Domingo
de Resurrección. Ciclo C
¿Cómo doy testimonio de Jesús Resucitado en mi vida
diaria?
Lecturas:
Hechos
de los Apóstoles 10, 34a. 37-43Salmo 117
De la Carta de San Pablo a los Colosenses 3, 1-4
San Juan 20, 1-9
¿Cuál
es la primera imagen que te aparece en la mente cuando te mencionan la palabra
Pascua? Existen personas que recuerdan la salida de Egipto del pueblo de
Israel, otras personas, un poco modernas, piensan en un conejito y en unos
huevos de colores, lo cual es una costumbre Norteamericana. En cambio, la
Pascua en la que creemos los cristianos
es la Resurrección de Jesús, es la esperanza y la alegría de sentir que
la vida del Señor no se acabó el Viernes Santo en la Cruz, sino que Él venció a
la muerte y con su sacrificio nos regaló la posibilidad de obtener la Vida
Eterna para toda la humanidad, porque Él mismo dijo: “Yo soy el camino, la
verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí.” (Juan 14, 6).
Por
eso, cuando Jesús se apareció a sus discípulos después de la Resurrección,
ellos sintieron paz y alegría y su fe se fortaleció; pasaron de ser los
discípulos temerosos que vivían escondidos por miedo a los judíos a ser
testigos valientes de la Resurrección de Jesús. Los Evangelios nos contarán las
diferentes apariciones de Jesús a sus discípulos y cómo Él logró
transformarlos, tal como lo cuenta el Evangelio de San Lucas en la escena de
los discípulos de Emaús: “Y se dijeron uno a otro: ¿No ardía nuestro corazón
mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?”. (Lucas 24,
32).
Algo
similar nos sucede a nosotros ahora, sobre todo cuando experimentamos la muerte
de un ser querido. Sentimos un dolor profundo, como si el mundo se nos acabara;
incluso, algunas personas piensan que Dios las ha abandonado. Con su
Resurrección, Jesús nos enseña que no todo está perdido y que nosotros también
podemos resucitar con Él a una vida nueva. No es volver a nuestro cuerpo, como
tampoco es una reencarnación, como lo piensan otras religiones. La Resurrección
es vivir una vida nueva en Dios y disfrutar de Su presencia. Para las familias
que viven la muerte del ser querido, el Señor las llena de paz y esperanza, así
como lo hizo con las hermanas de Lázaro cuando él había muerto. Por eso Marta
dijo: “Sí, Señor, yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios que tenía que
venir al mundo.” (Juan 11, 27).
Por
lo mismo, si leemos cuidadosamente el Evangelio según San Juan de este domingo,
descubrimos el triunfo de Jesús sobre la muerte a través de la Resurrección.
Jesús se presenta el primer día de la semana a María Magdalena, para instaurar
el Día del Señor, de tal modo que los creyentes lo dediquemos al culto y a la
alabanza de Dios. También es muy significativo reconocer que su primera
aparición se da a una mujer, puesto que los discípulos estaban escondidos, lo
que quiere decir que ellos aún no habían vivido la experiencia gozosa de la
Pascua de Jesús. Por ello, la resurrección de Jesús se convierte en la luz que
rompe con las tinieblas y la ceguera que había ocasionado la falta de fe en el
corazón de los discípulos, quienes no creyeron en el testimonio de María
Magdalena, sino hasta el momento en que Pedro y el discípulo amado fueron a
constatar personalmente lo que había dicho esta mujer. Más adelante, cuando
Jesús se aparezca a todos los discípulos y, especialmente a Tomás, reclamará su
falta de fe y felicitará a quienes crean sin haber visto, pues la Resurrección
del Señor no se reduce a un fenómeno físico que podamos comprobar con nuestros
sentidos, sino que es una experiencia de gozo profundo que invade el corazón y
cambia nuestra existencia.
Por lo anterior, Dios Padre nos invita a estar alegres, pues ¡Jesús, su Hijo, ha resucitado! La salvación de la humanidad es real y por eso los creyentes estamos de fiesta, porque Cristo ha vencido a la muerte. Pero la resurrección de Jesús no es un hecho que ocurrió hace 2000 años solamente, sino que Jesús sigue resucitando en cada hogar y en cada persona cuando hay esperanza y existe un cambio interior en cada uno. Por ejemplo, la persona que deja un vicio, o aquella que cambia de actitud y se hace más generosa y solidaria. Por eso, preguntémonos: ¿Qué cambio he vivido en esta Semana Santa? ¿Cómo doy testimonio de Jesús Resucitado en mi vida diaria?
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