Segundo Domingo de Pascua o
de la Divina Misericordia. Ciclo C
¿Cómo practico la misericordia hacia mis hermanos?
Evangelio: Juan 20, 19-31.
En
la fiesta de la Divina Misericordia, el Evangelio de hoy nos presenta la
aparición de Jesús resucitado a los discípulos. A pesar del miedo que ellos
sentían a los judíos, Jesús se presenta en medio de ellos, los anima y los
convierte en misioneros. Por ello, vale la pena reflexionar sobre varios
elementos que ofrece este texto.
En
primer lugar, el texto nos dice que las puertas del lugar en donde se
encontraban los discípulos estaban trancadas. Vale la pena aclarar que las
puertas se trancan desde dentro, es decir, fue por voluntad propia que los
discípulos cerraron las puertas y, con ellas, también lo estaban sus corazones,
pues el miedo había puesto una barrera
que no les permitía ver a Dios.
En
segundo lugar, Jesús se colocó en medio de ellos, lo que quiere decir que Él se
hizo cercano, los acompañó y no marcó diferencias con ellos. Además, les regaló
su paz. Lo mismo hace el Señor con nosotros, sobre todo cuando atravesamos
situaciones difíciles, pues de diversas maneras nos manifiesta que Él está con
nosotros e incluso, sin entenderlo, sentimos una profunda paz.
En
tercer lugar, luego de repetir el regalo de la paz, Jesús los envía, de igual
modo que Él ha sido enviado por su Padre del Cielo. Cuando una persona tiene
una profunda experiencia espiritual de Dios, en la cual se siente renovada,
amada y perdonada, se sentirá impulsada a anunciar aquella experiencia. Sin
embargo, la experiencia de Dios se vive en comunidad, en Iglesia y no como si
fuese una isla.
Por
último, la tarea que el Señor nos propone con esta bella narración del
Evangelio es reconocer su acción bondadosa en nuestras vidas y poner en
práctica la misericordia que hemos recibido de Dios, pues la acción del Señor
Resucitado no se queda en palabras, sino que se pone por obra a favor de
quienes nos rodean: ¿Cómo practico la misericordia hacia mis hermanos?
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