DOMINGO 2 DE CUARESMA
San Marcos 9, 2-10:
En los deportes actuales, la noticia en boga en
nuestro país son los triunfos de los ciclistas en las grandes competiciones.
Por esta razón, ha aumentado la audiencia de las grandes vueltas ciclísticas y
ya varios medios de comunicación se han sumado a cubrir dichos eventos
deportivos. En este contexto, siempre se está a la expectativa de cuándo el
ciclista colombiano va a deslumbrar y demostrar todas sus capacidades, con el
fin de asegurar el triunfo en la carrera.
Este ejemplo puede ser aplicado en diversas
circunstancias humanas, cuando se espera que una persona o un grupo de personas
deslumbren por sus capacidades y demuestren todo su potencial ante una tarea
asignada, llámese proyecto, competencia o trabajo. Ciertamente, a lo largo de
su camino con Jesús, los discípulos estarían esperando el momento en que su
Maestro se revelara y vislumbrara al pueblo con sus dones como Mesías.
Sin embargo, el Señor decidió realizar un
anticipo de su Gloria sólo a unos cuantos de sus discípulos, a través de su
Transfiguración. Por tanto, podemos ver que Jesús no buscaba el reconocimiento
o el aplauso de las multitudes, sino que quería ofrecer un adelanto de la Vida
Nueva que Él mismo le va a regalar a la humanidad gracias a su Muerte y su
Resurrección y, con ello, también manifestarles a sus discípulos que Él era el
Mesías.
Así como ocurre con los deportistas, el momento
para mostrar sus capacidades no depende de los elogios del público, sino del
objetivo que el mismo deportista se ha trazado; por ejemplo, el ciclista da
todo de sí para ganar una competencia. Del mismo modo, Jesús se transfigura
ante sus discípulos para revelar su Gloria ante ellos y, con esto, regalarles
la paz, la fe y la esperanza, que eran necesarias para su seguimiento como
discípulos.
Puede
ser que a nosotros nos suceda algo parecido que a los discípulos y nos dejemos
llevar por el resplandor y la majestuosidad de la escena, en la cual aparece el
Señor resplandeciente en medio de Moisés y Elías. También a muchos de nosotros
nos gustaría hacer tres tiendas y quedarnos en el Monte Tabor con el Señor y
olvidarnos de nuestra realidad, la cual a veces no se parece en nada a la
escena de la Transfiguración.
Sin embargo, Jesús nos trae de nuevo a la
realidad y nos muestra que su manifestación divina se hace en la vida diaria,
mientras estamos trabajando y conviviendo con otras personas. Precisamente, es
en lo cotidiano en donde Jesús se nos presenta como el Señor y nos regala todo
su amor y su gracia. Por ello, debemos aprender a ser contemplativos en la vida
diaria, es decir, descubrir a Dios actuando en todas las personas y en toda la
creación.
Ahora, a nosotros nos corresponde descubrir
cómo se nos revela Jesús en nuestra vida diaria y cómo manifiesta su Gloria,
regalándonos una infinidad de bienes en la familia, en el trabajo, en el
estudio. Ante esto, vale la pena que nos preguntemos: ¿Cómo le respondo al
Señor, quien revela su Gloria en mi vida?
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