San Marcos 9, 30-37:
El Evangelio de hoy nos presenta un segundo anuncio de la Pasión
por parte de Jesús a sus discípulos. El camino hacia Jerusalén nos muestra dos
actitudes: la primera es de una plena conciencia de Jesús frente a la misión
que le encomendó su Padre y su destino en Jerusalén y la segunda es de confusión
por parte de los Doce, ya que mientras el Maestro prosigue educando a los suyos
en la actitud adecuada que deben mantener frente a la Pasión, su mensaje parece
caer en saco roto, porque sus discípulos comienzan a discutir sobre quién debe
ocupar el primer lugar entre ellos.
Jesús sabe muy bien lo que significa ir a Jerusalén. Se prepara
a sí mismo y también quiere preparar a los suyos. Por esta razón les anuncia
tres veces lo que sucederá en Jerusalén: padecerá la Pasión y Muerte, pero
también experimentará la Resurrección. Este anuncio es pascual, es decir, cargado
de fe y esperanza; Jesús expresa con esas palabras el deseo de realizar la
entrega de su vida como expresión de amor, de entrega total, no es un anuncio meramente
informativo o pesimista, sino que es una catequesis formativa para los discípulos,
puesto que. Jesús pretende educarlos para que comprendan la vida de su Maestro como
un misterio pascual de entrega total.
Sin embargo, cada vez que Jesús anuncia el misterio pascual sus discípulos
se encuentran distraídos por otros temas, ya que aún no tienen una conciencia
clara acerca de la misión que trae consigo el Mesías. Llama la atención que los
discípulos no pidan aclaraciones al Maestro, porque están encerrados en sus
propios intereses, pues ven la venida del Mesías al mundo como una oportunidad
para obtener privilegios y unas condiciones de supremacía sobre los demás, tal
como ocurría con los reinos e imperios de la época, en tanto que Jesús presenta
su vida como un ser entregado en manos de los seres humanos.
Jesús, por otra parte, con una bondad y una comprensión propias
del Maestro, sigue preparándolos, indicándoles el camino adecuado que deben
seguir, el del servicio humilde y desinteresado. Por consiguiente, interiorizando
y asumiendo esta actitud es como nos preparamos para comprender la Pasión del
Señor y sus consecuencias.
Con el fin de hacer más significativa su enseñanza, Jesús acompaña
sus palabras con un gesto: Pone a un niño en el centro y le abraza tiernamente.
Este hecho constituye un primer mensaje de la atención dirigida al niño que por
lo general carecía de valor en la sociedad de aquel tiempo. Al identificarse con
un niño, Jesús da valor a una realidad que a los ojos del mundo parecía de
escaso o ningún valor, ya que a través del servicio y acogida a los demás
encontramos el modo correcto para ir a Jerusalén y seguir a Jesús en su Misterio
Pascual.
Lo anterior debe conducirnos a reflexionar sobre dos puntos
importantes en nuestra relación con el Señor: Por una parte, ¿cuál es la
pedagogía que utiliza Jesús con nosotros? ¿Él cómo nos enseña su Palabra? Y por
otra, ¿realmente escuchamos la voz de Dios? ¿Cuál es nuestra actitud frente a
las palabras de Jesús?
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