Domingo
de Ramos, en la Pasión del Señor. Ciclo C
¿De qué manera respondo ante tanto amor que recibo
del Señor?
Isaías 50, 4-7
Salmo 22
Del Apóstol San Pablo a los Filipenses 2, 6-11
San Lucas 19, 28-40
Lectura de la Pasión: San Lucas 23, 1-49
Con
las Lecturas de este Domingo de Ramos, o de la Pasión del Señor, damos inicio a
la celebración de la Semana Santa. Jesús entra a Jerusalén aclamado como rey,
pero a los pocos días muere crucificado. Varios de los que seguían a Jesús
estaban acostumbrados a sus milagros y a su predicación, pero no esperaban que
su Maestro muriera en la cruz. Por eso, cuando Jesús es apresado por las
autoridades judías, la gran mayoría lo abandonó, pues temía sufrir el mismo
destino de Jesús.
Precisamente,
la mayor expresión del amor de Jesús hacia la humanidad lo encontramos en la
cruz. Jesús fue siempre obediente a su Padre y, por ello, no dejó de anunciar
el Reino de Dios con sus palabras, con sus acciones y, sobre todo, con su
propio ejemplo.
La
escena de la muerte de Jesús en la cruz encierra una profunda enseñanza sobre
el amor y la entrega incondicional para toda la humanidad: “Entonces se lo llevaron. (…) Lo seguía también una gran cantidad de
gente y en especial mujeres que lo compadecían dándose golpes de pecho y
lanzando lamentos” (Lucas 23, 26a. 27). En primer lugar, Jesús cargó con su
cruz, es decir, asumió las consecuencias de su predicación y de sus obras con
las que anunció el Reino de Dios. En la actualidad, cuando se promueve el
individualismo, nos cuesta asumir las responsabilidades de nuestros actos y
buscamos siempre que otra persona responda.
En
segundo lugar, ante el mal, la injusticia y la iniquidad del mundo, Jesús
respondió de la misma manera que su Padre, es decir, con plena bondad; como se
menciona en el Antiguo Testamento, “El
Señor es quien me ayuda: por eso no me hieren los insultos” (Isaías 50, 7a).
En tercer lugar, Jesús fue puesto en medio de otros dos que fueron
crucificados, según nos lo cuenta el Evangelio de San Lucas, lo que quiere decir
que Jesús se convierte en el camino para llegar al Padre gracias a su muerte en
la cruz.
Pero
a Jesús no le basta con regalarnos una nueva vida a través de su entrega en la
cruz, sino que nos ofrece también su perdón: “Pero Jesús decía: Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen” (Lucas
23, 34). En los judíos, en las autoridades religiosas, en la gente que se
burlaba o criticaba a Jesús estamos representados todos los seres humanos, en
la medida en que también no hemos sabido responder a tanto amor y bondad que
recibimos de Dios. Sin embargo, Jesús con su pasión y muerte nos perdona.
Por
último, después de habernos enseñado con la cruz la responsabilidad, la bondad
y el camino para llegar al Padre y luego de regalarnos su perdón y una madre, Jesús ya está
listo para entregar su vida, su último aliento, a su Padre amado, de la misma
forma como aquel que ha hecho su tarea con excelencia y amor: “Y Jesús con voz potente, dijo: Padre, en
tus manos encomiendo mi espíritu. Y dicho esto expiró” (Lucas 23, 46).
Queda
preguntarnos: ¿De qué manera respondo ante tanto amor que recibo del Señor?
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