San Marcos 8, 27 – 35:
En el Evangelio de hoy encontramos dos escenas contrastantes: la
confesión de fe de Pedro y el anuncio de la pasión de Jesús. En el camino de
formación de los discípulos es importante reconocer a Jesús como el Señor quien
vino a cumplir con la misión encomendada por el Padre, esto es, la Salvación de
la humanidad; tarea que implica recorrer el camino de cruz. Por esta razón
Jesús les anuncia la Pasión a sus discípulos una vez Pedro ha realizado su
profesión de fe.
El Señor pregunta a sus discípulos quién dice la gente que es
Él. Las respuestas ya las hemos oído en diversas oportunidades: Juan el
Bautista, Elías, Jeremías o alguno de los profetas. Actualmente, puede ocurrir
algo similar si el Señor nos preguntase algo parecido: un gran profeta, un
líder espiritual, un gran personaje. Seguramente, alguien podría decir que
Jesús es el Señor, el Cristo o el Mesías, pero ¿qué significa esto?
El título del Mesías no debe comprenderse únicamente como
aquella promesa histórica que hizo Dios al pueblo de Israel en el Antiguo
Testamento, es decir, como alguien que debía liberar al pueblo de Israel de la
opresión de un pueblo determinado. Por ende ser el Mesías o el Señor es una
experiencia vital, personal y comunitaria, que para los creyentes proporciona
la liberación integral del sujeto y sana sus heridas interiores de todo el daño
ocasionado por el pecado. Vale la pena tener en cuenta que Jesús no es un
mesías político o glorioso desde los criterios humanos, sino que es un mesías
doliente que debe seguir el camino de la cruz para dar cumplimiento a la misión
encomendada por el Padre, tal como nos lo muestra la Primera Lectura del día de
hoy, tomada del Profeta Isaías y que nos muestra una parte del cántico del Siervo
Sufriente.
De este modo reconocer a Jesús como el Señor no es un logro
humano, sino el fruto de una experiencia profunda y cercana con Dios. Por ello
Jesús reprende a Pedro cuando él trató de increparlo ante el anuncio de su
Pasión, porque para el ser humano el camino para estar con Dios no supone la
cruz.
Por lo anterior, cuando el creyente ha identificado a Jesús como
el Señor también está llamado a recorrer el mismo camino de cruz de su Maestro,
es decir, está invitado a salir de sí mismo, de zona de comodidad y de su
individualismo, para amar y servir a los demás, mediante su ejemplo de vida,
sin buscar algún tipo de compensación o privilegios por su servicio.
Y tú, ¿estás dispuesto a cargar la cruz?
No hay comentarios:
Publicar un comentario