viernes, 21 de septiembre de 2018

Reflexión Domingo 25 del Tiempo Ordinario. Ciclo B

DOMINGO 25 DEL TIEMPO ORDINARIO
San Marcos 9, 30-37: 

El Evangelio de hoy nos presenta un segundo anuncio de la Pasión por parte de Jesús a sus discípulos. El camino hacia Jerusalén nos muestra dos actitudes: la primera es de una plena conciencia de Jesús frente a la misión que le encomendó su Padre y su destino en Jerusalén y la segunda es de confusión por parte de los Doce, ya que mientras el Maestro prosigue educando a los suyos en la actitud adecuada que deben mantener frente a la Pasión, su mensaje parece caer en saco roto, porque sus discípulos comienzan a discutir sobre quién debe ocupar el primer lugar entre ellos.  

Jesús sabe muy bien lo que significa ir a Jerusalén. Se prepara a sí mismo y también quiere preparar a los suyos. Por esta razón les anuncia tres veces lo que sucederá en Jerusalén: padecerá la Pasión y Muerte, pero también experimentará la Resurrección. Este anuncio es pascual, es decir, cargado de fe y esperanza; Jesús expresa con esas palabras el deseo de realizar la entrega de su vida como expresión de amor, de entrega total, no es un anuncio meramente informativo o pesimista, sino que es una catequesis formativa para los discípulos, puesto que. Jesús pretende educarlos para que comprendan la vida de su Maestro como un misterio pascual de entrega total.  

Sin embargo, cada vez que Jesús anuncia el misterio pascual sus discípulos se encuentran distraídos por otros temas, ya que aún no tienen una conciencia clara acerca de la misión que trae consigo el Mesías. Llama la atención que los discípulos no pidan aclaraciones al Maestro, porque están encerrados en sus propios intereses, pues ven la venida del Mesías al mundo como una oportunidad para obtener privilegios y unas condiciones de supremacía sobre los demás, tal como ocurría con los reinos e imperios de la época, en tanto que Jesús presenta su vida como un ser entregado en manos de los seres humanos.  

Jesús, por otra parte, con una bondad y una comprensión propias del Maestro, sigue preparándolos, indicándoles el camino adecuado que deben seguir, el del servicio humilde y desinteresado. Por consiguiente, interiorizando y asumiendo esta actitud es como nos preparamos para comprender la Pasión del Señor y sus consecuencias. 

Con el fin de hacer más significativa su enseñanza, Jesús acompaña sus palabras con un gesto: Pone a un niño en el centro y le abraza tiernamente. Este hecho constituye un primer mensaje de la atención dirigida al niño que por lo general carecía de valor en la sociedad de aquel tiempo. Al identificarse con un niño, Jesús da valor a una realidad que a los ojos del mundo parecía de escaso o ningún valor, ya que a través del servicio y acogida a los demás encontramos el modo correcto para ir a Jerusalén y seguir a Jesús en su Misterio Pascual.  

Lo anterior debe conducirnos a reflexionar sobre dos puntos importantes en nuestra relación con el Señor: Por una parte, ¿cuál es la pedagogía que utiliza Jesús con nosotros? ¿Él cómo nos enseña su Palabra? Y por otra, ¿realmente escuchamos la voz de Dios? ¿Cuál es nuestra actitud frente a las palabras de Jesús?

No hay comentarios:

Publicar un comentario