad y desprendimiento, ser “la voz
que clama en el desierto”. Para nuestro camino de fe, estos rasgos de Juan
el Bautista, hasta ahora señalados, nos sirve para reconocer la acción de Dios
de una manera sencilla y, a la vez, descubrir que como Juan estamos llamados a
anunciar al Señor Jesús con nuestro ejemplo de vida, sin buscar reconocimientos
o protagonismos, sino con la sencillez del discípulo misionero que es
consciente que sólo el Señor Jesús nos ofrece el regalo de la salvación y del
perdón de los pecados.
Del
testimonio de Juan el Bautista podemos descubrir el modo preciso de la acción
de Jesús, quien nos permite irradiar amor, paz y misericordia a los demás. Por esto,
preguntémonos: ¿soy testimonio de Jesús ante quienes me rodean?
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